El aburrimiento de un verano demasiado largo con TDAH
Las primeras dos semanas de vacaciones son geniales. Las siguientes cuatro son un desierto de estímulos. El verano largo con TDAH no es descanso, es aburrimiento existencial.
Las primeras dos semanas de vacaciones son geniales.
Duermes hasta tarde. No hay alarmas. No hay reuniones. No hay nadie diciéndote qué hacer ni cuándo hacerlo. Te levantas, desayunas sin prisa, ves una serie, sales a pasear. Libertad absoluta.
Y entonces llega la tercera semana.
Ya has visto todo lo que querías ver. Has dormido tanto que tu cuerpo ya no sabe qué hora es. No tienes plan. No tienes estructura. No tienes nada que hacer y, paradójicamente, tampoco tienes ganas de hacer nada. Pero estás inquieto. Aburrido. Con esa sensación de que algo falta, pero no sabes qué.
Enhorabuena. Has descubierto el verano largo con TDAH.
¿Por qué me aburro en verano si tengo TDAH?
Porque tu cerebro vive de estímulos. Y el verano, pasadas las primeras semanas de novedad, es el lugar donde los estímulos van a morir.
Durante el curso, el trabajo, la rutina, tu cabeza tiene de dónde tirar. Aunque te quejes de las obligaciones, esas obligaciones le dan a tu cerebro algo que procesar. Un deadline. Una reunión. Un problema que resolver. Dopamina de supervivencia, pero dopamina al fin y al cabo.
Cuando todo eso desaparece, tu cerebro se queda mirando al vacío como un niño al que le quitan la consola y le dicen "sal a jugar fuera" un martes de agosto a las cuatro de la tarde con 42 grados.
No es que no te guste descansar. Es que tu cerebro no sabe descansar sin apagarse del todo. Y entre "a mil por hora" y "modo catatónico" no hay término medio. Es como un interruptor con dos posiciones: on y off. Sin regulador de intensidad.
El julio sin rutinas con TDAH ya es complicado. Pero agosto es otro nivel. Porque en julio todavía tenías inercia. Todavía recordabas lo que era tener horarios. En agosto, esa inercia ya se ha esfumado.
El aburrimiento que no se cura con nada
Lo peor del aburrimiento con TDAH no es que no tengas nada que hacer.
Es que tienes cien cosas que podrías hacer y ninguna te apetece.
Podrías leer ese libro que llevas meses queriendo empezar. Podrías aprender algo nuevo. Podrías salir, quedar con alguien, hacer deporte. Pero tu cerebro mira todas esas opciones y dice "no". Sin motivo. Sin explicación. Simplemente no.
Y ahí es donde empieza el bucle. Te aburres, así que buscas algo que te estimule. Abres el móvil. Treinta minutos de TikTok. Te aburres del móvil. Abres la nevera. No tienes hambre pero comes algo. Te aburres de comer. Vuelves al sofá. Miras al techo. Son las cinco de la tarde y sientes que llevas despierto tres días.
Es la búsqueda de novedad con TDAH en su versión más desesperada. Tu cerebro necesita algo nuevo, algo que encienda esa chispa, pero el verano largo se ha convertido en una repetición infinita del mismo día.
Lunes. Calor. Nada que hacer. Martes. Calor. Nada que hacer. Miércoles. ¿Sabes qué? Ya ni miras qué día es.
Cuando el aburrimiento se convierte en otra cosa
Aquí es donde la cosa se pone seria.
Porque el aburrimiento prolongado con TDAH no se queda en aburrimiento. Muta. Se transforma en irritabilidad, en culpa, en esa voz que te dice "todo el mundo está disfrutando del verano y tú estás aquí tirado sin hacer nada, ¿qué te pasa?".
