Cambio de humor estacional con TDAH: cuando el otoño te cambia el chip
Tu cerebro con TDAH reacciona al otoño de forma distinta. Menos luz, menos dopamina, más caos emocional. Y no, no es que seas débil.
No estás deprimido. No te ha pasado nada. Simplemente ha llegado octubre y tu cerebro ha decidido que ya no le apetece funcionar.
El cambio de humor estacional con TDAH es real y tiene explicación. No eres tú siendo dramático. Es tu cerebro reaccionando a algo que la mayoría de la gente ni nota.
¿Por qué me cambia el humor en otoño si tengo TDAH?
Porque tu cerebro ya iba justo de dopamina. Y el otoño le quita una de sus fuentes favoritas: la luz solar.
Te explico. La serotonina, que es la sustancia que regula el ánimo, depende en parte de la exposición a la luz. Menos horas de sol, menos serotonina. Y la serotonina es la precursora de la melatonina, que regula el sueño. Así que menos luz significa peor ánimo Y peor sueño al mismo tiempo.
Para un cerebro neurotípico, esto se traduce en "uf, qué perezón me da el lunes". Para un cerebro con TDAH, que ya tiene el sistema de recompensa bajo mínimos, es como quitarle la batería a un coche que ya arrancaba con pinzas.
Todo lo que antes te costaba un 7 de esfuerzo ahora te cuesta un 12. Y nadie entiende por qué.
El otoño no es bonito para todos los cerebros
Hay gente que adora el otoño. Las hojas, los jerseis, las calabazas. Instagram se llena de cafés con canela y paseos por parques de tonos naranjas.
Y tú estás en el sofá preguntándote por qué te sientes como si alguien hubiera bajado el brillo de tu vida al 20%.
No es que no te gusten los jerseis. Es que tu cerebro interpreta la bajada de luz y temperatura como una señal para apagarse. Esa melancolía de otoño que no sabes de dónde viene tiene una explicación neuroquímica, no filosófica.
Los cerebros con TDAH son especialmente sensibles a los cambios de entorno. Cambio de rutina, cambio de horario, cambio de estación. Cada cambio de estación te descoloca porque tu cerebro no tiene un buen sistema de adaptación automática. Lo que otros ajustan sin darse cuenta, tú lo sufres como si te hubieran cambiado las reglas del juego sin avisarte.
Lo que parece pereza es química
Esto es lo que más me jode del tema. Que llegas a octubre y de repente te cuesta el doble levantarte, el triple concentrarte, y lo que antes te motivaba ahora te da igual.
Y la narrativa interna empieza:
"Estoy siendo vago." "Debería poder con esto." "El año pasado no me pasaba."
Sí te pasaba. El año pasado también. Pero no le pusiste nombre.
Lo que sientes no es pereza. Es un cerebro que ya gestionaba mal sus recursos energéticos y que ahora tiene menos recursos todavía. Es como pedirle a alguien que corra una maratón con media suela del zapato suelta. Puede intentarlo, pero no le pidas que sonría.
¿Y qué hago con esto?
No voy a darte una lista de "10 trucos para combatir la tristeza otoñal" porque no es tristeza y no se combate con trucos.
Pero hay cosas que ayudan. No porque sean mágicas, sino porque le dan a tu cerebro lo que le falta.
Luz. Real o artificial. Si puedes salir a caminar 20 minutos por la mañana con luz natural, tu serotonina te lo va a agradecer más que cualquier suplemento de herbolario. Si no puedes, una lámpara de luz diurna en la mesa donde trabajas es la segunda mejor opción. No es broma. Hay estudios de sobra.
Rutina. Sé que suena aburrido. Pero tu cerebro con TDAH necesita estructura externa porque no genera estructura interna. En otoño, cuando todo se vuelve más caótico por dentro, tener anclajes fijos por fuera es lo que te mantiene a flote.
Movimiento. No te estoy diciendo que te apuntes al gimnasio. Te estoy diciendo que muevas el cuerpo. Caminar, bailar en la cocina, hacer sentadillas mientras esperas a que hierva el agua. La actividad física genera dopamina. Y en octubre necesitas dopamina como el que necesita agua en el desierto.
Compasión. Que es la más difícil. Porque tu cerebro lleva toda la vida diciéndote que no eres suficiente, y cuando encima funciona peor en otoño, la autocrítica se dispara. Pero no estás roto. Tu desregulación emocional tiene explicación, y entenderla es el primer paso para dejar de machacarte cada vez que tu cuerpo responde a algo que no controlas.
Esto no es excusa, es contexto
Saber que el otoño te afecta más que a otros no significa quedarte en el sofá y decir "es que tengo TDAH". Significa entender por qué te cuesta más para poder actuar en consecuencia.
Es la diferencia entre culparte por no rendir y ajustar tu entorno para poder funcionar.
No vas a convertir octubre en julio. Pero puedes dejar de pensar que hay algo mal en ti cada vez que llega el frío y tu motivación se va de vacaciones.
Tu cerebro no es defectuoso. Solo reacciona más fuerte a cosas que otros ni notan. Y eso, aunque es un incordio, también tiene su parte buena: cuando llega la primavera, esa misma sensibilidad te hace sentir que puedes comerte el mundo.
Pero eso ya es otro post.
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