Mujeres con TDAH que cambiaron la historia
Simone Biles, Whoopi Goldberg, Marie Curie, Hedy Lamarr, Amelia Earhart. Mujeres con cerebros que no encajaban y logros que cambiaron el mundo.
Hay un patrón en la historia que nadie te enseña en el colegio.
Mujer brillante. Cerebro que no encaja en los moldes de su época. Sistema que no sabe qué hacer con ella. Y a pesar de todo eso, o tal vez precisamente por eso, un legado que sigue aquí décadas o siglos después.
No es coincidencia.
El TDAH en mujeres se diagnostica menos. Se diagnostica más tarde. Y durante siglos, directamente no se diagnosticaba en absoluto porque ni siquiera existía el concepto. Lo que existían eran etiquetas. "Rara". "Difícil". "Demasiado intensa". "No encaja".
Estas mujeres llevaron esas etiquetas puestas. Y con ellas, cambiaron el mundo.
¿Por qué el TDAH femenino es el gran invisible de la historia?
Porque los criterios de diagnóstico se desarrollaron observando a niños varones.
Los síntomas que todo el mundo reconoce del TDAH, el que se mueve sin parar, el que interrumpe, el que no puede estar sentado diez minutos, ese perfil históricamente era masculino. Las niñas con TDAH suelen ser más inatentivas, más internalizadoras, más capaces de enmascarar lo que les pasa delante de los demás.
Resultado: crecen con la sensación de que algo falla, sin saber qué. Se esfuerzan el doble para parecer normales. Y cuando consiguen algo extraordinario, la sociedad lo atribuye al genio, a la excentricidad, a "esa manera de ser tan especial que tenía".
No a un cerebro con TDAH que encontró el camino a pesar de todo.
Vamos con ellas.
¿Qué tienen en común Simone Biles y una película de acción?
Simone Biles tiene cuatro nombres en el libro de los récords de gimnasia artística. Cuatro elementos lleva su apellido. Cuatro movimientos tan difíciles que el reglamento los lleva marcados como suyos.
También tiene TDAH.
Lo supo cuando sus registros médicos privados se filtraron en 2016. Un hackeo. Sin su permiso. La respuesta que dio entonces es una de las más elegantes que he leído de alguien en esa situación:
"Tener TDAH no es nada de lo que avergonzarse."
Y no lo dejó ahí. Explicó que tomaba medicación, que estaba bajo control médico, que no había nada oculto ni turbio. Sin defensiva. Sin drama. Con la misma precisión con la que ejecuta un triple doble a dos metros del suelo.
El TDAH en atletas de élite tiene esa dinámica peculiar: el entrenamiento físico intensivo es uno de los mejores reguladores del sistema nervioso que existen. El deporte de alto rendimiento necesita hiperfocalización, tolerancia al aburrimiento de los entrenamientos repetitivos cuando hay un objetivo que importa de verdad, y capacidad para meterse en un estado de flujo en el que el mundo exterior desaparece.
Biles tiene todo eso. Y lo lleva a un nivel que, literalmente, nadie más en la historia ha alcanzado.
¿Puede alguien ganar dos Nobel y seguir siendo "demasiado intensa"?
Marie Curie ganó el Nobel de Física en 1903. Luego ganó el Nobel de Química en 1911. Sigue siendo la única persona en la historia que ha ganado los dos.
También fue expulsada de su primer instituto en Polonia por ser mujer. Tuvo que estudiar de manera clandestina. Cuando llegó a París, vivía en un piso sin calefacción y estudiaba con abrigo porque no podía pagar la calefacción.
Y cuando presentó su trabajo sobre la radioactividad, parte de la comunidad científica intentó atribuírselo a su marido.
El perfil de Curie encaja con lo que hoy llamaríamos TDAH con hiperfocalización extrema. Sus biógrafos documentan que cuando se metía en un experimento, podía trabajar sin parar durante días. Olvidaba comer. Olvidaba dormir. El mundo exterior simplemente dejaba de existir.
Eso no es disciplina. Eso es un cerebro que, cuando encuentra algo que le importa de verdad, no puede hacer otra cosa.
El coste fue enorme. Llevaba material radioactivo en los bolsillos del abrigo porque "estaba trabajando". Sus cuadernos de laboratorio siguen siendo tan radioactivos que están guardados en cajas de plomo. Para verlos hay que firmar una renuncia de responsabilidad.
Un cerebro que no conoce el límite. En todos los sentidos.
¿Sabías que el WiFi lo inventó una actriz de Hollywood?
Esta es la que más me gusta contar porque casi nadie la conoce.
Hedy Lamarr era considerada "la mujer más bella del mundo" en los años 40. MGM la tenía en cartel. Aparecía en películas junto a los grandes. Era, en la narrativa de la época, básicamente un objeto decorativo de lujo.
Lo que la narrativa de la época no contaba es que Hedy Lamarr tenía una mente técnica fuera de lo normal.
