¿Tenía Alejandro Magno TDAH? Conquistar medio mundo antes de los 30
Alejandro Magno conquistó un imperio gigantesco antes de morir a los 32. ¿Impulsividad extrema, búsqueda de estímulos y energía desbordante? Investigamos.
Conquistó desde Grecia hasta la India. Fundó más de veinte ciudades que llevan su nombre. Y murió a los 32 años sin haber parado un solo día.
Si Alejandro Magno viviera hoy, habría que ver qué pasaba en la primera reunión con su terapeuta.
No voy a decirte que Alejandro tenía TDAH. Nadie lo puede saber. Pero sí hay patrones en su vida que, si los ves en alguien hoy, hacen saltar todas las alarmas. Y vale la pena mirarlos de cerca, porque este tío es uno de los casos más fascinantes de la historia.
¿Por qué hablamos de Alejandro Magno y TDAH?
Cuando estudiamos figuras históricas a través del prisma del TDAH, lo que hacemos no es diagnosticar a muertos. Es identificar patrones de comportamiento que coinciden con lo que hoy llamamos TDAH, y preguntarnos qué nos dice eso sobre cómo funciona ese tipo de cerebro.
Con Alejandro, los patrones son tan marcados que sería deshonesto ignorarlos.
Nació en el año 356 a.C. en Macedonia. Fue alumno de Aristóteles. Subió al trono con veinte años. Y en los doce años siguientes creó el mayor imperio que el mundo antiguo había visto. No porque tuviera un plan de diez años bien ejecutado, sino porque literalmente no podía parar.
Eso es lo que hace interesante el caso.
¿Qué evidencias hablan a favor del TDAH?
Vamos con lo que sabemos de Alejandro y tiene resonancias claras con el TDAH.
Impulsividad extrema. Hay decenas de ejemplos. Mató a su mejor amigo Clito en un arranque de ira durante una cena. Se lanzó a batallas donde sus generales le rogaban que esperara. Tomó decisiones militares en caliente que, por pura suerte o por su talento táctico, salieron bien. Pero la lógica fría no era su fuerte.
Incapacidad de parar. Aquí está la clave. Cada vez que conquistaba un territorio, en vez de consolidarlo y administrarlo, ya estaba mirando qué había más allá. Sus tropas llegaron a amotinarse porque no querían seguir avanzando. Alejandro no entendía por qué alguien querría parar. Para él, parar era morir.
Esto es exactamente lo que muchas personas con TDAH describen: una sensación interna de que tienen que estar en movimiento, que el descanso se siente como vacío, que la siguiente cosa siempre parece más urgente y necesaria que consolidar lo que ya tienen.
Búsqueda constante de estímulos. Alejandro no solo hacía la guerra. Bebía en exceso, organizaba fiestas que duraban días, competía en atletismo, cazaba leones, estudiaba filosofía. Necesitaba que el volumen estuviera siempre al máximo. Cualquier cosa por debajo de "extraordinario" le parecía aburrida.
Energía desbordante y poco sueño. Las fuentes históricas describen a alguien que dormía poco, se recuperaba rápido de heridas que habrían tumbado a otros durante semanas, y mantenía una energía que agotaba a los que le rodeaban.
Problemas con la autoridad desde joven. Con su padre Filipo II había tensión constante. Alejandro no toleraba bien que le dijeran lo que tenía que hacer. Incluso cuando aprendió de Aristóteles, había una dinámica de alumno que cuestiona al maestro, no de seguidor obediente.
¿Te suena todo esto? Si conoces a alguien con TDAH, o si lo tienes tú, probablemente sí.
¿Qué evidencias van en contra?
La investigación honesta no puede ignorar el otro lado.
Fue capaz de planificación estratégica sostenida. El TDAH a menudo hace muy difícil mantener el foco en proyectos largos y complejos. Pero Alejandro planificó campañas militares de años, coordinó ejércitos enormes, gestionó logística en terrenos imposibles. Esto requiere una función ejecutiva considerable.
