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Walt Disney: despedido por falta de imaginación

Le dijeron que no tenía imaginación. Quebró su primera empresa. Llegó a Hollywood con 40 dólares. Luego creó Mickey Mouse y Disneyland.

tdahfamosos

Le despidieron de un periódico por falta de imaginación.

No es un chiste. No es una errata. El tío que inventó Mickey Mouse, Blancanieves, Fantasía y Disneyland fue echado de su primer trabajo porque, según su editor, le faltaba creatividad.

Si eso no te dice algo sobre cómo el mundo valora los cerebros que funcionan diferente, ya no sé qué decirte.

¿Cómo alguien sin imaginación construye el mayor imperio creativo de la historia?

Walt Disney no tiene un diagnóstico formal de TDAH. Murió en 1966, décadas antes de que nadie supiera nombrar lo que le pasaba. Pero los indicios son abundantes. Todo apunta a que tenía rasgos compatibles con TDAH de una intensidad difícil de ignorar.

El patrón está por todas partes si sabes lo que estás mirando.

Hiperactividad mental permanente. Obsesión creativa que le hacía trabajar cuando todos dormían. Impulsividad en decisiones de negocio que a sus socios les ponía los pelos de punta. Una incapacidad total de conformarse con lo que ya funcionaba. Y una visión tan desproporcionada para su época que la gente de alrededor creía que estaba loco.

Eso no es genialidad abstracta. Eso es un cerebro que no puede apagarse.

La empresa que quebró y los 40 dólares

Antes de Mickey Mouse hubo Laugh-O-Gram Studio.

Disney tenía 20 años. Montó su primera empresa de animación en Kansas City. Consiguió contratos, contrató animadores, se lanzó a producir. Y quebró. El estudio cerró, los empleados se fueron, y Walt se quedó sin nada.

Lo que hizo entonces es exactamente lo que haría alguien con un cerebro como el suyo.

No se quedó rumiando el fracaso durante meses. No se fue a casa a repasar qué había salido mal en una hoja de Excel. Cogió una maleta con lo que tenía, cuarenta dólares, y se fue en tren a Hollywood a intentarlo de nuevo.

Cuarenta dólares. Una maleta. Y una cabeza que no podía parar quieta.

Eso no es resiliencia sacada de un libro de autoayuda. Eso es un cerebro que literalmente no tiene la capacidad de quedarse enganchado en el error porque ya está pensando en lo siguiente. Lo que en el colegio se llama "no aprende de sus errores" o "es muy impulsivo", en la vida real a veces es lo único que te permite levantarte y seguir.

Puedes leer sobre cómo el TDAH está detrás de muchos emprendedores conocidos y verás que el patrón se repite con una consistencia que ya no parece casualidad.

Lo que nadie te cuenta sobre la obsesión creativa

Disney no trabajaba. Disney poseía.

Sus empleados lo recuerdan apareciendo en el estudio a cualquier hora, revisando cada detalle de cada fotograma, cambiando escenas que ya estaban aprobadas porque algo en su cabeza le decía que podía ser mejor. Era insoportable para su equipo. Era brillante para el resultado.

Cuando estaba desarrollando Blancanieves, que todo el mundo en la industria llamó "la estupidez de Disney" porque nadie creía que un largometraje animado pudiera funcionar, Disney hipotecó su casa para financiarla. Hipotecó su casa. Su mujer tuvo que convencer al banco de que el proyecto tenía sentido porque Disney no era capaz de explicarlo sin ponerse a gesticular y hablar de colores y movimientos y emociones como si el banco entendiera de eso.

El banco no entendía de eso. Pero la película recaudó una fortuna.

Esa es la diferencia entre la hiperfocus del TDAH y la concentración normal. La concentración normal tiene límites. La hiperfocus no. Es absorbente, totalizadora, y desde fuera parece obsesión patológica hasta que el resultado justifica todo.

¿Por qué le despidieron por "falta de imaginación"?

Aquí viene lo que más me fascina de la historia.

El editor que le echó no era estúpido. Probablemente era un profesional competente con criterio. Pero lo que veía en Disney no era imaginación. Veía un empleado que no terminaba las tareas a tiempo, que se iba por las ramas, que proponía ideas que nadie le había pedido, que era incapaz de hacer lo que se le mandaba sin añadir su propia capa de todo.

Eso, en 1920, con la lógica de un periódico, parecía falta de imaginación práctica.

Lo que en realidad era, todo apunta a que era un cerebro con rasgos de TDAH en un entorno que no estaba diseñado para él.

Richard Branson

El problema no era Disney. Era el garaje donde intentaban meter un cohete.

Los fracasos que nadie recuerda

El mito de Disney borra los fracasos. Y hubo muchos.

Laugh-O-Gram quebrando a los 20 años ya lo hemos visto. Pero luego vinieron más. Proyectos que se pasaron de presupuesto. Decisiones de negocio que sus socios consideraban temerarias. Momentos en los que los bancos no quisieron financiarle. Un período en los años 40 en el que el estudio estuvo al borde del colapso.

Disney no era un genio infalible. Era alguien que tomaba decisiones rápidas con información incompleta, que a veces acertaba de forma espectacular y que cuando fallaba seguía adelante sin quedarse atascado en el error.

Eso suena mucho a cambiar de trabajo o de proyecto con frecuencia cuando el entorno no encaja. No porque seas inconstante. Sino porque tu cerebro ya ha procesado que ahí no hay nada más para ti y necesita moverse.

Lo que te llevas de esto

Walt Disney no es un ejemplo de que el TDAH te hace especial. Es un ejemplo de algo más simple y más útil.

Los cerebros que funcionan diferente no encajan en todos los sitios. Eso no es una tragedia. Es información.

Disney no encajaba en una redacción de periódico y le dijeron que no tenía imaginación. Encajaba perfectamente en un estudio de animación que había montado él mismo con sus propias reglas. Y ahí construyó una de las empresas más reconocibles del mundo.

La pregunta no es si tu cerebro está roto. La pregunta es si estás en el entorno equivocado.

Porque si llevas años sintiéndote lento, desordenado o incapaz en un sitio que no está diseñado para ti, puede que el problema no sea tu cerebro. Puede que sea el sitio.

Si alguna vez has sentido que tu cabeza va a otra velocidad que la de los demás y no sabes si eso tiene nombre, he construido un test basado en escalas clínicas reales. Son 43 preguntas y en 10 minutos te da más contexto del que probablemente hayas tenido hasta ahora.

Hacer el test de TDAH

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