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Cerebros que asustan: cuando el TDAH parece otra cosa

La historia está llena de genios llamados locos o vagos. Muchos simplemente tenían un cerebro diferente. Desmontamos el mito del genio perturbado.

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La historia está llena de genios que fueron llamados locos, vagos o peligrosos. Y muchos de ellos simplemente tenían un cerebro que funcionaba diferente.

Lo que hoy llamamos TDAH, durante siglos se llamó "problema de carácter", "falta de disciplina" o directamente "está mal de la cabeza". Y no hablamos de gente cualquiera. Hablamos de cerebros que cambiaron el mundo. Pero que tuvieron que sobrevivir a un mundo que no los entendía antes de poder cambiarlo.

Hoy desmontamos el mito del "genio perturbado". Porque no eran perturbados. Eran diferentes.

¿Cuántos genios hemos perdido por confundir TDAH con locura?

Esa es la pregunta que de verdad importa. Y da miedo hacerla.

Porque cuando piensas en cuántas personas brillantes a lo largo de la historia fueron encerradas, medicadas con barbaridades, marginadas o simplemente ignoradas porque su cerebro no encajaba en lo que se consideraba "normal", el número es incalculable.

Piensa en el inventor que no podía quedarse sentado en clase y lo expulsaron. En la escritora que entregaba los textos fuera de plazo porque se perdía en mil ideas antes de terminar una. En el científico que cambiaba de proyecto cada semana y al que sus colegas llamaban "disperso" como insulto.

¿Cuántos de esos cerebros habrían cambiado las cosas si alguien hubiera dicho "oye, no es que sea vago, es que su cabeza funciona de otra manera"?

No lo sabremos nunca. Y eso es lo que más duele.

El genio loco no estaba loco

Hay un patrón que se repite en las biografías de muchas mentes brillantes de la historia: energía inagotable en lo que les interesaba, incapacidad absoluta para lo que no. Cambios de humor. Impulsividad. Ideas que llegaban a las tres de la mañana y desaparecían a las cinco. Proyectos empezados y abandonados. Conflictos con la autoridad. Dificultad para seguir normas que no tenían sentido para ellos.

¿Te suena?

A cualquiera que conozca el TDAH, eso le suena a martes.

Pero durante siglos, esos rasgos no se entendían como neurodivergencia. Se entendían como defectos morales. O como locura. O como rebeldía deliberada. Y la respuesta de la sociedad era predecible: castigo, exclusión, diagnósticos psiquiátricos que hoy nos pondrían los pelos de punta.

Pongamos ejemplos. Nikola Tesla: obsesión extrema por sus proyectos, incapacidad para gestionar el dinero, rutinas extrañas, conflictos constantes con todo el establishment científico de su época. Edison lo estafó (eso es históricamente verificable). Pero lo que casi nadie cuenta es que Tesla vivía en un estado de hiperfoco permanente. Dormía dos horas. Visualizaba máquinas enteras en su cabeza antes de construirlas. Y el mundo lo llamó "excéntrico" en los buenos días y "loco" en los malos.

¿Era un loco? ¿O era un cerebro que procesaba la realidad a otra velocidad y que nadie supo interpretar?

Cuando "diferente" se convierte en "peligroso"

Lo peor no es que los llamaran locos. Lo peor es que a muchos los trataran como si lo fueran.

Porque la frontera entre "este tío es raro" y "este tío es un peligro" ha sido históricamente muy fina. Y los cerebros que funcionan diferente han estado siempre en esa frontera.

El niño que no para quieto en 1850 no recibe una evaluación neuropsicológica. Recibe un castigo físico. La mujer que tiene cambios emocionales intensos en 1920 no recibe un diagnóstico de desregulación emocional. Recibe un diagnóstico de histeria. El adulto que no puede mantener un trabajo estable en 1960 no es alguien con dificultades ejecutivas. Es un vago.

Y así, generación tras generación, cerebros que simplemente funcionaban de otra manera fueron aplastados por un sistema que solo tenía una definición de "normal".

El TDAH no existía como concepto

La trampa del genio que "triunfó a pesar de todo"

Ahora viene la parte incómoda.

Porque cuando hablamos de cerebros históricos que probablemente tenían TDAH, hay una tentación enorme de convertirlos en historias motivacionales. "Mira, Tesla tenía TDAH y cambió el mundo. Tú también puedes."

No.

Eso es idealizar a famosos con TDAH, y es una trampa.

Tesla murió solo, arruinado, en una habitación de hotel. Van Gogh se cortó una oreja y se pegó un tiro. Emily Dickinson vivió encerrada en su casa toda su vida. Que crearan cosas extraordinarias no significa que la experiencia de tener un cerebro diferente fuera agradable. Para la mayoría, fue un infierno.

La pregunta no es "¿cuántos genios tenían TDAH?". La pregunta es "¿cuántos genios habrían vivido mejor si alguien hubiera entendido cómo funcionaba su cerebro?". Y detrás de esa pregunta hay otra más importante: ¿cuántos cerebros brillantes no llegaron a crear nada porque el sistema los destruyó antes?

No todo cerebro diferente tenía TDAH

Y esto también hay que decirlo.

Porque existe una tendencia a mirar hacia atrás y diagnosticar retroactivamente a todo el mundo. "Einstein tenía TDAH. Mozart tenía TDAH. Da Vinci tenía TDAH." Puede que sí. Puede que no. Hay famosos que claramente no tenían TDAH aunque internet se empeñe en diagnosticarlos.

La honestidad intelectual importa. No podemos diagnosticar a alguien que murió hace doscientos años. Lo que sí podemos hacer es observar patrones de comportamiento documentados y decir: "oye, esto se parece mucho a lo que hoy sabemos sobre el TDAH".

Y eso es diferente de afirmar con certeza.

Porque si convertimos el TDAH en una etiqueta que pegamos a cualquier personaje histórico que nos parezca interesante, le quitamos seriedad. Y el TDAH es serio. Para los que lo tienen hoy. Para los que intentan que los tomen en serio. Para los que luchan por un diagnóstico.

Lo que de verdad importa de todo esto

No importa si Tesla tenía TDAH diagnosticable con los criterios actuales. No importa si Van Gogh habría encajado en el DSM-5.

Lo que importa es que durante siglos, cerebros que funcionaban diferente fueron castigados por funcionar diferente. Y que hoy, con todo lo que sabemos, seguimos teniendo problemas para entenderlo.

Porque el chaval que no puede estarse quieto en clase sigue siendo "el problemático". La adulta que cambia de trabajo cada año sigue siendo "inestable". El emprendedor que tiene cuarenta ideas por minuto sigue siendo "disperso".

Y no son problemáticos, ni inestables, ni dispersos. Son cerebros que funcionan de otra manera. Como los de muchos genios que la historia llamó locos antes de llamarlos genios.

La diferencia es que hoy tenemos nombre para eso. Tenemos investigación. Tenemos herramientas.

La pregunta es si vamos a usarlas. O si vamos a seguir perdiendo cerebros brillantes por confundir diferente con defectuoso.

Si alguna vez has sentido que tu cabeza funciona de una forma que el mundo no termina de entender, quizá no sea un problema. Quizá sea un cerebro que necesita su propio manual de instrucciones.

Hacer el test de TDAH

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