En la Segunda Guerra Mundial, mientras seguía actuando, desarrolló junto al compositor George Antheil un sistema de comunicaciones por espectro ensanchado que hacía imposible interceptar o bloquear las señales de los torpedos estadounidenses. La patente la registraron en 1942.
El ejército americano no la usó. Décadas después, ese mismo principio se convirtió en la base tecnológica del WiFi, del Bluetooth y del GPS.
Hedy Lamarr murió en el año 2000. En 1997 recibió un reconocimiento tardío por su contribución. Ella lo recibió con una frase que dice mucho de cómo vivió su vida:
"Ya era hora."
El perfil cognitivo que describe alguien capaz de ser actriz, inventora, y hacer ambas cosas con obsesión y a la vez, encaja perfectamente con lo que hoy reconocemos como TDAH. La dificultad para quedarse en un solo rol. La necesidad de resolver problemas que nadie más está mirando. La intensidad.
Y el no recibir crédito hasta décadas después. Eso también encaja, aunque por razones distintas.
¿Qué hace alguien que tiene miedo a volar? Exactamente eso
Amelia Earhart tenía miedo a volar.
No al principio. El miedo llegó después de su primer vuelo, cuando la sensación de estar en el aire se convirtió en algo que necesitaba entender, dominar, repetir.
Ese ciclo, el de buscar la experiencia que te asusta precisamente porque te asusta, es bastante reconocible en personas con TDAH. La búsqueda de estímulo. La necesidad de ir al límite para sentir que estás viva.
En 1932 cruzó el Atlántico en solitario. Primera mujer en hacerlo. En 1935 cruzó el Pacífico en solitario. Primera persona en hacerlo. En 1937 intentó dar la vuelta al mundo por el ecuador. Y desapareció sobre el Pacífico.
El misterio de su desaparición lleva décadas generando teorías. Lo que no genera teorías es lo que consiguió antes de eso.
Lo que describían sus contemporáneos de Earhart era su incapacidad para quedarse quieta. Su necesidad de ir siempre al siguiente reto. Su dificultad para funcionar en entornos rutinarios. Y su capacidad para aprender habilidades técnicas complejas de manera acelerada cuando algo le importaba de verdad.
¿Y Frida Kahlo? ¿Y Ada Lovelace?
El patrón se repite.
Frida Kahlo pintaba en la cama. Literalmente. Después del accidente que la dejó inmovilizada durante meses, instalaron un espejo en el techo para que pudiera verse, y empezó a pintar. Lo que parecía la peor circunstancia posible, el confinamiento forzado, se convirtió en el detonante de una carrera artística que redefinió lo que podía hacer el arte.
La intensidad emocional que define su obra no era solo "sensibilidad artística". Era un cerebro que procesaba el mundo a una intensidad que la gente de alrededor no siempre podía seguir. Sus relaciones eran tormentosas. Su vida personal, caótica. Pero cuando se sentaba delante del lienzo, todo esa energía encontraba un canal.
Ada Lovelace es, en muchos sentidos, la más adelantada de todas. En el siglo XIX, cuando las mujeres no tenían acceso a la educación formal en matemáticas, escribió lo que se considera el primer algoritmo de la historia. Para una máquina que no existía todavía.
Su madre, aterrada de que Ada heredara la "locura" de su padre Byron, insistió en educarla en matemáticas y lógica para compensar. El resultado fue una mente capaz de ver patrones donde nadie más los veía, de conectar ideas que para los demás no tenían relación, de imaginar máquinas computacionales en una era donde los ordenadores ni siquiera eran un concepto.
Murió a los 36 años. Sin reconocimiento.
El lenguaje de programación Ada lleva su nombre. Se lo pusieron en 1983. Ciento treinta años después de que ella escribiera ese primer algoritmo.
¿Qué tienen en común todas ellas?
No es solo el talento. Talento hay en muchos sitios.
Es la intensidad. La incapacidad de quedarse a medias. La tendencia a obsesionarse con algo hasta dominarlo completamente. La dificultad para encajar en los sistemas de su época. Y la resistencia, consciente o no, a aceptar que la etiqueta que les habían puesto era la definición correcta.
Ninguna de ellas supo que tenía TDAH. El diagnóstico no existía. O no existía para mujeres. O llegó décadas demasiado tarde.
Lo que sí existía, y existe, es el patrón cognitivo. El cerebro que no encaja. Que aburre rápido. Que cuando encuentra algo que le importa, no puede parar. Que tiene una relación complicada con las normas, con las expectativas, con el "así se hacen las cosas".
Y que a veces, con las circunstancias adecuadas o a pesar de las circunstancias equivocadas, produce algo que el mundo recuerda siglos después.
El TDAH no es la razón de sus logros. Pero tampoco es el obstáculo que tuvieron que superar.
Es parte de cómo funcionaban. Y funcionaba.
Si llevas tiempo con la sensación de que tu cerebro funciona diferente, y todavía no tienes un marco que lo explique bien, empieza por aquí.
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