Lo que el regreso de Biles en París 2024 nos enseña sobre TDAH

Se fue en Tokio 2021 cuando nadie lo entendió. Volvió en París 2024 y ganó 3 oros. Lo que hizo entre medias es la lección real.

Julio de 2024. Simone Biles salta al tapiz en París. Tiene 27 años. En gimnasia, eso es como tener 90 en años de perro. Lleva dos años fuera. La última imagen que el mundo tiene de ella es retirándose en Tokio con la mirada perdida y medio planeta llamándola cobarde.

Y lo primero que hace al volver es un Yurchenko doble mortal que lleva su nombre.

Como diciendo: "¿Alguna pregunta más?"

¿Qué pasó realmente entre Tokio y París?

La versión simplificada es: Biles se retiró, descansó, volvió y ganó. Final feliz. Siguiente historia.

Pero la versión real es bastante más interesante. Y bastante más útil si tienes un cerebro con TDAH.

En Tokio 2021, Biles sufrió los "twisties". Perdió la orientación en el aire. Tu cuerpo gira a toda velocidad y tu cerebro, de repente, desaparece. No sabe dónde está arriba, dónde está abajo, cuándo abrir. En un deporte donde un error de cálculo te puede dejar en silla de ruedas, eso no es "un mal día". Es una alarma de incendio en toda regla.

Y Biles hizo lo que casi nadie con TDAH sabe hacer: escuchó la alarma.

No la ignoró. No se dijo "venga, tira, que puedes". No compensó con más esfuerzo, más horas, más presión. Paró. En los Juegos Olímpicos. Con miles de millones de personas mirando.

El cerebro con TDAH tiene un problema gordo con eso. Nuestro modo por defecto es apretar. Compensar hasta que el cuerpo dice basta sin avisar previamente. Biles rompió ese patrón delante del mundo entero.

Dos años sin competir no fueron dos años de vacaciones

Aquí viene la parte que la gente no ve. Porque el relato de "se fue y volvió" suena a que se tomó una excedencia, se tumbó en una playa y un día dijo "bueno, va, vuelvo a ganar oros".

No fue así.

Biles pasó por terapia. Trabajó con profesionales de salud mental. Rediseñó su relación con la gimnasia. Pasó de entrenar para demostrarle algo al mundo a entrenar para demostrarse algo a sí misma.

Y eso, si tienes TDAH, es un cambio de paradigma brutal.

Porque el cerebro con TDAH funciona a base de estímulo externo. Necesita la presión, la urgencia, la adrenalina del "o lo haces ahora o no lo haces nunca". Y Biles construyó un sistema donde la motivación venía de dentro. Donde no necesitaba que el mundo la presionara para rendir.

Es como pasar de necesitar que te griten para levantarte del sofá a levantarte porque quieres. Suena simple. Es la hostia de difícil.

París 2024: tres oros y una plata con 27 años

Volvió. Y no solo volvió: dominó.

Oro en concurso completo individual. Oro en salto. Oro en concurso por equipos. Plata en suelo. A los 27 años. En un deporte donde la media de edad de las campeonas olímpicas ronda los 19.

Para ponerlo en perspectiva: es como si un futbolista se retirara a los 33, desapareciera dos años, y volviera a los 35 a ganar la Champions. Pero en un deporte donde el margen de error se mide en centímetros y un mal aterrizaje puede acabar en el hospital.

Y lo hizo sin la desesperación de Tokio. Sin la presión de tener que demostrar nada. Sonriendo. Disfrutando. Como si hubiera descubierto que la gimnasia mola más cuando no estás compitiendo contra tus propios demonios a la vez.

¿Parar es perder o es recalibrar?

Esto es lo que quiero que te quede de Biles. No el relato inspiracional de "cayó y se levantó". Eso es un póster de motivación de los que venden en Tiger.

La lección real es que parar a tiempo no es rendirse. Es recalibrar.

Un cerebro con TDAH no tiene términos medios. O está a tope o está apagado. La línea entre rendir al máximo y el burnout es invisible. No hay señal de aviso. No hay lucecita amarilla. Pasas de "puedo con todo" a "no puedo ni abrir el portátil" sin escalas.

Biles encontró esa lucecita. La encontró en el peor momento posible. Y en vez de ignorarla, paró el coche, miró debajo del capó, arregló lo que había que arreglar, y volvió a la carretera.

Dos años después, ganaba tres oros.

Lo que Biles hizo y tú puedes copiar

No te estoy diciendo que te retires dos años de tu trabajo. Ni que dejes de hacer cosas. Te estoy diciendo que la próxima vez que tu cerebro te diga "estoy hasta arriba", no le metas más gasolina al fuego.

Porque eso es lo que hacemos. Siempre. "Estoy agotado, pero si aprieto un poco más..." y luego son tres meses tirado en el sofá sin poder hacer nada. Es como apagar un incendio echándole alcohol encima.

Michael Phelps lo gestionó con estructura y rituales obsesivos

Lo que no funciona es ignorar las señales y seguir empujando hasta que tu cuerpo te pare él solito. Porque cuando tu cuerpo te para, no negocia. No te dice "oye, descansa un finde y el lunes como nuevo". Te dice "hasta aquí" y te deja fuera de combate sin fecha de vuelta.

Biles eligió cuándo parar y cuándo volver. La mayoría de nosotros dejamos que esa decisión la tome el agotamiento por nosotros.

Un cerebro diferente, no defectuoso

Lo que más me flipó de Biles en París no fueron los saltos. Fueron las sonrisas. La tía estaba disfrutando. Después de todo lo que pasó, después de los twisties, las críticas, la presión, los debates de bar sobre si debía o no debía haberse retirado, estaba ahí arriba pasándoselo bien.

Eso es lo que pasa cuando dejas de luchar contra tu cerebro y empiezas a trabajar con él. Cuando entiendes que tu cerebro con TDAH no es un cerebro roto que hay que arreglar. Es un cerebro que funciona diferente y que necesita condiciones diferentes para rendir.

Biles necesitó dos años para entender qué necesitaba el suyo. No todos tenemos que esperar a que un escenario olímpico nos obligue a mirar hacia dentro. A veces basta con pararse un momento, entender cómo funciona tu cabeza, y construir a partir de ahí.

Los rasgos que se describen aquí son observaciones basadas en información pública, no un diagnóstico.

Si quieres empezar por entender cómo funciona tu cerebro sin necesitar unos Juegos Olímpicos como excusa, tengo un test con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero en 10 minutos te da más claridad que años de darte cabezazos contra la pared.

Hacer el test de TDAH

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