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Lo que Oprah Winfrey nos enseña sobre resiliencia y TDAH

Oprah Winfrey tuvo una infancia traumática, una energía inagotable y una resiliencia que desafía la lógica. Su cerebro tiene rasgos que resultan familiares.

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Oprah Winfrey nació en una familia sin dinero, en un pueblo de Mississippi que no aparece en ningún mapa que importe, y fue criada por su abuela en una casa sin agua corriente.

A los nueve años sufrió abusos. A los catorce se quedó embarazada. El bebé murió. Y tenía catorce años.

Hoy es una de las personas más influyentes del planeta. Tiene una red de medios, una universidad, una revista, una cadena de televisión, y un patrimonio estimado en más de dos mil millones de dólares. Ha entrevistado a todo el mundo desde presidentes hasta el Dalái Lama.

¿Cómo se pasa de eso a esto?

¿Puede la resiliencia extrema tener una explicación neurológica?

Oprah no tiene un diagnóstico público de TDAH. Lo que tiene es un patrón de comportamiento que, si sabes lo que estás mirando, resulta muy familiar.

Energía que no se agota. Capacidad de lanzar cinco proyectos al mismo tiempo y sacar los cinco adelante. Una compulsión por explorar ideas nuevas que la gente de su entorno describía como inagotable. Impulsividad en las decisiones que a veces la metió en líos y a veces la hizo pasar por encima de obstáculos que habrían detenido a cualquiera.

Y una resiliencia que no se explica solo con "fuerza de voluntad".

La resiliencia extrema tiene una cara que no se suele contar. No es solo aguantar el golpe y seguir. Es que el cerebro, literalmente, no se queda atascado en el dolor con la misma intensidad que otros cerebros. El procesamiento emocional es distinto. La capacidad de pasar página, aunque cueste, tiene una velocidad diferente.

Eso, en un contexto traumático desde la infancia, puede parecer una anomalía. Puede parecer que algo no funciona bien. O puede ser exactamente lo que te mantiene en pie cuando todo lo demás se cae.

La niña que hablaba cuando no tocaba

Hay una imagen de la infancia de Oprah que me parece clave.

De pequeña, en la iglesia, se ponía a recitar versículos de la Biblia delante de todos sin que nadie se lo pidiera. Los adultos la llamaban "la chica que habla". No era un cumplido. Era una forma de decir que no sabía estarse quieta, que siempre quería más atención de la que le tocaba, que se metía donde no la llamaban.

Eso, en 1960, en una familia sin recursos, en el sur de Estados Unidos, era un problema.

Ese mismo rasgo, veinte años después, en un plató de televisión, era exactamente la herramienta que necesitaba.

La impulsividad verbal. La necesidad de conectar. La incapacidad de quedarse en un papel secundario cuando hay algo que decir. Lo que en un contexto la hacía "problemática", en otro contexto la hacía única.

Whoopi Goldberg tiene una historia parecida

Lo que nadie llama hiperfocus porque no tiene ese nombre

Cuando Oprah empezó en la radio, tenía diecinueve años y trabajaba en una emisora pequeña de Nashville. No tardó en destacar.

No porque siguiera el guión. Sino porque no podía seguirlo.

Se salía del formato. Interrumpía. Preguntaba cosas que no estaban en la lista. Se involucraba emocionalmente con los entrevistados de una manera que sus compañeros no entendían del todo. Los productores se ponían nerviosos. Las audiencias se enganchaban.

Eso es hiperfocus aplicado a personas.

Cuando alguien con TDAH entra en modo hiperfocus con su tema, da igual que sea diseño de cohetes, videojuegos o entrevistar a desconocidos. La atención se vuelve total, absorbente, y desde fuera parece casi sobrehumana. Oprah no estaba entrevistando personas. Las habitaba. Y eso es difícil de fingir y difícil de enseñar.

Puedes leer sobre emprendedores con TDAH que funcionan así y verás el mismo patrón: hiperfocus en lo que les mueve, incapacidad total de concentrarse en lo que no les importa.

El despido que fue un regalo

A los veintidós años, la echaron de su trabajo como reportera de informativos en Baltimore.

El director dijo que se implicaba demasiado emocionalmente con las noticias. Que lloraba en cámara. Que no tenía la objetividad que requería el periodismo serio.

Tenía razón en los hechos. Se equivocaba en el diagnóstico.

Oprah no era mala periodista porque se emocionaba. Era perfecta para otro formato que todavía no existía como lo conocemos ahora. La movieron a un programa de entrevistas de madrugada casi como castigo, convencidos de que ahí no haría daño.

En tres semanas era el programa más visto de Baltimore.

La impulsividad emocional que la sacaba del periodismo convencional era exactamente la razón por la que la gente conectaba con ella. No podía no ser auténtica. Su cerebro no tiene ese interruptor de "apagar emoción por protocolo". Lo que muchos experimentarían como una limitación profesional, ella lo convirtió en su diferencial más potente.

Walt Disney

¿Qué pasa cuando el trauma y el TDAH se mezclan?

Esto es lo más complicado de hablar y también lo más importante.

El TDAH y el trauma no son lo mismo. Pero a veces conviven. Y cuando lo hacen, se mezclan de formas que hacen muy difícil saber dónde empieza uno y dónde acaba el otro.

Oprah creció en condiciones que habrían justificado quedarse rota. No se quedó rota. O, si lo estuvo, siguió funcionando de una manera que no encaja con el patrón habitual.

Una hipótesis es que ciertos rasgos del TDAH, la tendencia a buscar estimulación nueva, la dificultad para quedarse enganchado en un estado emocional concreto durante mucho tiempo, la orientación hacia el futuro más que hacia el pasado, actúan como mecanismo de supervivencia en contextos de adversidad extrema.

No es que el TDAH sea "una ventaja". Es más sutil que eso.

Es que algunos de sus rasgos, en ciertos contextos, generan respuestas adaptativas que otros cerebros no producen con la misma intensidad. Y a veces eso es lo que te salva.

Lo que puedes llevarte de Oprah si tu cerebro funciona diferente

Oprah no es un ejemplo de superación porque sí.

Es un ejemplo de algo más concreto y más útil.

Su cerebro no encajaba en el periodismo convencional. Encajaba perfectamente en un formato que le permitía ser exactamente como era: impulsiva emocionalmente, hiperactiva mentalmente, incapaz de mantenerse en un papel secundario cuando había conexión real que construir.

Lo que en un contexto se llama "demasiad" o "muy poco controlada" o "poco objetiva", en otro contexto es el motivo exacto por el que la gente la sigue desde hace cuarenta años.

La pregunta no es si tienes suficiente control. La pregunta es si estás en el contexto que aprovecha lo que eres.

Porque si llevas años intentando ser más tranquilo, más lineal, más como los demás en un entorno que no está diseñado para ti, puede que el problema no sea tu energía. Puede que sea dónde la estás poniendo.

Si alguna vez has sentido que tu cabeza va a otra velocidad que la de los demás y no sabes si eso tiene nombre, he construido un test basado en escalas clínicas reales. Son 43 preguntas y en 10 minutos te da más contexto del que probablemente hayas tenido hasta ahora.

Hacer el test de TDAH

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