¿Tenía Mozart TDAH? El compositor que no podía estar quieto
Mozart componía como un poseso y murió arruinado. Sus cartas revelan un cerebro que encaja sospechosamente con lo que hoy llamamos TDAH.
Mozart compuso más de 600 obras en 35 años de vida.
También murió sin un duro, escribía cartas a su prima sobre pedos y caca, y sus contemporáneos lo describían como un tío que no podía estar quieto ni sentado en una silla.
Si no supieras que estoy hablando de un genio de la música clásica, pensarías que te estoy describiendo a alguien que acaba de salir de la consulta del psiquiatra con un diagnóstico de TDAH debajo del brazo.
La pregunta es obvia. Y no, no tiene respuesta fácil.
¿Qué sabemos de verdad sobre Mozart?
Vamos a lo que está documentado. No lo que dice internet, sino lo que dicen las cartas, las biografías de la época y los testimonios de gente que lo conoció en persona.
Wolfgang Amadeus Mozart nació en 1756 en Salzburgo. A los 5 años ya componía. A los 6 tocaba ante la realeza europea. Su padre, Leopold, era un tipo ambicioso que convirtió a su hijo en una atracción itinerante por las cortes de media Europa antes de que al crío le salieran los dientes definitivos.
Hasta aquí, un niño prodigio. Eso no implica TDAH ni nada parecido.
Lo interesante viene después.
Las personas que convivían con Mozart lo describían en constante movimiento. Tamborileando con los dedos. Saltando de un sitio a otro. Moviendo las piernas y los pies sin parar incluso cuando estaba sentado. Un amigo suyo, el tenor Michael Kelly, escribió que Mozart era "un hombre pequeño, animado, inquieto, con ojos que nunca se quedaban fijos en un punto".
Suena familiar, ¿verdad?
Luego están las cartas. Mozart le escribía a su prima Maria Anna Thekla unas cartas que, si las leyeras hoy sin contexto, pensarías que las ha escrito un chaval de 14 años en un grupo de WhatsApp. Humor escatológico puro. Funciones corporales por todas partes. Un tipo de 22 años escribiendo como si tuviera la impulsividad de un niño que no sabe dónde está el freno.
Y por último: el dinero. Mozart ganaba bien. Muy bien para su época. Pero murió prácticamente en la ruina. No porque no le pagaran, sino porque gastaba de una manera que no encajaba con lo que ingresaba. Fiestas, ropa, mudanzas constantes. Una relación con el dinero que hoy llamaríamos impulsividad financiera.
¿Los rasgos que encajan con TDAH?
Si coges la lista de síntomas del TDAH en adultos y la pones al lado de lo que sabemos de Mozart, la coincidencia es inquietante.
Hiperactividad motora. Lo de no poder estar quieto no es una anécdota aislada. Es un patrón repetido por múltiples fuentes durante toda su vida.
Impulsividad. Las cartas escatológicas, las decisiones financieras, los cambios de proyecto constantes. Mozart empezaba óperas que dejaba a medias. Aceptaba encargos que luego no entregaba a tiempo. Decía lo que pensaba sin filtro en una época donde eso te costaba el puesto. De hecho, le costó el puesto: su relación con el arzobispo Colloredo se rompió, entre otras cosas, porque Mozart no sabía callarse.
Productividad en ráfagas. Más de 600 composiciones, pero no distribuidas uniformemente. Mozart era capaz de escribir una sinfonía entera en cuatro días y luego pasar semanas sin producir nada significativo. Eso suena menos a "disciplina de genio" y más a hiperfoco seguido de bajón. Esa alternancia entre concentración total e incapacidad de arrancar es una de las señales más claras del TDAH.
Dificultad con la gestión del día a día. Un genio que componía como los ángeles pero que no era capaz de administrar su propia economía doméstica. Su mujer, Constanze, intentaba poner orden, pero Mozart era como intentar organizar un armario durante un terremoto.
¿Y los rasgos que no encajan?
Aquí es donde hay que ser honesto. Porque cuando buscas TDAH en personajes históricos, es muy fácil caer en lo que los psicólogos llaman "sesgo de confirmación": coges lo que encaja y descartas lo que no.
