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Newton vs Einstein: dos formas de olvidarse del mundo

Newton olvidaba comer. Einstein olvidaba su dirección. Dos genios que se perdían dentro de sus propias cabezas. Dos formas del mismo patrón.

tdahfamosos

Hay dos tipos de personas que se olvidan del mundo cuando algo les engancha.

Los que se olvidan de todo lo demás porque han entrado en modo volcán. Y los que se olvidan de todo lo demás porque van flotando por ahí sin ancla.

Isaac Newton era el primero.

Albert Einstein era el segundo.

Los dos acababan en el mismo sitio: completamente desconectados de la realidad cotidiana, incapaces de funcionar como el resto de la gente, y produciendo cosas que el resto de la gente no podía ni imaginar.

Vamos a verlo.

¿Por qué Newton olvidaba comer?

No es una metáfora.

Newton literalmente se olvidaba de comer cuando estaba trabajando en algo que le había enganchado. Sus colegas en Trinity College, Cambridge, contaban que a veces le encontraban con el plato intacto sobre la mesa horas después de que se lo hubieran dejado. No es que no tuviera hambre. Es que no había procesado que el plato existía.

También olvidaba dormir. Olvidaba las reuniones. Olvidaba las visitas. Hay registros de que recibía a gente en su habitación, salía a buscar algo, y volvía a su escritorio directamente sin acordarse de que tenía visita esperándole.

Este hombre estuvo encerrado en Woolsthorpe durante 18 meses entre 1665 y 1666, cuando Cambridge cerró por la peste bubónica. En esos 18 meses desarrolló el cálculo diferencial, formuló la ley de la gravitación universal, y estableció las bases de la óptica moderna.

Dieciocho meses. Tres de las ideas más importantes de la historia de la ciencia.

No es productividad. Es hiperfoco al máximo nivel.

Cuando algo entraba en la cabeza de Newton, el mundo externo dejaba de existir hasta que su cerebro obtenía lo que necesitaba. La comida, el sueño, la gente, los compromisos sociales, todo quedaba en segundo plano. No como elección consciente. Como funcionamiento por defecto.

Si quieres entender el patrón con más detalle, hay bastante evidencia de que Newton tenía TDAH. El hiperfoco extremo, la dificultad para gestionar las relaciones sociales, los cambios de humor repentinos. No es un diagnóstico retroactivo aleatorio. Es un patrón que se repite demasiado para ignorarlo.

¿Por qué Einstein olvidaba su propia dirección?

Aquí el mecanismo es diferente.

Einstein no se olvidaba del mundo porque hubiera entrado en modo volcán. Se olvidaba del mundo porque su cerebro iba siempre en otra dirección.

En Princeton, donde vivió sus últimos años, era habitual que llamara a la secretaría de la universidad para preguntar su propia dirección. No porque tuviera pérdidas de memoria. Porque había salido a dar un paseo y se había puesto a pensar en algo, y para cuando quería volver a casa no tenía ni idea de dónde era casa.

Sus profesores en el instituto en Múnich lo describían como un alumno errático. Brillante en las materias que le interesaban, completamente ausente en las que no. Sus notas eran un desastre en las asignaturas que no conectaban con su cabeza, y excepcionales en las que sí. El mito de que Einstein era mal estudiante tiene más matiz que eso, pero el patrón de dispersión selectiva es real.

Lo que pasaba con Einstein es que cuando algo le enganchaba, no era como Newton, que cerraba la puerta y se metía dentro. Era más como si empezara a flotar. A caminar. A hablar solo. A ir de una idea a otra idea a otra idea hasta que de repente todas encajaban.

Él mismo describía su proceso de pensar en imágenes, no en palabras. Imaginaba experimentos mentales. Se metía dentro de los problemas físicamente, visualizando qué pasaría si viajara a la velocidad de la luz junto a un rayo de luz. Eso no es pensamiento lineal. Eso es un cerebro que no sigue el camino marcado porque el camino marcado le resulta aburrido.

La relación entre su forma de procesar y el TDAH

¿Qué diferencia al volcán del errante?

Newton y Einstein compartían algo fundamental: ambos se perdían dentro de sus propias cabezas cuando algo les enganchaba.

Pero la forma de perderse era distinta.

Newton cerraba. Se aislaba. Se metía en un problema y no salía hasta haber terminado. Podía estar horas, días, semanas trabajando en la misma dirección con una intensidad que desde fuera parecía obsesión patológica. Y lo era, en cierta medida. Pero esa obsesión producía el cálculo diferencial.

Era explosivo también. Tenía peleas memorables con Leibniz por la autoría del cálculo. Con Hooke. Con Flamsteed. No era un tipo fácil. Cuando algo le molestaba, lo decía. Cuando alguien le robaba ideas, reaccionaba con una contundencia que a sus contemporáneos les parecía excesiva.

Volcánico. Intenso. Cerrado hacia dentro y explosivo hacia fuera.

Einstein era más errático. Cambiaba de dirección. Abandonaba líneas de investigación durante años y las retomaba después. Tenía una capacidad enorme para conectar ideas que parecían no relacionadas porque su cerebro saltaba de un sitio a otro sin seguir el camino lógico esperado. En vez de cavar más profundo en el mismo punto, exploraba el territorio saltando de lugar en lugar hasta encontrar la conexión inesperada.

Más flotante. Más disperso en la forma, más intuitivo en el resultado.

Dos estilos. El mismo resultado: desconexión del mundo cotidiano cuando el cerebro encontraba algo que le importaba de verdad.

¿Qué tenían en común cuando algo les enganchaba de verdad?

Que el tiempo desaparecía.

Newton podía estar trabajando y no saber si habían pasado tres horas o tres días. Einstein podía salir a dar un paseo de diez minutos y aparecer dos horas después completamente ajeno al mundo exterior.

Que el cuerpo dejaba de importar.

Newton olvidaba comer, olvidaba dormir, olvidaba a la gente que tenía enfrente. Einstein olvidaba su dirección, olvidaba a veces dónde había dejado las cosas, olvidaba compromisos sociales que para cualquier otra persona hubieran sido obligaciones básicas.

Que la intensidad no tenía interruptor.

No podían decidir parar de pensar en algo. La idea seguía ahí. Seguía procesándose. Seguía reclamando atención aunque ellos intentaran hacer otra cosa.

Eso tiene un nombre. No en 1600, no en 1900. Pero hoy lo tiene.

¿Y qué significa esto para ti?

No te estoy diciendo que si tienes TDAH vas a reformular la física o inventar el cálculo diferencial.

Te estoy diciendo que ese momento en el que llevas cuatro horas metido en algo sin ver el tiempo pasar, que olvidaste comer porque estabas a tope con un proyecto, que tu cerebro no para aunque tú quieras que pare... eso no es un fallo del sistema.

Es el mismo mecanismo.

Descontrolado, sí. Sin estructura, probablemente. Aplicado a cosas que no siempre valen la pena, también.

Pero el mecanismo es el mismo que usaron Newton y Einstein para hacer lo que hicieron.

La diferencia entre ellos y la mayoría de la gente no era que no se dispersaran. Es que encontraron algo suficientemente grande para que la dispersión se convirtiera en hiperfoco. Y el hiperfoco en resultados que cambiaron el mundo.

El problema no es cómo funciona tu cabeza.

Es entender cómo funciona para poder dirigirla.

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