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¿Y si me han diagnosticado mal? La duda eterna del TDAH

Ya tienes el diagnóstico. Pero hay días que piensas si realmente tienes TDAH o te lo inventaste. La duda post-diagnóstico es más común de lo que crees.

tdah

Ya te han diagnosticado.

Tienes el papel. El informe. El sello del psiquiatra. Las palabras "Trastorno por Déficit de Atención con Hiperactividad" escritas en un documento oficial con membrete y todo.

Y aun así, hay días en que te miras al espejo y piensas: "¿Y si no lo tengo? ¿Y si simplemente soy vago y encontré una excusa bonita?"

Bienvenido al club. Somos muchos. Y no hay camiseta.

¿Es normal dudar de tu propio diagnóstico de TDAH?

Más de lo que te imaginas.

Porque el TDAH tiene una trampa que no tiene casi ningún otro diagnóstico: los síntomas son cosas que todo el mundo hace. Todo el mundo se distrae. Todo el mundo procrastina. Todo el mundo olvida las llaves de vez en cuando.

Y tu cerebro, que lleva toda la vida comparándote con los demás, te dice: "Ves, no eres especial. Solo eres un desastre normal que ha encontrado una etiqueta cómoda."

Es como si te diagnosticaran alergia al polen y alguien te dijera "bah, a todo el mundo le pica la nariz en primavera". Sí, a todo el mundo le pica. Pero no todo el mundo se hincha como un globo y necesita medicación para respirar.

La diferencia no es el síntoma. Es la intensidad. La frecuencia. El impacto en tu vida. Pero eso tu cerebro no lo ve. Tu cerebro ve que ayer tuviste un día productivo y concluye que el TDAH no existe.

¿Por qué el TDAH te hace dudar del propio TDAH?

Porque es inconsistente. Y la inconsistencia genera desconfianza.

Si tuvieras TDAH "de verdad" (piensas), serías incapaz de concentrarte SIEMPRE. Pero hay días que te sientas y trabajas cuatro horas seguidas sin despegarte de la silla. Hay tardes que lees un libro entero. Hay semanas que lo clavas todo.

Y entonces piensas: "Si puedo hacerlo a veces, es que puedo hacerlo siempre. Y si no lo hago siempre, es que no me da la gana."

Eso tiene un nombre. Se llama hiperenfoque. Y es precisamente uno de los síntomas del TDAH. Tu cerebro no es que no pueda concentrarse. Es que no puede elegir en qué se concentra. Cuando algo le interesa, va a tope. Cuando no, se apaga como un televisor viejo al que le dan un golpe.

Pero claro, nadie te cuenta eso. Nadie te dice que el TDAH no es un interruptor de encendido/apagado. Es más bien un enchufe suelto que a veces hace contacto y a veces no, y tú nunca sabes cuándo va a pasar.

¿Y si la duda viene de fuera?

A veces no eres tú quien duda. Son los demás.

"Pero si tú sacaste la carrera." "Pero si tú trabajas mogollón." "Pero si no pareces hiperactivo." "A mí también me pasa, ¿eh? Y no tengo TDAH."

Cada comentario de estos es una piedrecita. Una sola no pesa. Pero se van acumulando. Y un día te pillas cargando una mochila entera de piedrecitas que no son tuyas, dudando de algo que un profesional ya te ha confirmado.

Lo peor es que muchas veces viene de gente que te quiere. No lo hacen con mala intención. Simplemente no entienden que el TDAH no es "ser despistadillo". Es un cerebro que funciona con dopamina, no con disciplina, y que lleva toda la vida compensando a un coste que nadie ve.

Porque eso es lo que hacemos. Compensar. Crear sistemas, rutinas, alarmas, listas, recordatorios. Gastamos el triple de energía para llegar al mismo sitio que los demás. Y cuando llegamos, la gente dice "ves, no era para tanto". Sin ver todo lo que hay detrás.

¿Cuándo la duda se convierte en problema?

Cuando dejas de hacer cosas que te ayudan.

Conozco a gente que dejó la medicación porque "igual no la necesito de verdad". Gente que dejó de ir al psicólogo porque "seguro que es solo que soy desorganizado". Gente que empezó a esconder el diagnóstico por vergüenza, por miedo a que descubrieran que no podían con todo.

Y al cabo de tres meses estaban otra vez en el mismo punto: tareas sin entregar, proyectos abandonados, relaciones tensas, y esa sensación de "algo está mal pero no sé qué".

Resulta que sí lo sabías. Lo ponía en un informe con membrete.

La duda puntual es normal. Sana, incluso. Cuestionar las cosas está bien. Pero cuando la duda te paraliza y te hace retroceder, ya no es duda. Es el síndrome del impostor con bata de médico. Tu cerebro haciéndote creer que no mereces la ayuda que necesitas.

¿Qué hago con esta duda?

Primero: no pelearla.

No intentes convencerte de que tienes TDAH como si fuera un debate de Twitter. La duda va a venir. Sobre todo los días buenos, cuando todo funciona y tu cerebro dice "ves, estás bien, era cuento".

Déjala pasar. Como cuando estás en la cama y oyes un ruido raro en la cocina. Puedes levantarte a mirar cada vez, o puedes aceptar que la nevera hace ruidos y seguir durmiendo.

Segundo: mira los patrones, no los días sueltos. Un día bueno no anula un trastorno. Un día malo no lo confirma. Lo que importa es el patrón. La historia de tu vida. Los años de tropezarte con lo mismo una y otra vez sin entender por qué.

Tercero: habla con gente que entienda. Otros adultos diagnosticados. Tu psicólogo. Alguien que no te diga "eso les pasa a todos". Porque sí, les pasa a todos. Pero no así. No con esta intensidad. No con este coste.

Y cuarto: recuerda por qué fuiste al profesional en primer lugar. No fuiste por capricho. No fuiste porque estaba de moda. Fuiste porque algo no funcionaba y necesitabas respuestas.

Las respuestas ya las tienes. Lo que falta es creértelas.

Tu cerebro no es defectuoso. Funciona diferente. Y la duda que sientes no es evidencia de que el diagnóstico esté mal. Es evidencia de que llevas tantos años diciéndote que el problema eras tú, que te cuesta aceptar que no lo era.

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