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El regalo de última hora con TDAH: no es dejadez, es tu reloj interno

Sabías la fecha desde hace 3 meses. Son las 22:47 del día antes. Amazon ya no llega. No es dejadez: tu cerebro no cuenta el tiempo igual.

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Son las 22:47 del día antes. Tu pareja cumple años mañana. Amazon ya no llega a tiempo. Y tú sabías la fecha desde hace 3 meses.

Tres meses. Noventa y pico días. Más de dos mil horas. Has tenido tiempo de sobra para comprar algo con calma, envolverlo bonito, escribir una nota cursi. Y sin embargo estás en el sofá, con el móvil en la mano, buscando "tiendas abiertas 24 horas cerca de mí" como si fueras un agente secreto en una misión de rescate.

Spoiler: no hay ninguna misión de rescate. Solo hay un cerebro que no sabe contar el tiempo.

¿Por qué siempre dejo los regalos para el último momento si sé la fecha con meses de antelación?

Porque saberlo y sentirlo no es lo mismo.

Tú sabías que el cumpleaños era el 14. Lo tenías en el calendario. Probablemente alguien te lo recordó hace dos semanas. Y cuando te lo recordaron pensaste "sí, sí, tengo tiempo de sobra". Y eso fue lo último que pensaste sobre el tema.

Hasta las 22:47 de hoy.

El cerebro con TDAH tiene un problema gordo con la percepción del tiempo. No es que no te importe. Es que para tu cabeza, "el 14" es una fecha abstracta, lejana, que pertenece al futuro. Y el futuro, para un cerebro que funciona con dopamina, básicamente no existe. Solo existe ahora y no ahora. "Salgo en 5 minutos" y luego pasan 45. Queda una semana y te parece una eternidad. Queda una hora y te parece que te han robado la vida.

Tu reloj interno no tiene agujas. Tiene un interruptor de dos posiciones: "hay tiempo" y "ya no hay tiempo". Y ese interruptor solo se activa cuando la urgencia te pega un bofetón en la cara.

El ciclo del regalo desesperado

Fase 1: Sabes la fecha. Te sientes tranquilo. Piensas "este año lo hago bien, compro algo con tiempo".

Fase 2: Pasan los días. No haces nada. No porque no quieras. Sino porque tu cerebro no te manda la señal de "muévete" porque no percibe urgencia.

Fase 3: Alguien menciona la fecha. Piensas "ah, es verdad, tengo que comprar algo". Lo apuntas mentalmente. Tu cerebro lo archiva en la carpeta de "cosas que haré mañana" y tira la llave.

Fase 4: La noche de antes. Pánico. Sudor frío. Google. Amazon Prime. Demasiado tarde para envío rápido. Wallapop. No, eso tampoco. ¿Una tarjeta regalo? ¿Un experiencia? ¿Un "te he preparado una sorpresa que aún no ha llegado" con cara de póker?

Fase 5: Compras algo absurdo. A las 2 de la mañana, como cuando compraste la batidora industrial. O apareces con una caja de bombones del Carrefour Express que has cogido a las 8 de la mañana con la etiqueta del precio todavía puesta.

Y lo peor no es el regalo. Lo peor es la historia que te cuentas después.

La historia falsa que te repites

"Es que soy un desastre." "Es que no me importa lo suficiente." "Si de verdad quisiera a esta persona, habría comprado el regalo con tiempo."

No.

No funciona así. Tú quieres a esa persona igual que cualquiera. Probablemente más, porque la culpa que sientes demuestra que te importa una barbaridad. El problema no es el amor. El problema es que tu cerebro no convierte "me importa" en "haz algo ahora" hasta que el plazo se ha evaporado.

Es un fallo de traducción. Entre la intención y la acción hay un puente, y en tu cabeza ese puente solo se construye cuando el edificio ya está ardiendo.

¿Cómo estima el tiempo un cerebro con TDAH?

Mal. Muy mal.

Crees que algo te llevará 20 minutos y tres horas después sigues ahí

El cerebro neurotípico tiene algo parecido a un GPS temporal. Ve el destino (cumpleaños el 14), calcula la ruta (necesito comprar antes del 12 para que llegue), y va ajustando la velocidad. Va sintiendo que el tiempo pasa y que tiene que actuar.

El cerebro con TDAH tiene un mapa en blanco. Ve el destino, dice "ah, está lejos" y se pone a mirar por la ventana. Cuando vuelve a mirar el mapa, ya se ha pasado la salida.

No es falta de cariño. No es pereza. No es dejadez. Es un reloj roto que no suena hasta que ya es tarde.

Lo que ayuda (de verdad)

No voy a decirte que pongas una alarma y ya está. Si fuera tan fácil, no estarías leyendo esto.

Lo que sí funciona es externalizar el tiempo. Sacarlo de tu cabeza y ponerlo donde puedas verlo.

Un calendario con avisos que empiezan dos semanas antes. No uno. Varios. El primero dice "el cumpleaños de X es en 14 días, compra el regalo HOY". No "pronto". HOY. Porque "pronto" para tu cerebro significa "nunca".

Listas de regalos permanentes. Cuando alguien mencione que le gusta algo, apúntalo. En el móvil, en una nota, en un post-it. Así cuando llegue el momento no tienes que pensar qué comprar, solo tienes que ejecutar.

Y lo más importante: deja de castigarte. El regalo de última hora no dice nada sobre cuánto quieres a alguien. Dice mucho sobre cómo funciona tu cerebro. Y eso no es un defecto moral. Es neurología.

No eres el único en el Carrefour Express a las 8 de la mañana

Hay millones de personas haciendo exactamente lo mismo que tú. Comprando bombones a toda prisa. Improvisando cenas. Escribiendo felicitaciones en el coche aparcado frente a la casa del cumpleañero.

No son malas personas. Son cerebros que funcionan diferente.

Y la diferencia entre sentirte un desastre y entender lo que pasa es simplemente saber cómo funciona tu cabeza. Una vez que lo sabes, puedes trabajar con ella en vez de contra ella.

Que no es fácil. Pero al menos dejas de creer que eres mala persona por no haber comprado el regalo con dos semanas de antelación como hace todo el mundo normal.

Normal. Qué palabra más rara.

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