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Comprar materiales para un proyecto que nunca empezarás con TDAH

Con TDAH comprar los materiales ya se siente como hacer el proyecto. Tu cerebro confunde prepararse con hacer. Y tu cartera lo paga.

tdah

El kit de acuarelas. La guitarra. El libro de cocina japonesa. Los rotuladores de lettering. Las cuerdas de saltar de crossfit. El dominio web para ese proyecto que iba a cambiarte la vida.

Con TDAH, comprar los materiales ES el proyecto.

Y no es broma. Tu cerebro recibe la misma descarga de satisfacción comprando los materiales que la que un cerebro neurotípico recibe terminando el proyecto. Para ti, el momento de sacar la tarjeta ya es el clímax. Todo lo que viene después es epílogo. Y a los epílogos nadie les hace caso.

¿Por qué comprar los materiales se siente como hacer el proyecto con TDAH?

Porque tu cerebro no distingue entre planificar y ejecutar. No a nivel emocional.

Cuando decides que vas a aprender acuarela, tu cerebro se enciende. Novedad. Posibilidad. Futuro emocionante. Empiezas a buscar kits en Amazon. Ves reseñas en YouTube. Comparas marcas. Lees sobre tipos de papel. Investigas si el agua destilada es mejor que la del grifo para mezclar colores. Llevas tres horas metido en un agujero de conejo y ni siquiera has tocado un pincel.

Pero tu cerebro ya está satisfecho. Ya ha tenido su dosis.

Es lo mismo que pasa con la búsqueda de novedad. Tu cerebro es un yonqui de lo nuevo. Y la fase de investigación y compra es pura novedad. Cada producto que metes en el carrito es una promesa. Cada reseña que lees es un micro-subidón. Cada tutorial que guardas "para después" es dopamina en vena.

El problema es que cuando llega el paquete, la novedad ya se ha gastado. Abrirlo es menos emocionante que comprarlo. Y sentarte a pintar es menos emocionante que abrirlo. Y seguir pintando al tercer día es tan emocionante como ver secarse la pintura. Literalmente.

El cementerio de hobbies en tu armario

Si abriera tu armario ahora mismo, encontraría un museo de buenas intenciones.

La guitarra acústica que compraste en 2019 y que todavía tiene las cuerdas de fábrica. El set de caligrafía japonesa que usaste una tarde. Los moldes de resina que llevan dos años en su caja original. La tabla de equilibrio. La cámara analógica. El kit de fermentación para hacer kimchi casero.

Todo comprado con la misma convicción: "esto es lo mío". Todo abandonado con la misma velocidad: en cuanto dejó de ser nuevo.

Y lo peor no es el dinero. Lo peor es la culpa. Cada vez que abres ese armario y ves los materiales ahí, sin usar, tu cerebro te dice "ves, es que no terminas nada". Y eso duele más que los 47 euros del kit de lettering.

Porque no es que no te guste hacer cosas. Es que empezar y no terminar es el patrón por defecto de un cerebro que funciona con el motor de la novedad. Cuando la novedad se apaga, el motor se para. Y no hay kit de Amazon que arranque un motor parado.

La ilusión de "solo me falta el material"

Hay una frase mágica que tu cerebro usa para justificar cada compra: "es que no puedo empezar sin tener lo necesario".

Y suena razonable. Claro que necesitas pinceles para pintar. Claro que necesitas una guitarra para tocar. El problema es que "lo necesario" se convierte en un pozo sin fondo.

No te vale cualquier guitarra. Necesitas la correcta. No te vale cualquier cuaderno. Necesitas el que tiene el papel adecuado para acuarela de gramaje 300. No te valen unos rotuladores normales. Necesitas los Tombow dual brush de 96 colores porque "si voy a hacerlo, lo hago bien".

Eso no es prepararte. Es procrastinar con tarjeta de crédito.

Tu cerebro ha encontrado la forma perfecta de sentirse productivo sin producir nada. Investigar materiales se siente como avanzar. Comparar precios se siente como decidir. Añadir al carrito se siente como comprometerse. Y darle a "comprar ahora" se siente como empezar.

Pero no has empezado. Solo has comprado.

El agujero en tu cuenta bancaria tiene forma de hobby

Aquí es donde la cosa deja de ser graciosa. Porque este patrón no solo te roba tiempo y autoestima. Te roba dinero.

Haz la cuenta. Todas las suscripciones a apps que ibas a usar "en serio". Todos los cursos online que compraste y no pasaste del módulo 2. Todos los materiales que siguen en su caja. Todos los libros que compraste porque "este sí lo leo".

Cuando el TDAH se junta con la impulsividad y el dinero, el resultado es un reguero de compras que individualmente parecen razonables pero que sumadas son un desastre. 30 euros aquí, 50 allá, una suscripción de 12 euros al mes que se te olvida cancelar. Al final del año has gastado lo que cuesta un viaje. En cosas que están acumulando polvo.

Y el ciclo se alimenta solo. Compras, abandonas, te sientes mal, y para sentirte mejor descubres un hobby nuevo. Y vuelves a comprar.

Cómo dejar de comprar proyectos que no vas a hacer

No voy a decirte "deja de comprar cosas" porque tu cerebro no funciona así. Pero sí puedo decirte algo que a mí me ha servido.

La regla de las 72 horas. Cuando te entre la urgencia de comprar materiales para un proyecto nuevo, mételo en el carrito y cierra la pestaña. Si dentro de 72 horas sigues queriendo hacerlo, compra. Spoiler: el 80% de las veces ni te acuerdas de que existía.

Empieza con lo que tienes. ¿Quieres dibujar? Coge un boli y un folio. ¿Quieres cocinar japonés? Haz un arroz con lo que hay en tu cocina. Si después de una semana sigues haciéndolo con materiales cutres, entonces compra los buenos. Pero primero demuéstrale a tu cerebro que no es solo la novedad.

Un hobby a la vez. Esto le duele a tu cerebro porque quiere explorarlo todo a la vez. Pero tener tres hobbies nuevos simultáneos es tener cero hobbies en tres semanas. Elige uno. Dale un mes con lo mínimo. Si sobrevive al mes, ya merece inversión.

No eres vago. Eres comprador compulsivo de futuros posibles.

Cada compra de materiales es tu cerebro comprando un futuro. Un futuro donde tocas la guitarra en una terraza. Un futuro donde pintas acuarelas mientras llueve. Un futuro donde haces sushi casero para tus amigos.

Son futuros bonitos. Pero son futuros que existen solo en el momento de la compra. Porque tu cerebro es muy bueno imaginando el resultado y muy malo ejecutando los 47 pasos intermedios que separan la compra del resultado.

Y eso no te hace vago ni incapaz. Te hace una persona con un cerebro que procesa la motivación de forma diferente. Que se enciende con lo nuevo y se apaga con lo repetitivo. Que confunde prepararse con hacer. Que necesita trucos distintos para no acabar con un armario lleno de buenas intenciones y una cuenta bancaria llena de remordimientos.

La guitarra puede esperar. El proyecto puede esperar. Lo que no puede esperar es que dejes de castigarte por funcionar como funciona tu cerebro.

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Si tienes un armario lleno de materiales para hobbies que nunca empezaste y la sospecha de que tu cerebro funciona con reglas distintas, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué comprar el kit se sentía más emocionante que usarlo.

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