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Estudiar para los exámenes de junio el último día: el clásico TDAH

Tenías un mes. Lo dejaste para el último día. Son las 2AM y el examen es mañana. Por qué tu cerebro con TDAH hace esto cada junio.

tdah

Tenías un mes para prepararte.

Lo dejaste para la última semana. Luego para el último día. Y ahora son las 2 de la madrugada, el examen es mañana a las 9, tienes tres cafés encima y un subrayador que ya ni pinta.

El clásico.

El clásico del TDAH que se repite cada junio como si fuera una tradición familiar. Como las campanadas, pero en vez de uvas te comes los apuntes de un cuatrimestre entero en una noche.

Y lo peor no es que pase. Lo peor es que ya lo sabías. Desde el primer día de clase sabías que ibas a acabar así. Porque siempre acabas así.

¿Por qué con TDAH siempre acabas estudiando la noche de antes?

Porque tu cerebro funciona con urgencia, no con planificación.

Cuando te dicen "el examen es dentro de un mes", tu cerebro traduce eso a "el examen es dentro de infinito". No hay presión, no hay adrenalina, no hay deadline pegado a la cara. Y sin eso, tu cerebro no arranca.

Es como intentar encender un motor que solo funciona con gasolina de 98 cuando lo que le echas todos los días es agua del grifo. La disciplina, las buenas intenciones, el planning bonito que te hiciste en septiembre con colores... todo eso es agua del grifo para un cerebro con TDAH.

Lo que lo enciende de verdad es la urgencia. El pánico. El "si no hago esto AHORA, estoy muerto".

Por eso a las 2 de la madrugada, con el examen a 7 horas, de repente puedes concentrarte como nunca. De repente entiendes los apuntes. De repente todo tiene sentido. Tu cerebro ha recibido por fin la señal de emergencia que necesitaba, y ahora va a tope.

El problema es que llevas despierto 18 horas, te queda un temario de 200 páginas y tu rendimiento real es una fracción de lo que crees.

La trampa del "a mí me funciona bajo presión"

Esta es la frase que nos decimos todos. El mantra del TDAH en época de exámenes.

"Yo rindo mejor bajo presión."

Mentira.

Lo que pasa es que solo rindes bajo presión. No es que rindas mejor. Es que sin presión no rindes nada, así que cuando por fin aparece la urgencia, cualquier cosa parece un milagro comparado con las tres semanas de parálisis anterior.

Y a veces sale bien. Apruebas con un 5 raspado, y tu cerebro dice: "¿Ves? Funciona". Y se refuerza el ciclo. La próxima vez lo dejas para más tarde todavía. Porque total, funcionó.

Hasta que no funciona. Hasta que el temario es demasiado grande, o el examen demasiado difícil, o tu cuerpo ya no aguanta otra noche sin dormir. Y entonces llega la frustración de haber estudiado y no retener nada. No porque seas tonto. Sino porque has intentado meter un cuatrimestre en 6 horas.

Lo que pasa dentro de tu cabeza esa noche

Imagina la escena.

Son las 10 de la noche. Te sientas con los apuntes. "Ahora sí, ahora estudio de verdad."

A los 5 minutos, coges el móvil. Solo para ver la hora. Media hora después estás viendo un vídeo de un tío que fabrica cuchillos con meteoritos.

Te vuelves a sentar. Lees una página. La relees. La vuelves a leer. No ha entrado nada. Tu cabeza está pensando en si has contestado a ese mensaje, en qué vas a cenar mañana, en que a lo mejor deberías reorganizar tu mesa antes de estudiar.

Porque tu cerebro no quiere estudiar. Quiere reorganizar la habitación

Y cuando por fin te pones en serio, ya son las 12. Y empiezas a calcular. "Si estudio hasta las 4, duermo 4 horas, me da tiempo." Las matemáticas de las 2 de la madrugada. Esas que siempre salen perfectas en tu cabeza y nunca funcionan en la realidad.

¿Y al día siguiente qué?

Llegas al examen como un zombie. Ojos rojos, manos frías, la sensación de que sabes cosas pero no recuerdas cuáles.

Abres el examen. Y empieza la aventura. Reconoces cosas. Algunas las sabes. Otras te suenan. Y otras las miras pensando "juro que esto estaba en la página 47 pero no recuerdo qué decía".

Si sale bien, sales aliviado pero vacío. No has aprendido nada. Has sobrevivido a un examen, que no es lo mismo.

Si sale mal, empieza la espiral. "Soy un desastre." "¿Por qué no puedo hacer las cosas como los demás?" "La próxima vez empiezo antes." La promesa que llevas haciéndote desde primero de la ESO.

Y el patrón se repite. Porque no es un problema de voluntad. Es un cerebro que no genera la chispa necesaria hasta que el edificio está en llamas.

Esto no se arregla con "empieza antes"

Si alguien te ha dicho "pues empieza a estudiar antes, no es tan difícil", esa persona no tiene TDAH.

Porque el problema no es no saber que hay que empezar antes. Claro que lo sabes. Lo sabes perfectamente. Lo que no puedes es hacerlo. Tu cerebro no te da permiso para activarse con algo que no tiene consecuencias inmediatas. Y "el examen es dentro de tres semanas" no es una consecuencia inmediata. Es una amenaza abstracta. Como el cambio climático pero con derivadas.

Lo que sí ayuda es dejar de culparte por cómo funciona tu cabeza.

No eres vago. No eres tonto. No es que no te importe. Es que tienes un cerebro que opera con reglas diferentes, y nadie te ha explicado cuáles son.

Entenderlo no te aprueba el examen. Pero te quita de encima ese peso de "¿por qué todos pueden y yo no?". Que ya es bastante.

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