Empresarios con TDAH: cuando la impulsividad es tu ventaja competitiva
Un porcentaje absurdo de grandes empresarios tienen TDAH. No es casualidad. La impulsividad que te machaca en un empleo te hace volar cuando montas algo tuyo.
Hay un dato que la mayoría de artículos sobre TDAH no te cuentan.
Los emprendedores tienen entre dos y tres veces más probabilidades de tener TDAH que la población general. No un poquito más. Dos o tres veces más. Como si el cerebro TDAH viniera con un bug que resulta ser un feature cuando lo pones a crear empresas en lugar de a rellenar hojas de Excel.
Y cuando miras la lista de nombres, empiezas a entender por qué.
¿Por qué hay tantos empresarios con TDAH?
Piénsalo un momento.
El TDAH te da impulsividad. En un trabajo de oficina, eso significa responder un email a las tres de la mañana con algo que no debías haber escrito, o levantarte de tu sitio cada veinte minutos porque tu cuerpo necesita moverse. En un empleo, la impulsividad es un problema. Tu jefe no quiere que tomes decisiones rápidas. Quiere que sigas el protocolo.
Pero en un negocio propio, la impulsividad se convierte en otra cosa.
Se convierte en "voy a montar esto y si sale mal, ya pivotaré". En tomar decisiones en diez minutos que otros tardan seis meses en analizar. En ver una oportunidad y saltar antes de que tu cerebro tenga tiempo de asustarse.
Eso, en el mundo del emprendimiento, no es un defecto. Es una ventaja competitiva disfrazada de decisión impulsiva.
Y hay nombres que lo demuestran.
Richard Branson: 400 empresas y sin terminar el colegio
Richard Branson dejó el colegio a los 15 años. No porque no quisiera estudiar, sino porque su cerebro no cabía en un aula. Tenía dislexia, tenía TDAH, y tenía la capacidad de concentración de un gato persiguiendo un puntero láser.
Con 16 años fundó una revista estudiantil. Después una tienda de discos. Después una discográfica. Después una aerolínea. Después un banco. Después una empresa de telecomunicaciones. Después una compañía espacial.
El hombre tiene más de 400 empresas bajo el grupo Virgin.
"Mi TDAH es mi superpoder de negocio", ha dicho en más de una entrevista. Y no lo dice como frase motivacional vacía. Lo dice porque su cerebro funciona así: salta de idea en idea, y en lugar de verlo como un problema, construyó un imperio alrededor de esa forma de funcionar.
David Neeleman: cinco aerolíneas y el invento del e-ticket
David Neeleman fundó cinco aerolíneas. Cinco. JetBlue, Azul, Morris Air, WestJet y Breeze Airways. Y además inventó el billete electrónico, que ahora usamos todos sin pensar en quién lo creó.
"El TDAH me ayuda a ver lo que otros no ven", dice. Y tiene sentido. Cuando tu cerebro procesa la información de forma diferente, a veces conecta puntos que nadie más está conectando.
Neeleman no podía quedarse quieto en un solo proyecto. Necesitaba el siguiente reto, el siguiente problema que resolver, el siguiente sector que sacudir. Para alguien sin TDAH, eso suena agotador. Para alguien con TDAH, es martes.
Paul Orfalea: no podía leer, así que contrató a gente que sí
Esta historia es la leche.
Paul Orfalea tiene TDAH y dislexia. No podía leer. Literalmente le costaba un mundo procesar texto escrito. En un mundo donde todo el mundo te dice que leer es fundamental, él hizo algo brillante: contrató a gente que sí podía leer y se dedicó a lo que su cerebro hacía bien. Pensar en grande, conectar ideas y vender.
Fundó Kinko's, la cadena de copisterías que acabó siendo FedEx Office. Una empresa valorada en miles de millones.
Su "limitación" le obligó a delegar desde el primer día. Y resulta que delegar desde el primer día es exactamente lo que todo libro de negocios te recomienda hacer. Él no lo hizo por estrategia. Lo hizo por necesidad. Pero el resultado fue el mismo.
Ingvar Kamprad: IKEA con 17 años
Ingvar Kamprad fundó IKEA a los 17 años. Tenía dislexia documentada y rasgos muy consistentes con TDAH. Las dificultades en el colegio le persiguieron toda la infancia, pero donde otros veían un chaval que no se adaptaba al sistema, había un cerebro capaz de pensar de forma completamente distinta a la industria del mueble.
¿Muebles baratos que te montas tú? En los años 50, eso sonaba a broma. Sonaba a "este chaval no entiende cómo funciona el sector". Hoy, IKEA tiene 460 tiendas en 62 países.
El pensamiento disruptivo no siempre viene de un genio en un garaje. A veces viene de alguien cuyo cerebro simplemente no puede hacer las cosas "como siempre se han hecho".
