Sentirte un fraude en el trabajo con TDAH: el impostor que no para
Tu cerebro con TDAH convierte cada logro en suerte y cada error en prueba de que eres un fraude. El síndrome del impostor en el trabajo, amplificado.
Cada logro tiene asterisco.
Cada cumplido esconde una trampa. Cada vez que alguien te dice "buen trabajo", tu cerebro ya está calculando cuánto tardarán en darse cuenta de que no fue mérito tuyo. De que tuviste suerte. De que pillaste un buen día. De que cualquier otra persona habría hecho lo mismo en la mitad de tiempo.
Y lo peor no es pensarlo una vez. Lo peor es que tu cerebro con TDAH lo convierte en bucle. Un bucle que no para. Que se alimenta de cada nuevo éxito porque cada nuevo éxito es una nueva oportunidad de demostrar que, en el fondo, eres un fraude.
Bienvenido al síndrome del impostor con TDAH. La versión deluxe. La que no se apaga.
¿Por qué el TDAH amplifica el síndrome del impostor en el trabajo?
El síndrome del impostor lo puede tener cualquiera. El CEO que ha montado tres empresas. La cirujana con veinte años de experiencia. Tu compañero de trabajo que parece segurísimo de sí mismo. Es transversal y muy humano.
Pero cuando tienes TDAH, no es un visitante ocasional. Es un inquilino que tiene copia de las llaves.
Y tiene sentido. Piensa en tu historial.
Llevas toda la vida recibiendo señales de que algo falla. Profesores que te decían "si te esforzaras más". Jefes que notaban los errores pequeños que se te escapaban. Compañeros que entregaban a tiempo mientras tú ibas siempre con el agua al cuello.
Y tú compensabas. Compensabas a lo bestia. Trabajando el doble, repasando el triple, quedándote hasta tarde, llegando antes. Fingiendo que todo era normal cuando por dentro estabas reventando. Y funcionaba. Sacabas el trabajo adelante.
Pero como funcionaba a base de esfuerzo invisible, tu cerebro aprendió algo muy retorcido: que tus resultados no cuentan igual que los de los demás. Porque los demás lo hacen sin sudar. Y tú necesitas una operación militar para entregar un informe a tiempo.
Así que cuando alguien te felicita, tu cabeza traduce automáticamente: "Si supieran cómo lo he hecho, no me felicitarían. Me tendrían lástima."
La trampa del error desproporcionado
Hay otro mecanismo que la gente sin TDAH no entiende.
Con TDAH, cometes errores por descuido. Pequeños, tontos, evitables. Un cero de más en una hoja de cálculo. Un nombre mal escrito en un email a un cliente. Un archivo adjunto que se te olvida. Cosas que tu cerebro simplemente salta porque estaba en otra galaxia en ese momento.
Y esos errores, para el resto del mundo, son menores. Normales. Cosas que le pasan a todo el mundo.
Pero para ti no. Para ti cada error es una prueba. Evidencia en el caso que tu cerebro lleva construyendo desde que tienes memoria: el caso de que no eres suficiente.
Un acierto es suerte. Un error es la verdad.
Así funciona el impostor con TDAH. Las reglas del juego están trucadas. No puedes ganar porque tu cerebro descarta las victorias y colecciona las derrotas.
El papel de la memoria selectiva
Otro regalo del TDAH: la memoria de trabajo, esa que te permite retener información relevante en el momento, es un desastre.
¿Sabes lo que eso significa para el síndrome del impostor?
Que no te acuerdas de tus logros. Literalmente.
Te acuerdas del error del martes. Te acuerdas de la cara de tu jefe cuando llegaste tarde. Te acuerdas del email que no contestaste. Pero el proyecto que sacaste adelante el mes pasado, ese que el equipo celebró, ya se ha borrado de tu disco duro.
Es como llevar un currículum donde solo aparecen los fracasos. Y con ese currículum en la mano, intenta convencerte de que mereces estar donde estás.
No puedes. Tu cerebro no tiene los datos. O los tiene, pero enterrados debajo de cuarenta capas de autocrítica y tres pestañas de YouTube que abriste sin querer.
¿Cómo se sale de ahí?
No te voy a decir "cree en ti mismo" porque no soy un póster de una oficina de coworking.
Pero sí hay cosas que ayudan. Cosas reales, no frases de taza.
Primero: nombrar al bicho. Cuando tu cerebro empiece con el "vas a fallar, van a descubrirte, no eres suficiente", ponle nombre. "Ah, esto es el impostor otra vez." No es magia. Pero distanciarte del pensamiento le quita fuerza. Eres tú pensando algo, no algo que sea verdad.
Segundo: tener un registro externo. Tu memoria no es fiable. Ya lo hemos visto. Así que necesitas pruebas fuera de tu cabeza. Un documento donde apuntes logros, feedbacks positivos, cosas que han salido bien. Suena cursi. Funciona.
Tercero: dejar de compararte con el proceso de los demás. Tú no sabes cómo trabajan los demás por dentro. Solo ves su resultado. Y comparas su resultado con tu proceso. Eso no tiene sentido. Es como comparar la foto de Instagram con tu espejo a las 7 de la mañana.
Cuarto: aceptar que el esfuerzo extra no invalida el resultado. Que te cueste más no significa que valga menos. Un gol en el minuto 90 con todo el equipo lesionado vale exactamente lo mismo que un gol en el minuto 3. El marcador no pregunta cómo lo hiciste.
La culpa de fondo
Detrás del impostor hay algo más profundo. Algo que los que tenemos TDAH conocemos demasiado bien.
Y esa culpa es gasolina para el impostor. Porque si ya te sientes defectuoso de base, cualquier logro parece una anomalía. Un fallo en la Matrix. Algo que no debería haber pasado.
Pero pasó. Y fue tuyo. Con TDAH, con errores, con todo el caos. Tuyo.
El impostor va a seguir llamando a la puerta. Eso no lo puedo cambiar. Pero puedes aprender a no abrirle cada vez. A mirar por la mirilla, verle la cara, y seguir con lo tuyo.
---
Si te identificas con esto y quieres entender mejor cómo funciona tu cerebro, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No diagnostica, pero te da más información que la frase "eso es estrés". 10 minutos, gratis, sin email obligatorio.
Sigue leyendo
Tu hijo recibe el diagnóstico y de repente tú también te ves: TDAH hereditario
Llevas a tu hijo al psicólogo. Le diagnostican TDAH. Y mientras la doctora habla, piensas: "eso me pasa a mí". El diagnóstico que cambia dos vidas.
La rutina de mañana que me funciona con TDAH (y por qué las demás no)
He probado la de las 5AM, la de los 21 días, la de las afirmaciones. Ninguna sobrevivió. Esta sí. Y es fea.
El método de los 2 minutos con TDAH: el truco que tu cerebro no ve venir
Si tarda menos de 2 minutos, hazlo ahora. Suena simple. Y por eso funciona con TDAH: tu cerebro no tiene tiempo de boicotearlo.
Confundir citas y presentarte el día equivocado con TDAH
Llegas al dentista un martes. Tu cita era el jueves. Con TDAH, las fechas se mezclan en tu cabeza como números en una batidora.