Lo que Simone Biles nos enseña sobre TDAH y presión
Biles se retiró en Tokio con el mundo mirando. Para alguien con TDAH, lo que hizo tiene un significado que pocos entienden.
Tokio 2021. Simone Biles, la mejor gimnasta de la historia, se planta en mitad de las finales olímpicas y dice: "No puedo seguir."
El mundo entero se partió en dos. Unos la llamaron cobarde. Otros la llamaron valiente. Las redes sociales se convirtieron en un ring de boxeo donde todo el mundo tenía una opinión sobre una mujer que llevaba años haciendo cosas en el aire que la mayoría no puede ni imaginar tumbada en el sofá.
Pero para alguien con TDAH, lo que hizo Biles no fue cobardía ni valentía mediática.
Fue algo mucho más difícil: parar.
¿Qué son "the twisties" y por qué importan si tienes TDAH?
Biles explicó que sufría "the twisties". En gimnasia, eso significa perder la noción de dónde estás mientras giras en el aire. Tu cuerpo hace un salto que ha hecho diez mil veces, pero de repente tu cerebro se desconecta. No sabes si vas hacia arriba o hacia abajo. No sabes cuándo abrir. No sabes dónde está el suelo.
Y en gimnasia, no saber dónde está el suelo puede significar no volver a caminar.
Lo que poca gente sabe es que Simone Biles tiene TDAH diagnosticado. Lo hizo público en 2016 cuando filtraron sus informes médicos. Y esto no es un detalle menor. Porque cuando tu cerebro funciona con TDAH, la sobreestimulación no es algo que te pase de vez en cuando. Es el agua en la que nadas todos los días.
Tu cerebro funciona a mil revoluciones. Absorbes todo. Procesas todo. Y cuando el entorno sube la presión, como unas Olimpiadas donde miles de millones de personas te miran, esa sobreestimulación puede convertirse en un cortocircuito.
Los twisties de Biles no fueron solo un problema técnico de gimnasia. Fueron su cuerpo diciendo "hasta aquí".
¿Cuántas veces has seguido empujando cuando tu cuerpo ya no podía?
Esto es lo que conecta a Biles con cualquiera que tenga TDAH.
Porque nosotros no paramos. Nunca paramos. Funcionamos al 200% compensando, tapando huecos, fingiendo que todo va bien. Agotándonos de tanto fingir que somos normales hasta que un día el cuerpo dice basta y no hay negociación posible.
La diferencia es que Biles paró ANTES de romperse. Con todo el planeta mirando. Con medallas en juego. Con patrocinadores, expectativas, y la presión de ser "la mejor de todos los tiempos".
Y dijo que no.
Eso, para alguien con TDAH, es ciencia ficción. Porque nuestro modo por defecto es apretar más. Si estás agotado, trabaja más. Si no llegas, duerme menos. Si tu cerebro no coopera, fúndelo hasta que coopere. Es como intentar arreglar un enchufe que echa chispas metiéndole más voltaje. No funciona. Pero lo hacemos igual porque no conocemos otra forma.
Biles conocía otra forma. Y la eligió en el peor momento posible.
O en el mejor, según cómo lo mires.
Parar no es rendirse
Hay una diferencia enorme entre rendirse y parar a tiempo. Rendirse es dejar de intentarlo. Parar es decir "ahora mismo no puedo dar lo mejor de mí, y seguir adelante así no solo es inútil, es peligroso".
Biles no se fue a casa a ver Netflix. Biles paró, recalibró, y volvió a competir en la barra de equilibrio unos días después. Ganó bronce. Con todo el ruido del mundo a su alrededor.
Y luego, en París 2024, volvió.
Con 27 años. Que en gimnasia es como tener 65 en años humanos. Volvió después de dos años fuera. Después de que medio mundo la diera por acabada. Y ganó tres oros y una plata.
Tres oros.
La misma persona que "no pudo" en Tokio arrasó en París. Porque parar no la hizo más débil. La hizo más fuerte. Le dio tiempo para entender qué necesitaba, reconstruir su relación con la presión, y volver con un plan que funcionara para su cerebro. No para el cerebro que el mundo esperaba que tuviera.
La lección que nadie quiere escuchar
La lección de Biles no es "los campeones vuelven más fuertes". Eso es un eslogan de camiseta.
La lección real es que a veces lo más inteligente que puedes hacer es parar antes de que tu cuerpo te obligue a hacerlo. Porque cuando tu cuerpo te para, no elige el momento. Te para en mitad de un proyecto importante. Te para con un ataque de ansiedad un martes por la noche. Te para con un burnout que te deja sin gasolina durante meses.
Con TDAH, la línea entre "estoy rindiendo a tope" y "estoy a punto de explotar" es invisible. No hay señal de aviso. No hay lucecita amarilla antes de la roja. Pasas de "puedo con todo" a "no puedo ni levantarme" sin escalas intermedias. Como un avión que va a velocidad de crucero y de repente se queda sin combustible. No ralentiza. Se cae.
Biles tuvo la lucidez de mirar el indicador de combustible antes de que marcara cero. Y la valentía de aterrizar cuando todo el mundo le gritaba que siguiera volando.
¿Y qué hago yo con esto?
No te estoy diciendo que dejes tu trabajo mañana ni que canceles todos tus compromisos. Te estoy diciendo que aprendas a escuchar antes de que tu cuerpo grite.
Porque si tienes TDAH, tu cerebro no te avisa con educación. No te manda un email formal diciendo "estimado usuario, le informamos de que su nivel de estrés ha alcanzado cotas preocupantes". Tu cerebro te avisa como un portero de discoteca: de golpe, sin avisar, y empujándote hacia fuera.
El deporte ayuda porque genera la dopamina que tu cerebro necesita. La estructura ayuda. Las rutinas ayudan. Pero nada de eso funciona si no eres capaz de detectar cuándo estás empujando demasiado.
Biles lo detectó en la situación más extrema posible. Con miles de millones de personas mirando. En las Olimpiadas. Con medallas de oro en juego.
Si ella pudo parar ahí, tú puedes parar un martes antes de decir que sí a otro proyecto que no te cabe en la agenda.
Parar no es de débiles. Parar a tiempo es un superpoder. Y volver después, como Biles en París, es la prueba de que ese superpoder funciona.
Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro y por qué a veces sientes que vas a explotar sin previo aviso, empieza por ponerle nombre.
Sigue leyendo
Lo que Agatha Christie nos enseña sobre TDAH y misterio
Agatha Christie tenía dislexia documentada, desapareció 11 días sin explicación y escribió 66 novelas. Su cerebro funcionaba como sus misterios: en otro orden.
El hiperfoco de Cervantes: escribir el Quijote en la cárcel
Cervantes fue soldado, prisionero, recaudador y escritor. Escribió Don Quijote en la cárcel. Un cerebro que no podía hacer una sola cosa en la vida.
El perfeccionismo obsesivo de Chaplin: 300 tomas para una escena
Charlie Chaplin repetía escenas 300 veces hasta que quedaban perfectas. Su perfeccionismo obsesivo y su energía inagotable tienen nombre clínico.
Ty Pennington: TDAH, carpintería y televisión
Ty Pennington tiene TDAH diagnosticado. De niño no podía quedarse quieto. Canalizó esa energía en construir casas delante de las cámaras.