Walt Disney: despedido por falta de imaginación
Walt Disney fue despedido de un periódico porque, según su editor, "le faltaba imaginación".
Léelo otra vez.
Al creador de Mickey Mouse, de Blancanieves, de Fantasía, de Disneyland, le dijeron que no tenía imaginación. Su primera empresa, Laugh-O-Gram Studio, quebró. Se quedó sin dinero. Y en lugar de tirarse al sofá a ver la vida pasar, se fue a Hollywood con una maleta y cuarenta dólares.
La hiperactividad mental y la obsesión creativa de Disney encajan como un guante con el perfil TDAH. Esa incapacidad de quedarse quieto, de conformarse, de aceptar el "esto no va a funcionar" es lo que le hizo crear uno de los imperios de entretenimiento más grandes de la historia.
John T. Chambers: Internet pasa por Cisco
John T. Chambers tiene TDAH y dislexia. Fue CEO de Cisco durante 20 años y transformó la empresa de un fabricante de routers a la columna vertebral de Internet.
En sus propias palabras, su TDAH le daba una ventaja: podía procesar múltiples ideas a la vez, cambiar de dirección rápido cuando el mercado cambiaba, y tomar decisiones que otros directivos necesitaban meses de comités para tomar. Bajo su liderazgo, Cisco pasó de 70 millones a 47.000 millones en ingresos.
No está mal para alguien cuyo cerebro, según el sistema educativo, no funcionaba bien.
¿Es todo tan bonito como suena?
No.
Y esto es importante decirlo. Porque hay un sesgo de supervivencia enorme en estas historias. Por cada Branson o Neeleman que convierte su TDAH en un motor, hay miles de emprendedores con TDAH que se estrellan. Que empiezan diez proyectos y no terminan ninguno. Que la impulsividad les lleva a gastar dinero que no tienen en ideas que no funcionan. Que el hiperfoco dura tres semanas y luego no pueden ni abrir el portátil.
El TDAH no es un superpoder automático. Es un cerebro que funciona diferente. Y esa diferencia puede ser una ventaja brutal si la entiendes y la canalizas. Pero si no sabes que la tienes, si nadie te ha explicado cómo funciona tu cabeza en el día a día, la misma impulsividad que a Branson le hizo fundar 400 empresas a ti te puede hacer abandonar tu proyecto cada tres meses sin entender por qué.
La diferencia entre "emprendedor brillante con TDAH" y "persona con TDAH que no consigue terminar nada" no es talento. Es información. Saber qué tienes, cómo funciona, y qué estrategias necesitas para que tu cerebro juegue a tu favor en vez de en tu contra.
El patrón que se repite
Si miras a todos estos nombres, hay algo en común que va más allá del TDAH.
Ninguno encajaba en el sistema. Ninguno funcionaba bien en entornos rígidos. Todos tenían algo que el colegio, los profesores o los jefes etiquetaron como "problema". Y todos, en algún momento, dejaron de intentar encajar y empezaron a construir un entorno donde su cerebro funcionaba.
Eso no es inspiracional vacío. Es un patrón real. El cerebro TDAH necesita estímulo, novedad y autonomía. Un empleo de oficina rara vez te da eso. Un negocio propio, con todo el caos y el riesgo que conlleva, sí.
No estoy diciendo que si tienes TDAH debes montar una empresa. Estoy diciendo que si tienes TDAH y llevas toda la vida sintiéndote un pez fuera del agua en trabajos normales, a lo mejor el problema no eres tú. A lo mejor el problema es la pecera.
Y el primer paso para cambiar de pecera es entender cómo funciona tu cerebro.
Si te has visto reflejado en algo de esto y llevas tiempo con la sospecha de que tu cabeza funciona diferente, haz el test. No es un diagnóstico, pero te da más información en 10 minutos que años de preguntarte qué te pasa.
Sigue leyendo
David Neeleman: el CEO con TDAH que fundó 5 aerolíneas
David Neeleman tiene TDAH diagnosticado y ha fundado 5 aerolíneas. Dice que el TDAH le ayuda a ver lo que otros no ven. Esta es su historia.
La rebeldía de Mark Twain: humor, fracasos e impulsividad
Mark Twain tenía un humor ácido, invirtió en inventos desastrosos y fracasó en casi todo menos en escribir. Su impulsividad tiene un patrón reconocible.
Chris Kaman: TDAH en la NBA y dificultades en el colegio
Chris Kaman jugó en la NBA con los Clippers y tenía TDAH diagnosticado. En el colegio no podía concentrarse. En la cancha era un jugador completamente distinto.
Exploradores con TDAH: cerebros que no podían quedarse quietos
Colón, Cousteau, Earhart, Marco Polo, Magallanes. Todos compartían algo: un cerebro incapaz de conformarse con lo conocido. ¿TDAH en estado puro?