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Todo o nada: el modo binario del cerebro con TDAH

O me como la caja entera o no como ni una. O limpio todo o no toco nada. El pensamiento todo o nada con TDAH y por qué no hay punto medio.

tdah

O me como la caja entera de galletas o no como ni una.

O limpio la casa entera o no toco nada.

O respondo todos los emails o no abro el correo en tres días.

No hay punto medio. No hay "como un par de galletas y guardo el resto". No hay "limpio solo la cocina". No hay "contesto los urgentes y ya". Es todo. O nada. Sin escala intermedia.

Y lo peor es que llevo años pensando que esto era falta de disciplina. Que simplemente era un tío de extremos, un "intenso", un exagerado. Hasta que me diagnosticaron TDAH y descubrí que esto tiene un nombre: pensamiento dicotómico. Y que no es un defecto de personalidad. Es cómo funciona un cerebro que no regula bien.

¿Por qué tu cerebro solo tiene dos modos?

Porque tu cerebro funciona con dopamina. Y la dopamina no tiene un grifo que abra poco a poco. Tiene un interruptor. Encendido o apagado.

Cuando algo te interesa, te engancha o te da un pico de dopamina, tu cerebro va a tope. Te metes de cabeza. Limpias toda la casa, reorganizas los cajones, ordenas la despensa por colores y hasta limpias los marcos de las puertas con un bastoncillo de algodón. A las tres de la madrugada. Con música a todo volumen. Sintiéndote invencible.

Y cuando no hay dopamina, no hay nada. Cero. Puedes ver los platos sucios, saber que hay que fregar, tener ganas de fregarlos incluso, y no moverte del sofá. No es que no quieras. Es que tu cerebro no enciende. El interruptor está apagado y tú no tienes acceso al cuadro eléctrico.

Es lo mismo que pasa con el hiperfoco. Ocho horas investigando sobre setas venenosas. Veinte minutos para la declaración de Hacienda. Ni uno. Tu cerebro no elige dónde pone la energía. La pone donde hay dopamina. Y donde no la hay, no pone nada.

La lista de la compra y la crisis existencial

Voy a ponerte un ejemplo que me pasó la semana pasada.

Fui al supermercado. Llevaba lista. Una lista hecha con cabeza, con las cosas justas, planificada. Y en el pasillo de los cereales vi una oferta. Tres cajas por el precio de dos.

Un cerebro normal piensa: "vale, llevo tres, ahorro algo, perfecto". Mi cerebro pensó: "si tres están de oferta, nueve están más de oferta todavía". Y salí del supermercado con nueve cajas de cereales, un kit de limpieza completo que no necesitaba, y un sentimiento de culpa que duró tres días.

Pero la semana anterior, la misma lista de la compra me dio tanta pereza que pedí comida a domicilio cuatro días seguidos. Cuatro. Tenía la lista hecha. Tenía el supermercado a cinco minutos. Pero abrir la puerta de casa me parecía un esfuerzo titánico.

Nueve cajas de cereales o cero compra. No hay término medio.

¿Por qué no puedes "hacer un poquito"?

Esto es lo que la gente no entiende.

"Venga, aunque sea haz un poquito." "Empieza por algo pequeño." "Solo cinco minutos."

Y tú piensas: tiene razón, voy a hacer solo un poquito. Y te sientas a hacer un poquito. Y tu cerebro te dice: no, un poquito no. O lo haces entero o no lo hagas. Un poquito no cuenta. Un poquito es peor que nada porque te deja la cosa a medias y eso es insoportable.

Es como si tu cerebro no supiera procesar la idea de parcial. O completo o sin empezar. Porque empezar algo y dejarlo a medias genera una tensión que tu cerebro no tolera. Es un bucle abierto. Una pestaña del navegador que nunca cierra. Y cada tarea a medias es otra pestaña abierta que consume recursos en segundo plano.

Así que tu cerebro, en su infinita sabiduría, decide que es mejor no abrir la pestaña. Si no empiezas, no tienes que terminar. Problema resuelto.

Excepto que no. Porque ahora tienes la culpa de no haber empezado, que es otra pestaña abierta, que consume otros recursos. Y así hasta que tienes 47 pestañas abiertas y el cerebro no tiene regulador de volumen para gestionar la frustración que eso genera.

El gimnasio, los idiomas y los proyectos

¿Quieres saber dónde se nota más el todo o nada? En los hábitos.

Voy al gimnasio todos los días durante tres semanas. Todos. Sin faltar uno. Con una disciplina que parece de élite. Y al día 22 me salto uno porque me duele la cabeza. Y no vuelvo en dos meses.

No es que no me guste el gimnasio. Es que mi cerebro interpreta un día sin ir como "se ha roto la racha, ya no cuenta, empezamos de cero". Y empezar de cero requiere la misma energía que la primera vez. Así que no vuelvo. Hasta que un día, de la nada, me despierto con una motivación brutal y vuelvo a ir todos los días durante tres semanas. Y el ciclo se repite.

Con los idiomas es igual. Tres semanas con Duolingo sin faltar un día. Racha de 21 días. Se me olvida un martes. Desinstalo la app. No es metáfora. La desinstalo.

Con los proyectos, igual. Monto una web entera en un fin de semana. De cero a publicada en 48 horas. Y luego no la toco en seis meses. Porque la energía que necesité para hacerla era del tipo "todo", y la que necesito para mantenerla es del tipo "un poquito cada semana". Y un poquito cada semana no está en mi repertorio.

¿Tiene solución o soy así para siempre?

No voy a mentirte y decirte que un día aprendes el truco mágico y tu cerebro empieza a funcionar en modo gradual. No funciona así.

Pero lo que sí puedes hacer es dejar de pelearte con el modo binario y aprender a usarlo.

Primero: acepta que tus rachas van a romperse. Siempre. El objetivo no es no romperlas. Es volver después de romperlas. Si un día no vas al gimnasio, el trabajo no es ir al día siguiente con culpa. Es ir al día siguiente. Sin más. La racha no se ha roto. Solo se ha pausado.

Segundo: baja el estándar de "todo". Si tu cerebro dice "o limpio toda la casa o nada", negocia con él. "Vale, toda la casa no. Pero la cocina sí." Y si la cocina es demasiado, los platos. Y si los platos son demasiado, un plato. Un plato es infinitamente más que cero platos. Las matemáticas no mienten aunque tú quieras.

Tercero: diseña para el modo "nada". Porque va a venir. Siempre viene. Y si cuando llega no tienes nada preparado, se come tres días enteros. Comida fácil en el congelador. Ropa sacada la noche anterior. Las tres tareas importantes del día escritas antes de que el modo nada aparezca. No es prevenir el apagón. Es tener linternas preparadas.

Y cuarto: deja de compararte con gente que tiene regulador de intensidad. Tu cerebro no lo tiene. Nunca lo ha tenido. Pero tiene algo que ellos no: la capacidad de ir a tope cuando se enciende. Y eso, bien canalizado, es la misma energía que te hace comprar una batidora industrial a las 2 de la mañana, pero también la que te permite montar un negocio en un fin de semana.

El truco no es arreglar el interruptor. Es aprender a convivir con él.

Porque tu cerebro no va a cambiar de modo. Pero tú puedes cambiar la forma en que respondes cuando se enciende. Y cuando se apaga.

Si lees esto y piensas "esto soy yo pero no sé si es TDAH o simplemente soy raro", quizá va siendo hora de saberlo. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Es el primer paso para entender por qué tu cerebro solo tiene dos velocidades. 10 minutos.

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