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El vacío existencial después del hiperfoco: tenerlo todo y no sentir nada

Terminaste el proyecto. Lo lograste. Y ahora sientes un vacío enorme. El bajón post-hiperfoco del TDAH es real, y tiene explicación.

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Acabas de terminar el proyecto que te tenía obsesionado 3 semanas. Lo terminaste. Y ahora sientes... nada. Un vacío enorme donde antes había fuego.

No estás triste, exactamente. No estás enfadado. No estás decepcionado con el resultado. De hecho, el resultado es bueno. A lo mejor es el mejor trabajo que has hecho en meses.

Pero sientes un agujero en el pecho como si alguien te hubiera quitado algo importante y no supieras decir qué.

Bienvenido al bajón post-hiperfoco. La resaca más rara del mundo. La que no te deja ni celebrar tus propias victorias.

Lo que nadie te cuenta del hiperfoco

Todo el mundo habla del hiperfoco como si fuera un superpoder. "Los que tenemos TDAH podemos concentrarnos como nadie cuando algo nos interesa." Y sí, vale, es verdad. El hiperfoco no elige cuándo aparece, pero cuando aparece, es una máquina. Puedes tirarte 14 horas programando sin comer. Puedes escribir un libro entero en una semana. Puedes reorganizar toda tu casa un martes a las 3 de la mañana y que quede como un catálogo de IKEA.

Lo que nadie cuenta es lo que pasa después.

Porque el hiperfoco no es concentración normal a todo volumen. Es tu cerebro enganchado a una fuente de dopamina. Es la droga más potente que produce tu cabeza, y durante esos días o semanas, tienes un suministro ilimitado. Todo tiene sentido. Todo encaja. Te sientes productivo, capaz, vivo.

Y de repente, se acaba.

El proyecto termina. O pierdes el interés. O simplemente tu cerebro decide que ya no le apetece. Y el grifo de dopamina se cierra de golpe.

No es que te pongas triste. Es que tu cerebro, acostumbrado a funcionar con un chorro de dopamina constante, ahora tiene que funcionar con lo que había antes. Que es poco. Que siempre ha sido poco.

Es como vivir dos semanas en una casa con calefacción central y volver a tu piso donde solo funciona un radiador que hace ruidos raros. Técnicamente puedes vivir ahí. Pero notas la diferencia. Vaya si la notas.

¿Por qué el final del hiperfoco se siente como un duelo?

Porque lo es.

No estoy exagerando. Tu cerebro está procesando una pérdida real. No de una persona, no de un objeto, sino de un estado. Has perdido la versión de ti que funcionaba sin esfuerzo. La versión que no tenía que pelearse con cada tarea. La versión que se sentaba a trabajar y simplemente... trabajaba.

Eso que sientes después del hiperfoco es duelo neurológico. Tu cerebro echa de menos la dopamina. Y como no puede decírtelo con palabras, te lo dice con vacío, apatía, cansancio inexplicable y ganas de tirarte en el sofá mirando al techo durante horas.

He tenido bajones post-hiperfoco que me han durado días. Termino un proyecto, debería estar contento, y en vez de celebrar me quedo sentado en la silla mirando la pantalla con la misma expresión que un Windows XP procesando una actualización. Ahí, pero no del todo.

Y lo peor no es el vacío en sí. Lo peor es lo que te dices mientras lo sientes.

"¿Por qué no estoy contento si me ha salido bien?" "¿Qué me pasa?" "A lo mejor es que nada me llena de verdad."

Te convences de que el problema eres tú. De que eres incapaz de disfrutar las cosas. De que siempre vas a estar así, saltando de obsesión en obsesión sin que nada te satisfaga realmente.

Pero no. No eres tú. Es tu cerebro regulando como puede. Es química, no carácter.

La trampa de la novedad infinita

Aquí es donde se pone interesante. Porque tu cerebro, que acaba de perder su fuente de dopamina, hace lo único que sabe hacer: buscar una nueva.

Es el ciclo. Hiperfoco, bajón, búsqueda desesperada del siguiente hiperfoco, nuevo proyecto, nuevo hiperfoco, nuevo bajón. Repetir hasta el infinito.

Por eso tienes 47 proyectos empezados y 3 terminados. Por eso cambias de hobby cada mes. Por eso tu historial de compras tiene patrones que parecen los de alguien con personalidad múltiple.

Y por eso, también, las relaciones personales con TDAH pueden volverse complicadas. Porque la fase de enamoramiento funciona exactamente igual que un hiperfoco. La otra persona es nueva, estimulante, impredecible. Tu cerebro se engancha. Y cuando esa fase pasa, cuando la relación se estabiliza y la novedad se disipa, llega el mismo vacío. Y piensas que ya no quieres a esa persona, cuando en realidad lo que ha pasado es que la dopamina se ha regulado.

No es que te aburras de las cosas. Es que tu cerebro necesita un nivel de estímulo que la vida normal no proporciona. Y cada vez que baja de ese nivel, sientes que algo falta.

¿Se puede hacer algo con esto?

Sí, pero no lo que esperas.

No puedes evitar el bajón. Forma parte del paquete. Lo que sí puedes es dejar de pelearte con él.

Primero: reconocerlo. Saber que lo que sientes tiene nombre, tiene causa, y tiene final. No es depresión (aunque puede parecerlo). No es que seas un desagradecido. Es una respuesta neurológica a un cambio brusco de dopamina. Eso ya cambia bastante.

Segundo: no tomar decisiones en el bajón. No dejes el trabajo. No mandes ese mensaje. No te apuntes a otro curso, no compres otro dominio, no empieces otro proyecto. El bajón no dura para siempre, pero las decisiones que tomas en él sí.

Tercero: tener algo "de mantenimiento". Algo que haces independientemente del estado de ánimo, que no depende de la motivación, que es tan pequeño que puedes hacerlo incluso cuando tu cerebro está en modo ahorro de energía. Caminar. Escribir tres líneas. Leer una página. Lo que sea, pero que exista fuera del ciclo hiperfoco-vacío.

No vas a eliminar el bajón. Pero puedes aprender a no incendiarte la vida cada vez que aparece.

No eres tus bajones

El vacío post-hiperfoco es probablemente la parte más silenciosa del TDAH. No es espectacular. No es el "mira qué loco soy que me puse a pintar el salón a las 4 de la mañana". Es sentarse en silencio después de haber terminado algo importante y preguntarte por qué no sientes nada.

Pero no significa que estés roto. Significa que tu cerebro funciona con picos y valles más pronunciados que los de la mayoría. Los picos son brutales. Los valles también. Y lo único que puedes hacer es aprender a navegar ambos sin creer que cualquiera de los dos es permanente.

El fuego vuelve. Siempre vuelve. El truco es no quemar nada importante mientras esperas.

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