Primer matiz: Mozart componía obras de una complejidad absurda con una concentración que la mayoría de personas sin TDAH no alcanzarían jamás. ¿Hiperfoco? Puede ser. Pero también puede ser simplemente que era un genio musical y punto.
Segundo matiz: la época. En el siglo XVIII no existía el concepto de TDAH. Tampoco existía el concepto de salud mental como lo entendemos hoy. Muchos de los comportamientos "extraños" de Mozart eran menos raros en su contexto. El humor escatológico, por ejemplo, era bastante común en la cultura popular de la época. No era solo cosa suya.
Tercer matiz: su padre lo paseó por Europa como una atracción de feria desde los 6 años. Esa infancia no es normal en ningún contexto histórico. Los problemas de gestión económica y la impulsividad podrían explicarse también por una crianza que no le enseñó a ser un adulto funcional porque estaba demasiado ocupado siendo un genio desde los 5 años.
¿Qué dicen los investigadores modernos?
Algunos profesionales se han tomado la pregunta en serio.
El psiquiatra alemán Wolfgang Retz publicó un análisis en 2008 donde argumentaba que Mozart cumplía con los criterios diagnósticos del TDAH basándose en la documentación histórica disponible. Señalaba la hiperactividad motora, la impulsividad, la intolerancia al aburrimiento y los problemas de organización como patrones consistentes a lo largo de toda su vida.
Otros investigadores son más cautelosos. Reconocen que los rasgos están ahí, pero insisten en que diagnosticar retroactivamente a alguien que vivió hace 250 años es, como mínimo, arriesgado. No podemos hacerle una entrevista clínica. No podemos aplicarle cuestionarios estandarizados. Solo tenemos cartas, testimonios y la interpretación que hacemos de ellos desde un marco teórico que no existía en su época.
La verdad probablemente está en algún punto intermedio. No podemos afirmar que Mozart tenía TDAH. Pero los indicios son lo bastante sólidos como para que la pregunta sea legítima.
¿Y por qué nos importa esto en 2025?
Porque Mozart es un ejemplo perfecto de algo que mucha gente con TDAH en la edad adulta vive a diario: el contraste brutal entre lo que tu cerebro puede hacer cuando se enciende y lo que pasa el resto del tiempo.
Un tío que escribe sinfonías que siguen sonando 250 años después, pero que no es capaz de llegar a fin de mes. Que produce a una velocidad inhumana cuando algo le interesa, pero que deja proyectos a medias cuando pierde el interés. Que dice lo que piensa sin filtro y paga las consecuencias.
Eso no es ser raro. Eso es tener un cerebro que funciona con otras reglas.
No digo que Mozart tuviera TDAH. No lo sé. Nadie lo sabe con certeza. Lo que digo es que si alguien con esos mismos rasgos entrara hoy en la consulta de un psicólogo, probablemente saldría con un diagnóstico. Y con un plan. Y con la posibilidad de entenderse un poco mejor.
Que es más de lo que Mozart tuvo nunca.
Si te has visto reflejado en algo de lo que cuenta este artículo y quieres saber más sobre cómo funciona tu cerebro, hay un sitio por donde empezar.
Sigue leyendo
Solange Knowles: diagnóstico a los 30 y un cerebro que siempre supo
Solange Knowles fue diagnosticada con TDAH pasados los 30. La hermana de Beyoncé que siempre supo que su cerebro funcionaba diferente.
Cómo el TDAH cambió la historia de la moda
Coco Chanel liberó a las mujeres del corsé. McQueen revolucionó la alta costura con desfiles extremos. El TDAH puede estar detrás de los mayores giros de la moda.
Lo que la vida de Muhammad Ali nos enseña sobre TDAH y carisma
Ali volaba como una mariposa y picaba como una abeja. Esa imprevisibilidad no era un personaje: era su cerebro. Lo que su vida nos dice sobre el TDAH y el carisma.
La curiosidad insaciable de Feynman: bongos, cerraduras y Nobel
Richard Feynman tocaba los bongos, abría cerraduras por diversión y ganó el Nobel de Física. Su cerebro no tenía un solo modo: los tenía todos a la vez.