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Mi cabeza no para nunca: el ruido mental que no se apaga

Son las 2 de la mañana y tu cerebro sigue en bucle. El ruido mental del TDAH no tiene botón de pausa. Así funciona por dentro.

tdah

Son las 2 de la mañana y tu cerebro sigue repasando la conversación de ayer, planificando mañana y recordándote algo que dijiste en 2014. El ruido mental del TDAH no tiene botón de pausa.

Y no es que estés estresado. No es que hayas tomado café a las 8 de la tarde. No es que "pienses demasiado" como te dicen los que piensan lo justo.

Es que tu cabeza funciona así. Todo el rato. Sin descanso.

¿Por qué tu cabeza no para nunca si tienes TDAH?

La respuesta corta: porque tu cerebro no filtra.

Un cerebro neurotípico tiene algo parecido a un portero de discoteca mental. Llegan pensamientos, estímulos, recuerdos, ideas, y el portero dice "tú pasas, tú esperas, tú no entras, tú vuelve mañana". Hay orden. Hay prioridad. Hay turno.

Tu cerebro con TDAH no tiene portero. Tiene la puerta abierta de par en par y una barra libre de pensamientos. Entra todo. A la vez. Sin filtro. Y cada pensamiento trae amigos.

Piensas en que tienes que contestar un email. Eso te recuerda que no has llamado al dentista. Eso te lleva a pensar en la última vez que fuiste, que fue cuando vivías en tu antiguo piso. Eso te lleva a pensar en tu ex compañero de piso. Eso te lleva a preguntarte si aquella vez que te dijo algo raro estaba enfadado o era broma. Y ahora llevas 4 minutos analizando una conversación de 2019 mientras se te enfría el café.

No es que seas obsesivo. Es que tu cerebro no sabe soltar. No sabe decir "esto no toca ahora". No sabe parar.

¿Cómo se siente el ruido mental por dentro?

Hay quien lo describe como tener 40 pestañas del navegador abiertas. Yo creo que es peor. Es como tener 40 pestañas abiertas, todas reproduciendo un vídeo distinto, con el volumen al máximo, y no encontrar cuál es la que suena.

No siempre son pensamientos negativos. Eso es lo que confunde. A veces el ruido mental es creativo. Ideas a las 3 de la madrugada que parecen brillantes. Proyectos nuevos. Planes que nunca vas a ejecutar pero que tu cerebro necesita explorar AHORA.

Otras veces sí es oscuro. Repaso de errores. Autocrítica en bucle. El "¿y si la cagué?" repitiéndose como un vinilo rayado.

Y lo peor no es el ruido en sí. Lo peor es que no hay botón de silencio. No puedes apagarlo. No puedes bajar el volumen. Solo puedes intentar distraerte con algo más fuerte, que es básicamente lo que hacemos cuando a las 2 de la madrugada acabamos viendo vídeos de gente restaurando muebles viejos en YouTube.

Si por las noches tu cerebro se convierte en un circo que no cierra, ya sabes de qué hablo.

¿Es ruido mental o es ansiedad?

Buena pregunta. Porque se parecen mucho.

La diferencia está en el motor. La ansiedad es un bucle de miedo: "va a salir mal, va a salir mal, va a salir mal". El ruido mental del TDAH no necesita miedo para funcionar. Es un bucle de estímulo: "esto, ahora esto, y esto otro, mira eso, ah espera y esto".

La ansiedad tiene un tema. Gira alrededor de una preocupación concreta. El ruido del TDAH salta de tema como si estuviera haciendo zapping. No hay hilo conductor. No hay lógica. Solo velocidad.

Eso no significa que no puedan ir juntos. De hecho, la desregulación emocional del TDAH amplifica todo lo que sientes. Si tu cerebro ya va rápido y encima le metes miedo, lo que consigues es un Ferrari sin frenos en una carretera de curvas. Con niebla.

¿Se puede hacer algo con esto?

Curar, no. Gestionar, sí.

Hay cosas que ayudan. No son magia chamánica, pero funcionan.

Volcar. Si tu cerebro no para de generar pensamientos, dales un sitio donde caer. Un cuaderno al lado de la cama. Una nota en el móvil. Lo que sea. No para organizarlos. Solo para sacarlos de tu cabeza. El cerebro se calma cuando sabe que no va a perder esa idea.

Cansar al cerebro antes de dormir. No con pantallas. Con algo que requiera atención sin ser estimulante. Un audiolibro. Un podcast aburrido. Una ducha caliente. El infierno de la rutina de noche con TDAH es real, pero se puede negociar.

Movimiento físico. No te digo que te apuntes a crossfit. Te digo que camines. Que estires. Que hagas algo con el cuerpo. El ruido mental se alimenta de energía física no gastada. Si le das salida por otro lado, baja un poco.

Dejar de pelearte con ello. Esta es la más difícil. Porque te han enseñado que pensar mucho es productivo y que una mente en calma es lo normal. Pero tu normal no es ese. Tu normal es ruidoso. Y cuanto antes dejes de intentar ser silencioso, antes aprendes a funcionar con el ruido de fondo.

No eres tú. Es tu cerebro.

El ruido mental del TDAH no es un defecto de carácter. No es que pienses demasiado porque seas dramático. No es que no puedas dormir porque no lo intentas lo suficiente.

Es neurología. Es un cerebro que procesa el mundo de una forma distinta, que no tiene el filtro automático que otros dan por hecho, y que necesita herramientas diferentes para funcionar.

No hace falta que tu cabeza se calle para estar bien. Hace falta que entiendas por qué suena tanto. Y que dejes de culparte por el volumen.

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