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Adoptar una mascota con TDAH: la hiperfoco que ladra

Investigas razas 3 semanas, compras todo, el perro duerme contigo. En un mes la rutina del paseo te pesa. Adoptar mascota con TDAH es así.

tdah

Investigaste razas durante tres semanas.

Leíste foros, comparaste tamaños, viste vídeos de golden retrievers haciendo cosas adorables a las 2 de la mañana. Hiciste una hoja de cálculo con pros y contras de cada raza. Te gastaste 200 euros en accesorios antes de tener al animal. Cama ortopédica, comedero de acero inoxidable, tres tipos de correa, un arnés con el nombre bordado que tardó 8 días en llegar.

El perro duerme en tu cama desde el primer día.

Y tú estás feliz. Radiante. La mejor decisión de tu vida. Lo sacas a pasear tres veces al día, le haces fotos para Instagram, le hablas como si te entendiera (y probablemente te entiende mejor que la mayoría de personas).

Un mes después la alarma del paseo de las 7 de la mañana suena y piensas "cinco minutitos más". Cinco minutitos se convierten en cuarenta. El perro te mira desde la puerta con cara de "tío, habíamos quedado". Y tú te sientes fatal. Otra vez.

Bienvenido a adoptar una mascota con TDAH. El amor más intenso y la logística más caótica que vas a vivir.

¿Es buena idea adoptar una mascota si tienes TDAH?

Sí. Y no. Y depende.

Es la respuesta más frustrante del mundo, lo sé. Pero es la honesta.

Una mascota puede ser lo mejor que le pase a un cerebro con TDAH. Y también puede ser una fuente de culpa constante si no te preparas para lo que viene después del enamoramiento.

Porque eso es exactamente lo que pasa. Empiezas diez cosas y no terminas ninguna. No por vago, no por irresponsable. Sino porque tu cerebro tiene un sistema de motivación que funciona con dopamina, no con disciplina. Y la novedad es dopamina pura.

Un cachorro es novedad.

La primera semana con un cachorro es como un chute de dopamina las 24 horas. Todo es nuevo: los ladridos, las patitas, la forma en que se queda dormido en tu regazo. Tu cerebro está encendido. Hiperfocado. Eres el mejor dueño del mundo.

El problema no es la primera semana. Es la semana veinte. Cuando el paseo de las 7 ya no es novedad sino rutina. Cuando la visita al veterinario es burocracia. Cuando recoger la caca en la acera con una bolsita un martes lluvioso de noviembre no genera absolutamente ninguna dopamina.

Y ahí es donde el TDAH te la juega.

¿Por qué las mascotas son tan adictivas para el cerebro TDAH?

Porque son impredecibles. Porque son emocionales. Porque te quieren sin condiciones y sin juzgarte por haber dejado tres proyectos a medias esta semana.

Un perro no te dice "otra vez se te olvidó". Un gato no te mira con decepción cuando llegas tarde. Bueno, un gato te mira con decepción siempre, pero eso ya es otra historia.

Las mascotas funcionan como ancla emocional para el cerebro TDAH. Te sacan de tus bucles mentales. Es difícil seguir dándole vueltas a ese email que no contestaste cuando tienes un animal pidiendo atención con la pelota en la boca y la cola a mil revoluciones.

Te regulan sin que te des cuenta. Te obligan a levantarte, a salir, a estar presente. Y para un cerebro que vive entre el pasado y el futuro sin pisar nunca el presente, eso vale oro.

Pero (y esto es importante) eso no significa que sea fácil.

La rutina es el jefe final

Si el TDAH fuera un videojuego, la rutina sería el jefe final. El que te mata una y otra vez. El que parece sencillo pero tiene una mecánica oculta que te destroza.

Los perros necesitan rutina. Paseos a la misma hora. Comida a la misma hora. Veterinario cada X meses. Desparasitación. Vacunas. Uñas. Baños.

¿Sabes quién es malísimo con las rutinas? Exacto.

No es que no quieras hacerlo. Es que tu cerebro no registra "paseo de las 7" como algo urgente. No hay deadline. No hay consecuencia inmediata visible. Y un cerebro TDAH sin urgencia es un cerebro que se queda en la cama pensando "luego lo hago".

El perro no entiende "luego". El perro entiende "ahora". Y esa desconexión entre tu cerebro y sus necesidades es la fuente número uno de culpa en dueños con TDAH.

¿Cómo sobrevivir a la adopción sin hundirte en la culpa?

Con sistemas. No con fuerza de voluntad.

La fuerza de voluntad es un recurso que se agota. Los sistemas no. Si ya sabes que se te va a olvidar el paseo, pon una alarma. Si sabes que la comida del perro se te va a pasar, pon un dispensador automático. Si sabes que el veterinario se te va a escapar, programa las citas para todo el año el mismo día que vayas a la primera.

No es hacer trampas. Es conocerte.

Tener un perro con TDAH

Algunos trucos que a mí me han servido:

La correa colgada en la puerta. Si la ves, te acuerdas del paseo. Si la guardas en un cajón, no existe.

La bolsa de pienso siempre en el mismo sitio visible. No en un armario. Visible. Tu cerebro TDAH funciona con lo que ve, no con lo que recuerda.

La alarma del paseo con un nombre ridículo. La mía se llama "EL PERRO TE NECESITA, LEVANTA". Funciona mejor que "Paseo 7:00".

Y lo más importante: perdónate cuando falles. Porque vas a fallar. Vas a llegar tarde al paseo. Se te va a olvidar comprar pienso. Vas a posponerlo todo un martes que tengas la cabeza en otro planeta.

Eso no te convierte en mal dueño. Te convierte en humano con un cerebro que funciona diferente.

La mascota no te arregla, pero te acompaña

Hay gente que adopta una mascota pensando que le va a curar el TDAH. Que la rutina obligada le va a "disciplinar". Que el perro le va a enseñar a ser constante.

No funciona así.

Una mascota no es terapia. Es compañía. Es un ser vivo que depende de ti y que, a cambio, te da algo que pocos humanos saben dar: presencia sin juicio.

Y eso, para alguien que lleva toda la vida sintiéndose juzgado por no funcionar como se supone que debería funcionar, es más valioso de lo que parece.

Adoptar una mascota con TDAH es caótico. Es desordenado. Es levantarte a las 6 porque el gato ha decidido que hoy desayuna antes. Es encontrar un calcetín mordido debajo del sofá. Es sentir culpa un martes y felicidad absoluta un miércoles.

Pero también es tener a alguien que te mira cuando entras por la puerta como si fueras lo mejor que le ha pasado en el día. Todos los días. Sin excepción.

Y eso, para un cerebro que funciona a base de intensidad, es la hiperfoco más bonita que existe.

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