Una posible respuesta es que las batallas eran exactamente el tipo de estímulo que un cerebro con TDAH puede hiperfocalizar. No es contradictorio: muchas personas con TDAH rinden de forma brillante cuando la tarea les apasiona y les genera adrenalina. Y pocas cosas generan más adrenalina que una batalla campal.
Fue discípulo aplicado de Aristóteles. Los relatos dicen que estudió con concentración real. Que amaba la Ilíada. Que leía filosofía. Eso no encaja bien con el estereotipo del TDAH que no puede concentrarse en nada. Pero de nuevo, el estímulo correcto importa mucho.
El contexto histórico lo distorsiona todo. Alejandro vivía en una cultura donde la impulsividad en un guerrero era virtud, no defecto. Donde matar a alguien en un momento de ira en un banquete tenía consecuencias, pero no las mismas que hoy. Es imposible separar lo que era su carácter de lo que era su tiempo.
No tenemos acceso real a su vida interna. Todo lo que sabemos viene de fuentes escritas décadas o siglos después de su muerte, muchas con agenda política. El Alejandro que conocemos es ya una construcción.
¿Qué tienen en común Alejandro y otros líderes históricos con este perfil?
Lo interesante no es el diagnóstico. Es el patrón.
Cuando miras a líderes con TDAH a lo largo de la historia, aparece un perfil recurrente: personas con energía desproporcionada, baja tolerancia al aburrimiento, tendencia a la acción compulsiva, y una capacidad de arrastre sobre los demás que resulta difícil de explicar racionalmente.
Alejandro tenía eso. Sus soldados le seguían a sitios donde no quería ir ningún hombre cuerdo. No por miedo solamente. Por algo que emanaba de él.
La impulsividad de JFK tiene ecos parecidos, aunque en un contexto completamente distinto. La diferencia es que JFK operaba en un sistema de frenos y contrapesos que Alejandro jamás tuvo. Lo que en un presidente moderno es "tomar riesgos calculados", en Alejandro era "cruzar el río en plena batalla porque sí".
Y los exploradores con TDAH que empujaron las fronteras del mundo conocido también comparten esta incapacidad de quedarse quietos, esta necesidad visceral de que siempre haya un "más allá" al que llegar.
¿Qué le habría pasado a Alejandro hoy?
Esta es la pregunta que más me divierte hacer.
Con el cerebro que tenía, en el siglo XXI, Alejandro Magno habría tenido un diagnóstico muy probable antes de los diez años. Habría pasado por varios colegios. Habría tenido problemas con más de un profesor que no sabía qué hacer con él.
Y luego, con las herramientas adecuadas y el entorno correcto, habría hecho algo completamente desmesurado de todas formas. Porque ese tipo de energía no desaparece con un diagnóstico.
Lo que cambia con el diagnóstico es que tienes un mapa. Sabes por qué tu cerebro hace lo que hace. Puedes elegir cuándo usar ese modo de alta energía y cuándo ponerle el freno.
Alejandro nunca tuvo ese mapa. Fue todo potencia y cero control. Y eso es, probablemente, lo que le mató a los 32 en circunstancias que todavía debatimos.
Conclusión: ¿TDAH o simplemente un hombre extraordinario?
La respuesta honesta es: no lo sabemos, y probablemente no lo sabremos nunca.
Lo que sí podemos decir es que el perfil de Alejandro Magno tiene una resonancia muy potente con lo que hoy describe el TDAH. La impulsividad, la hiperfocalización en lo que le apasionaba, la incapacidad de parar, la búsqueda compulsiva de estímulos, los problemas para gestionar relaciones cercanas.
¿Fue TDAH? Especulado. ¿Fue algo que le impulsó a hacer cosas que nadie más hizo? Con toda probabilidad, sí.
Y aquí está la pregunta que me parece más interesante: si ese cerebro hiperactivo e impulsivo es el mismo tipo de cerebro que hace que alguien conquiste medio mundo, ¿por qué seguimos tratándolo solo como un problema?
Si reconoces en ti mismo algunos de estos patrones, quizás vale la pena entender mejor cómo funciona tu cerebro. El test de TDAH para adultos no te va a convertir en Alejandro Magno, pero sí puede darte ese mapa que él nunca tuvo.
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