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El miedo a que descubran que no puedes con todo: TDAH y síndrome del impostor

Llevas años compensando, disimulando y trabajando el doble. Con TDAH, el síndrome del impostor no es solo percepción: hay cosas reales que se te escapan.

tdah

El miedo no viene de golpe.

Viene acumulado. Viene de años fingiendo que tienes todo bajo control cuando por dentro sabes que en cualquier momento alguien va a mirar demasiado de cerca y va a descubrir que no. Que detrás del exterior organizado hay un sistema improvisado que se sostiene con cinta de carrocero y mucha cara dura.

Y lo peor es que no lo vives como ansiedad. Lo vives como certeza.

No piensas "tengo miedo de que me descubran". Piensas "es cuestión de tiempo". Es diferente.

¿Por qué el síndrome del impostor con TDAH no es lo mismo que el del resto?

El síndrome del impostor clásico es la sensación de no merecer tus logros. Crees que has tenido suerte. Que la gente sobreestima tus capacidades. Que en realidad no eres tan bueno como piensan.

Con TDAH, eso existe. Pero hay una capa extra que lo hace más complicado.

Porque no es solo percepción. Hay cosas reales que se te escapan.

Olvidaste aquella reunión importante. Entregaste ese proyecto con errores que no viste porque lo hiciste a las 2 de la madrugada con el cerebro a medias. Te perdiste en medio de una conversación crucial y respondiste algo que no tenía nada que ver. No es que lo hagas de vez en cuando. Es que pasa con una frecuencia suficiente como para que el miedo tenga base real.

El resto de las personas con síndrome del impostor puede decirse "no, en realidad soy capaz, solo tengo que creerlo más". Tú te dices eso y al día siguiente haces algo que confirma tus peores sospechas.

Eso es lo que lo hace tan agotador.

El sistema de compensación que nadie ve

Llevas años construyendo un sistema invisible.

Llegas antes que nadie para prepararte más. Revisas dos veces lo que el resto revisa una. Repasas conversaciones en tu cabeza para asegurarte de que no dijiste nada raro. Escribes todo en notas porque sabes que si no lo apuntas desaparece. Preguntas cosas que ya te explicaron porque no puedes reconocer que no estuviste presente en ese momento.

Y funciona. O funciona lo suficiente como para que nadie vea lo que hay detrás.

El problema es que ese sistema te cuesta el doble de energía que a cualquier otra persona el mismo trabajo. Y nadie lo ve. Lo que la gente ve es el resultado. No el andamiaje. No las horas extra que metiste para llegar al mismo sitio. No el estado de tu cabeza cuando llegas a casa después de haber mantenido la actuación todo el día.

El agotamiento de fingir normalidad con TDAH

El éxito como trampa

Esto es lo que nadie cuenta sobre el síndrome del impostor con TDAH: que el éxito no lo cura. Lo empeora.

Cuando las cosas te van bien, el miedo no desaparece. Se transforma. Ya no es "van a descubrir que soy un fraude". Es "van a descubrir que todo esto fue suerte y que no puedo mantenerlo".

Porque hay algo en el cerebro TDAH que no sabe registrar los logros como suyos. Algo salió bien, pero tu cabeza encuentra la explicación externa: las circunstancias, la ayuda que recibiste, el momento en que te vino la inspiración. No tú. O tú, pero de casualidad. No porque seas capaz de repetirlo.

Y la sensación de fragilidad que eso genera es específica. No es modestia. Es terror de que la próxima vez el sistema falle y quede al descubierto que las veces anteriores fueron accidente.

Compararte con los demás cuando tienes TDAH

Lo que se esconde detrás del "casi"

Hay una variante del síndrome del impostor con TDAH que tiene su propio nombre en mi cabeza: el síndrome del casi.

Casi llegué. Casi lo terminé. Casi tenía todo listo. Casi lo dije bien.

Ese "casi" constante es lo que genera la sensación de que estás perpetuamente a punto de ser descubierto. Porque no es que no hagas las cosas. Es que siempre hay una brecha entre lo que intentas y lo que sale. Una brecha pequeña que para cualquier otra persona sería ruido de fondo. Para ti es la prueba de que no eres tan bueno como dicen.

El síndrome del casi con TDAH

El momento en que el sistema falla

En algún momento, el andamiaje cede.

Puede ser un error grande que no puedes esconder. Una fecha que olvidaste. Un compromiso que no cumpliste. Una situación en la que tu cerebro desapareció justo cuando más lo necesitabas y todos lo vieron.

Y en ese momento, lo que sientes no es proporcional al error. Es desproporcionado. Porque no estás procesando ese error solo. Estás procesando todo lo que ese error confirma sobre ti. Años de sospechas resumidos en un momento.

Eso es lo que hace que la vergüenza con TDAH sea tan pesada. No es vergüenza por lo que pasó. Es vergüenza por lo que eso demuestra que siempre has sido.

Y ahí es donde el síndrome del impostor se vuelve peligroso. Porque deja de ser una creencia sobre tus logros y se convierte en una creencia sobre tu identidad. No es "no merezco este logro". Es "no merezco estar aquí".

No es humildad. Es una carga que llevas solo.

Hay gente que confunde el síndrome del impostor con modestia. Que dice "qué bien que no te creas el mejor". No. No es lo mismo.

La modestia es no presumir de lo que sabes que tienes. El síndrome del impostor es no poder disfrutar de nada porque estás demasiado ocupado esperando que todo se derrumbe.

Es una carga silenciosa. Trabajas más para compensar. Te preparas más para no fallar. Revisas más para no cometer errores. Y todo ese trabajo extra no te da confianza. Solo te da una sensación provisional de que esta vez quizá no te descubran.

Hasta la próxima.

Lo curioso es que la mayoría de la gente que te rodea no tiene ni idea de que esto pasa. Ven a alguien competente, preparado, que se esfuerza. No ven el coste de eso. No ven que detrás de cada cosa que sale bien hay una batalla interna que nadie sabe que estás librando.

Eso hace que sea difícil hablar de ello. Porque desde fuera no parece que tengas razón para preocuparte. Y eso te hace sentir aún más impostor: "ni siquiera mi miedo es legítimo".

Entender qué pasa no lo cura, pero ayuda

No tengo una solución mágica para el síndrome del impostor con TDAH. No existe.

Lo que sí existe es entender por qué pasa. Saber que no es que seas un fraude. Es que tu cerebro ejecuta de forma diferente e impredecible, y eso hace que la confianza sea más difícil de construir. Que el andamiaje que necesitas sea más grande que el de los demás. Que la brecha entre intención y resultado sea real, no imaginada.

Eso no significa que seas incapaz. Significa que tu sistema de operación tiene unas características específicas que hacen que el impostor tenga más material con el que trabajar.

Y también significa que las cosas que has conseguido a pesar de eso son tuyas. No fueron suerte. Fueron tú funcionando con el doble de resistencia que los demás y llegando igualmente al destino. Eso no es ser un fraude. Es ser alguien que ha tenido que trabajar más duro para conseguir lo mismo.

No lo hace menos tuyo. Lo hace más.

Si lees esto y reconoces ese miedo constante a que te descubran, puede que valga la pena entender mejor cómo funciona tu cerebro. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Pero es 10 minutos para dejar de adivinar y empezar a entender.

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