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Vacaciones sin plan: la libertad que genera ansiedad con TDAH

No tienes plan, puedes hacer lo que quieras. Y justo eso paraliza tu cerebro TDAH. Por qué la libertad total genera ansiedad.

tdah

No tienes plan. Nadie te dice qué hacer. Puedes hacer lo que quieras.

Y exactamente eso es el problema.

Primer día de vacaciones. Abres los ojos, miras el techo, y tu cerebro ya está haciendo inventario: "Podríamos ir a la playa. O quedarnos. O hacer esa excursión que vimos en Instagram. O leer. O no hacer nada. O hacer todo."

Son las 9 de la mañana y ya estás agotado.

No has movido un dedo, pero tu cabeza lleva veinte minutos simulando catorce futuros posibles, descartándolos todos, y volviendo a empezar. La gente normal se despierta en vacaciones y simplemente existe. Tú te despiertas en vacaciones y entras en modo hoja de cálculo mental sin fórmulas ni filtros.

¿Por qué la libertad total genera ansiedad con TDAH?

Porque un cerebro con TDAH necesita estructura como un motor necesita carril.

En el día a día, aunque te quejes del trabajo, del horario, de la rutina, hay algo que no ves: todo eso te da un marco. Sabes a qué hora levantarte. Sabes qué viene después de qué. Tu cerebro no tiene que decidir desde cero cada segundo. Solo tiene que seguir el guion, aunque el guion sea aburrido.

Llegan las vacaciones y alguien arranca el guion de tus manos. Te dice "haz lo que quieras". Y tu cerebro, que ya de por sí no puede elegir cuando tiene demasiadas opciones, se queda mirando al vacío como un programa que se ha quedado colgado.

No es pereza. No es que no quieras disfrutar. Es que tu cerebro necesita un punto de partida, y "puedes hacer literalmente cualquier cosa" no es un punto de partida. Es un laberinto sin paredes.

¿Qué pasa cuando no hay plan?

Pasa lo de siempre que un cerebro TDAH se enfrenta a campo abierto: parálisis.

Tienes tantas opciones que ninguna genera suficiente dopamina para ponerte en marcha. Así que te quedas en el sofá mirando el móvil. Pasan dos horas. Ahora ya es "demasiado tarde" para ir a la playa. Pero "demasiado pronto" para comer. Te sientes culpable por no estar aprovechando. Buscas algo que hacer. No decides. Más culpa. Más parálisis.

Y mientras tanto, tu pareja, tu familia o tus amigos están ahí diciendo "¿qué hacemos?" y tú quieres gritar que no sabes, que tu cerebro es un navegador con 47 pestañas abiertas y ninguna cargando.

Lo peor es que lo ves desde fuera. Sabes que estás desperdiciando el día. Sabes que deberías estar disfrutando. Y esa distancia entre lo que sabes y lo que puedes hacer es exactamente donde vive la ansiedad.

¿Y si planifico todo al detalle?

Aquí viene la trampa. Porque la solución obvia es "pues haz un plan". Y sí, un plan ayuda. Pero si has intentado planificar vacaciones con TDAH, sabes que eso se convierte en un trabajo a tiempo completo.

Porque no planificas normal. Planificas como si estuvieras organizando una misión espacial. Abres Google Maps, comparas restaurantes, lees 85 reseñas, montas una hoja de cálculo con horarios, distancias y planes B. Te pasas tres días planificando un viaje de cuatro. Y cuando llegas, estás tan cansado de planificar que no quieres hacer nada de lo que planificaste.

El cerebro TDAH no tiene término medio con la estructura. O toda o ninguna. O planifica como un general del ejército o se queda en modo pantalla en blanco. Y las dos opciones agotan.

¿Entonces qué hago?

Lo que a mí me funciona es algo que llamo "estructura mínima viable". Es lo justo para que tu cerebro tenga un carril, pero no tanto como para que te asfixie.

Tres cosas la noche antes. Solo tres. "Mañana quiero ir a ese sitio, comer por esa zona, y a las 7 ya estar de vuelta." Ya está. No necesitas más. Tres puntos de anclaje y el resto se rellena solo.

Tu cerebro no necesita un plan completo. Necesita un primer paso claro. Algo que le diga "empieza por aquí". Porque una vez que empiezas, el TDAH hace el resto. El problema nunca fue hacer cosas. El problema siempre fue arrancar.

Y si un día no haces las tres cosas, da igual. No es un fracaso. Es un día de vacaciones donde simplemente pasó otra cosa. Pero al menos tenías un punto de partida, y eso es más de lo que tiene el 90% de los días sin estructura.

¿Por qué nadie habla de esto?

Porque suena ridículo. "Estoy de vacaciones y tengo ansiedad porque no tengo plan." Dicho así parece un problema de pijo. Un capricho. Un drama de primer mundo.

Pero si tienes TDAH, sabes que no es un capricho. Sabes que esa sensación de parálisis ante la libertad total es real. Que las vacaciones a veces agotan más que el trabajo. Que necesitar estructura no es debilidad, es cómo funciona tu cerebro.

Y lo más importante: no estás solo en esto. No eres el único que necesita un mínimo de guion para funcionar. No eres raro, no eres exagerado, no eres difícil. Tienes un cerebro que funciona diferente. Y cuanto antes lo aceptes, antes dejas de pelearte con las vacaciones y empiezas a disfrutarlas.

Aunque sea con tres puntos escritos en la nota del móvil a las 11 de la noche.

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