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"El TDAH no existía antes del siglo XX" y otras mentiras que necesitas dejar de creer

El TDAH no es un invento moderno. Dostoievski, Caravaggio y Genghis Khan ya mostraban los mismos patrones hace siglos. Solo faltaba el nombre.

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"El TDAH es un invento moderno." Lo oyes cada dos por tres. Pero resulta que los mismos patrones aparecen en personajes de hace siglos. Dostoievski apostando todo. Caravaggio peleando en tabernas. Genghis Khan sin poder parar. El TDAH no es nuevo. Solo el nombre.

Y aun así, hay gente que sigue repitiendo la misma cantinela como si fuera un argumento demoledor. "En mi época no había TDAH y todos salimos bien." Claro. Y en tu época tampoco había resonancias magnéticas. Eso no significa que los tumores no existieran.

¿El TDAH es un invento moderno?

Spoiler: no.

Lo que es moderno es ponerle nombre. Que no es lo mismo.

En 1798, un médico escocés llamado Alexander Crichton describió algo que llamó "inquietud mental". Hablaba de personas que no podían mantener la atención de forma sostenida. Que se distraían con cualquier cosa. Que necesitaban estímulos constantes o se desconectaban. Suena familiar, ¿verdad?

En 1902, el pediatra George Still presentó en el Royal College of Physicians una serie de casos de niños con lo que él describió como "un defecto anormal del control moral". Niños impulsivos, incapaces de mantener la atención, que actuaban sin pensar en las consecuencias. Still no usó la palabra TDAH, pero describió exactamente lo que hoy diagnosticamos como TDAH.

Pero la cosa va mucho más atrás. Siglos más atrás.

¿Qué tienen en común un escritor ruso, un pintor italiano y un conquistador mongol?

Dostoievski. Uno de los escritores más importantes de la historia de la humanidad. El tío que escribió Crimen y Castigo, Los Hermanos Karamázov y El Jugador. Obras maestras absolutas. Pero también era un hombre que perdía todo su dinero en casinos de forma compulsiva. Que empezaba proyectos enormes y los dejaba a medias. Que escribía en ráfagas brutales de hiperfoco y luego pasaba semanas sin poder tocar una página. Que vivía al borde del colapso económico porque no podía gestionar sus impulsos.

¿Eso no te suena a nada?

Caravaggio. El genio que revolucionó la pintura con sus luces y sombras. También el mismo tío que se metía en peleas constantes, que mató a un hombre en una discusión por una apuesta de tenis, que huía de ciudad en ciudad, que no podía mantener una relación estable ni con un mecenas que le pagaba las facturas. Su obra era brillante. Su vida era un desastre de impulsividad descontrolada.

¿Tampoco te suena?

Y luego está Genghis Khan. Un tipo que conquistó medio mundo conocido porque literalmente no podía parar. Una energía inagotable. Una necesidad constante de acción, de movimiento, de estímulo. Incapaz de quedarse quieto en un sitio. Todo o nada. O conquistas el mundo o te mueres de aburrimiento.

Tres personas de tres siglos distintos. Tres culturas distintas. Tres vidas completamente diferentes. Y exactamente los mismos patrones. Impulsividad. Hiperfoco. Necesidad de estímulo. Incapacidad para la calma. Ráfagas de genialidad seguidas de caos.

Pero claro, el TDAH es un invento moderno. Lo inventaron las farmacéuticas en los noventa. Ya.

¿Por qué la gente necesita creer que el TDAH no es real?

Porque si es real, entonces hay que hacer algo al respecto.

Si el TDAH es un invento, puedes ignorarlo. Puedes decir "en mi época se solucionaba con disciplina". Puedes mirar al crío que no para quieto y pensar que es maleducado. Puedes mirar al adulto que no consigue organizarse y pensar que es vago.

Es mucho más cómodo.

Pero si el TDAH es real, entonces hay que admitir que millones de personas llevan siglos lidiando con un cerebro que funciona de forma diferente sin que nadie les explique por qué. Hay que admitir que el sistema educativo no está diseñado para ellos. Hay que admitir que la productividad "estándar" no aplica cuando tu cerebro gestiona la atención de otra manera.

Y eso es incómodo. Porque obliga a cambiar cosas.

¿Qué es lo que realmente cambió en el siglo XX?

No cambió el TDAH. Cambió nuestra capacidad de identificarlo.

Es como los dinosaurios. Los huesos llevaban ahí millones de años. Pero hasta que alguien no miró al suelo y dijo "eso no es una piedra rara, es un fémur de bicho gigante", nadie los catalogó.

Con el TDAH pasa lo mismo. La inquietud, la impulsividad, la dificultad de mantener la atención, los cambios emocionales brutales. Todo eso ha existido siempre. Lo que no existía era un marco para entenderlo. Un nombre. Un diagnóstico. Una explicación que no fuera "es vago" o "es maleducado" o "si quisiera, podría".

En 1980 apareció el término ADD en el DSM-III. En 1987 se renombró a ADHD. En 1994 se dividió en tres subtipos. Todo eso es nomenclatura. Es clasificación. Es ciencia haciendo su trabajo: observar un patrón que siempre ha existido y ponerle nombre para poder estudiarlo, entenderlo y tratarlo.

Decir que el TDAH no existía antes del siglo XX es como decir que la gravedad no existía antes de Newton.

La manzana ya caía. Newton solo explicó por qué.

¿Y qué hacemos con esta información?

Dejar de perder el tiempo discutiendo si el TDAH es real y empezar a entender cómo funciona.

Porque mientras alguien debate en un foro si el TDAH es una conspiración de las farmacéuticas, hay un chaval en clase que no puede parar quieto y nadie le explica que su cerebro no está roto. Funciona diferente. Y hay un adulto que lleva treinta años pensando que es vago, desorganizado e irresponsable, cuando lo que tiene es un cerebro que gestiona la dopamina de otra forma.

Dostoievski no sabía que tenía TDAH. Caravaggio no sabía que tenía TDAH. Genghis Khan no sabía que tenía TDAH. Y aun así, los tres mostraron exactamente los mismos patrones que hoy reconocemos en millones de personas.

La diferencia es que hoy sí podemos ponerle nombre. Y cuando le pones nombre a algo, puedes hacer algo con ello.

No es lo mismo pelear contra una sombra que contra algo que puedes ver, entender y gestionar.

Si alguna vez te han dicho que lo tuyo no es real, que el TDAH es un invento o que simplemente tienes que esforzarte más, puede que lo primero sea entender cómo funciona tu cerebro. No desde la opinión. Desde los datos.

Hacer el test de TDAH

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