La trampa de idealizar a los famosos con TDAH
Jobs, Branson, Einstein. Idealizar famosos con TDAH se siente bien, pero puede ser peligroso. Hay una parte que nadie te cuenta.
Jobs, Branson, Einstein.
Cuando lees sobre famosos con TDAH sientes una especie de validación inmediata. Como si alguien te dijera: "Mira, ellos también tenían lo tuyo y conquistaron el mundo. Tú también puedes."
Y es verdad que se siente bien. Es un chute de dopamina gratuito. Lees que Steve Jobs era incapaz de seguir las normas, que Branson dejó el colegio a los dieciséis, que Einstein suspendía lo que le aburría, y piensas: "Somos iguales. Yo también soy así."
Pero ahí está la trampa.
¿Por qué es peligroso idealizar a los famosos con TDAH?
Porque te quedas con la parte bonita y te saltas la parte que duele.
Nadie te cuenta los veinte años de fracasos de Steve Jobs antes de que Apple fuera Apple. Nadie te cuenta que Branson estuvo a punto de ir a la cárcel. Nadie te cuenta que Einstein vivió en la pobreza, con un matrimonio destrozado, trabajando en una oficina de patentes mientras intentaba que alguien le tomara en serio.
Te cuentan el final. El momento de gloria. La portada de revista.
Y tu cerebro hace lo que mejor sabe hacer: conectar puntos que no existen.
"Ellos tenían TDAH y triunfaron. Yo tengo TDAH. Ergo, yo triunfaré."
Eso no es lógica. Es un sesgo. Y tiene nombre: el sesgo del superviviente. Solo ves a los que llegaron arriba. No ves a los millones de personas con TDAH que tuvieron las mismas dificultades pero no tuvieron la misma suerte, los mismos contactos, el mismo contexto o las mismas oportunidades.
La validación que se convierte en excusa
Hay una línea muy fina entre sentirte validado y sentirte justificado.
Sentirte validado es leer que Steve Jobs también funcionaba diferente y pensar: "Vale, no estoy roto. Mi cerebro funciona así y puedo trabajar con ello."
Sentirte justificado es leer lo mismo y pensar: "Si Jobs no necesitó seguir las reglas, yo tampoco. Ya llegaré."
La primera te empuja a actuar. La segunda te da permiso para quedarte quieto.
Y esa es la diferencia que nadie te explica cuando te ponen un carrusel de Instagram con diez famosos con TDAH y una frase motivacional debajo. Te venden la idea de que el TDAH es un superpoder, que solo necesitas "encontrar tu pasión" y todo encajará.
Eso es como decirle a alguien con miopía que no necesita gafas porque Beethoven componía medio sordo.
Lo que de verdad puedes sacar de esas historias
No digo que leer sobre famosos con TDAH sea inútil. Digo que hay que leerlo con los ojos abiertos.
Lo útil no es pensar "yo puedo ser como ellos." Lo útil es preguntarte: ¿qué hicieron ellos que yo puedo aplicar?
Jobs canalizó su hiperconcentración en un solo producto hasta que quedó perfecto. Branson se rodeó de gente que compensaba lo que él no sabía hacer. Einstein se obsesionó con una sola pregunta durante años hasta que encontró la respuesta.
Ninguno de ellos triunfó por tener TDAH. Triunfaron a pesar de tenerlo. Y la diferencia entre esas dos frases es enorme.
Decir que el TDAH es un don es peligroso
Entonces, ¿para qué sirven los referentes?
Para saber que no estás solo. Punto.
No para compararte. No para justificarte. No para soñar que un día tu cara estará en una portada. Para saber que lo que sientes tiene un nombre, que otras personas lo han sentido, y que hay formas de trabajar con ello. No contra ello. Con ello.
Que alguien haya escalado el Everest con una pierna no significa que tú debas intentarlo. Significa que las personas son capaces de cosas increíbles cuando entienden sus limitaciones y trabajan desde ahí.
Los famosos con TDAH son útiles como espejo, no como mapa. Te reflejan algo que reconoces. Pero el camino tienes que trazarlo tú, con tus circunstancias, tus recursos y tu contexto. No con los de Steve Jobs en Silicon Valley en los ochenta.
Lo que nadie publica en un carrusel
Que la mayoría de personas con TDAH no necesitan un ejemplo de alguien que conquistó el mundo. Necesitan entender cómo funciona su cabeza. Necesitan herramientas. Necesitan dejar de sentir que algo está mal en ellos.
Y eso no te lo da idealizar a nadie. Te lo da mirarte a ti. Entender qué pasa dentro de tu cerebro. Por qué haces lo que haces. Y qué puedes hacer con ello.
La validación real no viene de fuera. Viene de entender que tu cerebro no está roto, que funciona diferente, y que "diferente" no significa ni peor ni mejor. Significa que necesitas un manual distinto.
Y ese manual no lo escribe Steve Jobs.
Lo escribes tú.
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