Ser militar con TDAH: estructura impuesta y el cerebro que la agradece
Horarios fijos, órdenes claras, rutina inamovible. El ejército es lo opuesto al caos del TDAH. Y algunos cerebros funcionan mejor ahí dentro.
Horarios fijos, órdenes claras, rutina inamovible. El ejército es lo contrario al caos del TDAH. Y por eso, paradójicamente, algunos cerebros con TDAH funcionan mejor dentro que fuera.
Conozco a un chaval que suspendió tres veces segundo de Bachillerato. No por tonto. Por disperso. Se levantaba cada mañana sin saber qué hacer primero, se ponía a estudiar y a los diez minutos estaba viendo vídeos de ovnis en YouTube. Su madre decía que era vago. Su tutor decía que le faltaba motivación. Él decía que no sabía qué le pasaba.
A los 20 se metió en el ejército.
Y de repente, el tío que no podía ni aprobar filosofía empezó a funcionar como un reloj suizo. Se levantaba a las 6 sin rechistar. Hacía lo que le mandaban, cuando se lo mandaban, en el orden que se lo mandaban. Y no solo no le costaba: le aliviaba.
Su cerebro no había cambiado. Lo que cambió fue el entorno.
¿Puede funcionar un cerebro con TDAH dentro de la disciplina militar?
No solo puede. A veces es donde mejor funciona.
Y suena contradictorio. Porque si tienes TDAH, lo tuyo es el caos, ¿no? La improvisación, la creatividad, el desorden creativo. ¿Cómo vas a encajar en un sitio donde te dicen a qué hora te levantas, a qué hora comes, a qué hora respiras y a qué hora duermes?
Pues precisamente por eso.
El cerebro con TDAH tiene un problema gordo con las funciones ejecutivas. Planificar, priorizar, decidir qué hacer primero, gestionar el tiempo. Tu cerebro funciona con dopamina, no con disciplina. Y cuando tú tienes que montar toda esa estructura desde cero, cada mañana, sin ayuda, tu cerebro se colapsa antes de empezar.
Pero cuando alguien te da la estructura hecha, cuando las decisiones ya están tomadas y tú solo tienes que ejecutar, desaparece la parte que más energía te consume.
No tienes que decidir a qué hora levantarte. Ya está decidido. No tienes que decidir qué hacer primero. Ya está decidido. No tienes que decidir cuándo parar. Ya está decidido.
Tu cerebro se libera de la carga de planificar y puede dedicarse a hacer. Que es donde muchos cerebros con TDAH brillan.
¿Por qué la rutina impuesta funciona mejor que la autoimpuesta?
Porque la autoimpuesta depende de ti. Y tu cerebro negocia contigo.
Es como cuando te pones una rutina matutina con TDAH. El lunes la cumples. El martes también. El miércoles tu cerebro dice "hoy no me apetece" y empiezas a negociar. "Bueno, me salto la meditación y arranco directamente". El jueves ya te levantas media hora más tarde. El viernes la rutina ha muerto.
En el ejército no negocias. No hay opción. La rutina no es una sugerencia, es una orden. Y tu cerebro, que es un experto en buscar atajos y escapatorias, se queda sin margen de maniobra.
Eso que suena a cárcel para muchas personas es libertad para un cerebro con TDAH. Libertad de no tener que decidir todo el rato. Libertad de no fallar por falta de estructura, sino funcionar porque alguien te la dio.
No todo es perfecto
Que quede claro: no estoy diciendo que el ejército sea la solución al TDAH. No es terapia. No es tratamiento. Y hay partes de la vida militar que pueden ser un infierno para un cerebro con TDAH.
Las tareas repetitivas sin estímulo, por ejemplo. Vigilar una puerta durante cuatro horas sin que pase nada. Limpiar el mismo pasillo por tercera vez en el día. Escuchar una charla de seguridad de dos horas que podrías resumir en cinco minutos.
Ahí el cerebro con TDAH se apaga como un ordenador sin batería. Porque la estructura ayuda, pero la estructura sin dopamina sigue siendo un problema.
Y luego está el tema de la impulsividad. El TDAH no solo es inatención. También es soltar lo primero que se te pasa por la cabeza, actuar sin pensar, tomar decisiones en caliente. En un contexto militar, eso puede ser un problema serio.
Pero los que encuentran su hueco, los que están en unidades con acción, con retos, con variedad dentro de la estructura, suelen florecer. Porque tienen lo mejor de los dos mundos: un marco claro que les sujeta y suficiente estímulo para que su cerebro no se desconecte.
¿Qué puedes aprender de esto aunque no seas militar?
Mucho.
La lección de fondo no es "alístate en el ejército". Es que tu cerebro con TDAH no necesita más fuerza de voluntad. Necesita más estructura externa.
Cuando un cerebro con TDAH funciona bien en el ejército, no es porque se haya curado. Es porque el entorno compensa lo que el cerebro no puede hacer solo. Y eso lo puedes replicar en tu vida civil.
Rutinas fijas que no dependan de tu motivación del día. Alarmas que te digan cuándo cambiar de tarea. Alguien que te pida cuentas. Adaptaciones laborales que eliminen las decisiones innecesarias de tu jornada.
No se trata de que alguien te grite a las 6 de la mañana. Se trata de que tu entorno haga el trabajo que tu cerebro no puede hacer por sí solo. Que la estructura no dependa de tu memoria, de tu motivación ni de tu estado de ánimo.
No necesitas un sargento. Necesitas entender por qué funcionabas mejor con uno. Y construir tus propios sistemas a partir de ahí.
Porque tu cerebro con TDAH no es defectuoso. Funciona diferente. Y a veces lo único que necesita es un entorno que le diga exactamente qué hacer y cuándo. Sin esperar a que él lo descubra solo.
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