La gente sin TDAH se aburre y busca un plan. Tú te aburres y entras en un agujero donde el aburrimiento se mezcla con la frustración de no poder salir del aburrimiento. Es recursivo. Es agotador. Y desde fuera parece que eres un vago que no quiere hacer nada cuando en realidad tu cerebro está librando una guerra silenciosa contra la falta de dopamina.
Tus amigos te dicen "pues haz algo". Gracias. No se me había ocurrido. Es como decirle a alguien que tiene insomnio "pues duerme". El consejo más inútil del mundo envuelto en buena intención.
¿Y qué haces con un verano demasiado largo?
No te voy a decir que hagas una lista de actividades y la sigas al pie de la letra. Porque si pudieras hacer eso, probablemente no estarías leyendo esto.
Lo que sí funciona es meter estructura mínima. No un horario de oficina. Tres cosas:
Un ancla por la mañana. Algo que haces siempre a la misma hora. Puede ser un café en un sitio concreto. Puede ser salir a andar veinte minutos. Puede ser sentarte a escribir sin objetivo. Da igual qué. Lo que importa es que sea predecible. Tu cerebro necesita al menos un punto fijo para no flotar a la deriva.
Un proyecto de verano. Algo que te interese lo suficiente como para darle vueltas. No tiene que ser productivo. No tiene que ser útil. Puede ser aprender a hacer pan, montar un puzzle de tres mil piezas o grabar vídeos absurdos con el móvil. Lo que necesitas es un hilo del que tirar cuando tu cerebro diga "me aburro". Algo a lo que volver.
Contacto social aunque no te apetezca. Porque con TDAH y aburrimiento prolongado, la tendencia natural es aislarte. Y el aislamiento empeora todo. No tienes que irte de fiesta todos los días. Pero queda con alguien una vez a la semana. Sal de tu cueva. Habla con otro ser humano que no sea el repartidor de Glovo.
Son vacaciones sin plan pero con tres postes clavados en el suelo para que la tienda de campaña no salga volando.
El verano no es el problema
El verano es un amplificador. Coge todo lo que tu cerebro ya hace mal y le sube el volumen. La falta de estructura, la búsqueda constante de estímulos, la dificultad para autorregularte. Todo eso ya estaba ahí. Pero en septiembre tenías un jefe, unos horarios y un calendario de entregas que lo disimulaban.
En verano no hay nada que lo disimule. Y eso, aunque es incómodo, tiene una ventaja: te enseña cómo funciona tu cerebro de verdad. Sin muletas. Sin compensaciones externas. En crudo.
Si usas esa información bien, septiembre puede ser distinto. No porque el verano te haya "curado" de nada, sino porque ahora sabes dónde están los agujeros. Y puedes prepararte antes de caer en ellos otra vez.
Mientras tanto, no te machaques por estar aburrido en agosto. Tu cerebro no está roto. Solo está pidiendo combustible en una gasolinera que lleva cerrada desde julio.
---
Si quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro más allá del aburrimiento veraniego, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información que cualquier artículo. 10 minutos, gratis, y sin email obligatorio.
Sigue leyendo
Olvidar tomar la medicación para el TDAH: la ironía definitiva
Tienes TDAH. Te recetan pastillas para el TDAH. Las olvidas. Porque tienes TDAH. El círculo más absurdo de la neurología.
Estudiar en mayo con TDAH: el sol llama y tu cerebro contesta
Mayo, buen tiempo y exámenes. Tu cerebro con TDAH elige terrazas antes que apuntes. Por qué pasa y qué puedes hacer para no hundirte.
La vergüenza secreta de enero con TDAH: todos avanzan y tú sigues arrancando
Instagram lleno de transformaciones. Tú en pijama a las 3. La vergüenza de enero con TDAH es silenciosa, brutal y tiene explicación.
Medicación TDAH y Seguridad Social en España: qué cubre y qué no
Te recetan medicación para el TDAH y descubres que la Seguridad Social en España tiene sus propias reglas. Qué cubre, qué no y cómo gestionarlo.