La siesta de verano con TDAH: te tumbas 20 minutos y despiertas a las 7
Iba a ser una siesta de 20 minutos. Despiertas a las 7 de la tarde. Con TDAH, la siesta de verano es una trampa con temporizador roto.
Iba a ser una siesta de 20 minutos.
Pones una alarma. La ignoras tres veces. Abres los ojos y son las 7 de la tarde. El día ha desaparecido. Por la ventana entra esa luz rara de atardecer de julio que no sabes si es el principio o el final de algo. Miras el móvil. Tres llamadas perdidas. Un mensaje de tu madre preguntando si estás vivo.
Técnicamente sí. Pero el día no.
Te levantas con esa sensación extraña de haber viajado en el tiempo. Desorientado. Con la marca de la almohada en la cara y la boca seca. Y con una culpa que pesa más que el calor de fuera. Porque tenías cosas que hacer. Muchas cosas. Y ahora son las 7 de la tarde y no has hecho ninguna.
Bienvenido a la siesta de verano con TDAH.
¿Por qué las siestas con TDAH se convierten en maratones de sueño?
Porque tu cerebro no tiene regulador de volumen. Ni para las emociones, ni para el sueño, ni para nada.
Un cerebro neurotípico hace una siesta de 20 minutos porque su sistema de alerta funciona. Suena la alarma, el cerebro la registra, evalúa la situación y dice "venga, arriba". Es como un portero de discoteca que controla quién entra y quién sale.
Tu cerebro con TDAH es más bien un portero que se ha quedado dormido en la silla. Suena la alarma. Tu cerebro la oye, la clasifica como "ruido molesto", le da al botón de posponer y se vuelve a hundir en el sueño como quien se hunde en arenas movedizas. Sin resistencia. Sin lucha. Solo caída libre.
Y no es pereza. Es neurología.
El cerebro con TDAH tiene una relación complicada con el sueño
La siesta de verano es la trampa perfecta: calor que te aplasta, comida pesada del mediodía, cero urgencia porque "es verano y no hay prisa", y un cerebro que lleva toda la mañana funcionando sin dopamina suficiente. Tu cuerpo dice "solo un rato". Tu cerebro dice "hasta mañana".
El ciclo que te destroza la noche
Lo peor no es perder la tarde. Lo peor es lo que viene después.
Despiertas a las 7. Cenas a las 10. A las 12 estás despejado como si fueran las 9 de la mañana. Y entonces empieza la fiesta: scroll infinito, un documental que no pediste, un proyecto nuevo que se te acaba de ocurrir, reorganizar el armario a la 1 de la madrugada.
A las 4 de la mañana sigues despierto. Te acuestas agotado. Duermes hasta las 12 del día siguiente. Hace calor. Comes. Te tumbas "un ratito".
Y vuelta a empezar.
Esto no es verano. Es un bucle temporal del que tu cerebro no sabe salir porque no tiene botón de apagar. Y cada vuelta del bucle, el horario se desplaza un poco más. Hasta que un día te das cuenta de que vives en un huso horario completamente distinto al de tu familia, tus amigos y tu trabajo.
¿Y qué haces con esto?
Lo primero: dejar de culparte. La siesta infinita no es un fallo moral. No eres un vago. Tu cerebro funciona diferente y el verano lo pone en modo difícil.
Dicho esto, hay cosas que ayudan.
La alarma sola no funciona. Ya lo sabes. La apagas dormido, como un ninja inconsciente. Necesitas algo más agresivo. Poner el móvil al otro lado de la habitación. O usar una app que te obligue a resolver un problema de matemáticas para apagarla. Sí, odiarás la app. Pero te levantarás.
Si la siesta va a pasar, que pase bien. Pon un límite real: 25 minutos máximo. Siéntate en el sofá en vez de tumbarte en la cama. No te tapes. No bajes la persiana del todo. Cuantas más señales de "esto no es dormir de verdad" le des a tu cerebro, más fácil será salir.
Muévete antes de que el sofá te atrape. Después de comer, en vez de sentarte, sal cinco minutos a la calle. Aunque haga calor. Aunque no quieras. El movimiento le da a tu cerebro la señal de que todavía es de día y hay cosas que hacer. Si te sientas, tu cerebro interpreta "modo reposo activado" y ya no hay vuelta atrás.
Protege la noche. Lo que hagas con tu rutina de sueño importa más que la siesta en sí. Si la siesta ya pasó y son las 7, acepta que la tarde se fue. Pero no dejes que se lleve también la noche. Cena pronto. Apaga pantallas a una hora fija. Y aunque no tengas sueño, métete en la cama. El objetivo no es dormir al instante. Es que el bucle no se lleve otra vuelta más.
No es verano, es tu cerebro en modo supervivencia
El verano sin estructura es kryptonita para el TDAH. No hay horarios fijos. No hay obligaciones que te saquen de la cama. No hay consecuencias inmediatas. Y sin consecuencias inmediatas, tu cerebro no reacciona. Así funciona.
La gente que no tiene TDAH se echa una siesta de 20 minutos, se levanta fresca y sigue con su tarde. Tú te echas una siesta de 20 minutos y despiertas en otra dimensión temporal preguntándote qué día es.
No es que no puedas disfrutar del verano. Es que necesitas disfrutarlo con un mínimo de estructura. Aunque sea inventada. Aunque sea ridícula. Una alarma absurda, una rutina que no tenga sentido para nadie más, un compromiso tonto que te obligue a estar de pie a las 5. Lo que sea que le diga a tu cerebro "esto no es territorio libre, sigue habiendo reglas".
Porque sin reglas, tu cerebro no descansa. Se pierde.
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