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Comprar lo mismo dos veces porque no recuerdas que lo tenías

Tres botes de orégano, dos cargadores iguales, pilas que ya tenías. El cerebro TDAH no registra su propio inventario. No es despiste: es memoria de trabajo.

tdah

Abrí la despensa a por sal.

Y vi tres botes de orégano. Tres. Todos a medias. Todos comprados en distintos momentos, todos porque en el súper pensé "creo que me queda poco" y decidí que era mejor no arriesgarme.

No es que me guste especialmente el orégano. Es que mi cerebro no tiene ni idea de lo que hay en mi despensa cuando estoy en el súper. Cero. Pantalla en negro. El inventario doméstico no existe para mí hasta que lo tengo delante.

Al lado del orégano, dos botes de pimentón. Detrás, cuatro bricks de leche de avena porque la semana que compré la primera no recordaba si me quedaba, la segunda igual, y a la tercera ya me daba vergüenza hacer el recuento.

Bienvenido al supermercado de alguien con TDAH. Donde siempre tienes de más de lo que no te acordabas que tenías y de menos de lo que necesitabas comprar.

¿Por qué compro cosas que ya tengo?

Porque tu cerebro no consulta el inventario cuando estás en el súper.

Y no es pereza mental. Es que el proceso de "comprobar si tengo algo en casa" requiere un paso extra que tu cerebro TDAH, en medio del pasillo de especias, con gente al lado y un carrito a medio llenar, sencillamente esquiva.

La memoria de trabajo es esa parte del cerebro que retiene información activa mientras la estás usando. La que te permite recordar lo que necesitas mientras caminas al súper. La misma que, si has leído cómo tu cerebro borra la lista antes de llegar, ya sabes que en el TDAH funciona como una pizarra microscópica que alguien limpia constantemente.

Pues eso mismo pasa con el inventario. No es que no supiera que tenía orégano en casa. Es que cuando estoy en el súper, esa información no está disponible. Mi cerebro no la carga. Está ocupado con lo que tiene delante: el estante, los colores, los precios, el señor que se ha parado justo donde quiero pasar.

Y ante la duda, compra. Así de simple.

El resultado: la despensa de alguien que, si miras bien, podría sobrevivir un apocalipsis siempre que el apocalipsis requiriera exclusivamente orégano y leche de avena.

El problema no es la compra. Es la percepción del momento.

Cuando estás en el súper y piensas "¿tengo pilas en casa?", tu cerebro hace un pequeño escaneo mental. Y lo que devuelve ese escaneo no es la realidad objetiva de tu cajón. Es la última imagen que tienes de ese cajón.

Si la última vez que abriste ese cajón las pilas estaban, tu cerebro dice "sí, hay". Aunque hayan pasado seis meses y hayas vaciado tres mandos a distancia desde entonces.

Si nunca has visto ese cajón recientemente, tu cerebro dice "no lo sé, mejor compra". Y compras. Y llegas a casa y hay dos paquetes de pilas. O ninguno, porque resultaba que las habías gastado todas pero tu cerebro tampoco tenía esa información actualizada.

Es como intentar gestionar tu economía sin mirar la cuenta del banco. Puedes creer que tienes dinero y no tener, o creer que no tienes y que te quede más de lo que pensabas. El cerebro TDAH gestiona el inventario doméstico con la misma fiabilidad que gestiona el dinero: con mucho optimismo y poca información real.

El cargador de más

Los cargadores son mi caso favorito porque ilustran perfectamente la progresión.

Primero pierdes el cargador. O crees que lo has perdido. Porque no está donde debería estar, que es en ningún sitio concreto, porque con TDAH los objetos viven en una especie de rotación aleatoria entre las distintas superficies de tu casa.

Compras uno nuevo. Aparece el primero. Ahora tienes dos. Perfecto, uno para la mesilla y otro para el escritorio.

Meses después, vuelves a no encontrar ninguno de los dos. Compras un tercero. Aparecen los otros dos el mismo día.

Ahora tienes tres cargadores del mismo tipo, dos de ellos en sitios estratégicos que has olvidado por completo, y ninguno en el momento en que lo necesitas. Esto no es casualidad. Es el patrón.

El objeto no se pierde. Tu cerebro pierde la referencia de dónde está. Y sin esa referencia, el objeto podría estar en Marte. No existe hasta que lo encuentras por accidente al buscar otra cosa.

Lo que sí ayuda (sin prometer milagros)

No tengo esto resuelto. Pero he reducido bastante la cantidad de orégano duplicado en mi despensa, que para mí es progreso real.

La foto del armario. Antes de ir al súper, foto rápida de la despensa, el frigorífico y el cajón donde están las pilas y los cargadores. Treinta segundos. Y cuando estás en el súper y tienes la duda, abres la galería y miras. No falla porque no depende de tu memoria. Depende de tu cámara, que sí recuerda.

La lista permanente de lo que siempre compras. No la lista de la semana. Una lista maestra de productos recurrentes donde marcas "tengo / no tengo" antes de salir. La primera vez es un coñazo hacerla. Las siguientes veces es abrir el móvil y tardar dos minutos en repasarla. Esto enlaza directamente con cómo funciona la memoria selectiva en el TDAH: no es que olvides las cosas importantes, es que tu cerebro no las marca como prioritarias hasta que las necesitas.

Comprar solo con lista abierta en pantalla. No guardada. Abierta. Visible. Si cierras la lista para mirar un mensaje, tu cerebro cambia de contexto y la lista deja de existir. El truco no es tener la lista. Es no cerrarla.

Un sitio fijo para cada cosa. Los cargadores en la mesilla, siempre. Las pilas en el cajón de la cocina, siempre. Cuando algo no tiene sitio fijo, tu cerebro no puede predecir dónde está. Y si no puede predecir, asume que no existe. El sitio fijo no garantiza que el objeto esté ahí, pero al menos tienes un sitio por donde empezar a buscar antes de ir a comprar otro.

No es demencia. Es gestión de recursos cognitivos.

El cerebro con TDAH no procesa el entorno pasivo. No va guardando automáticamente en segundo plano "hoy usé la última pila del cajón" o "esta semana acabé el orégano". Eso requiere atención sostenida al detalle cotidiano, y eso es exactamente lo que el TDAH dificulta.

No es que seas despistado. Es que tu cerebro tiene otros criterios para decidir qué información merece ser registrada. Y resulta que "nivel de orégano en la despensa" no supera el filtro.

El problema aparece cuando esa falta de registro tiene consecuencias materiales: dinero gastado en duplicados, espacio ocupado por cosas que ya tenías, y esa sensación de vivir en una casa que no reconoces del todo porque no sabes con exactitud qué contiene.

No es un fracaso personal. Es un fallo de sistema. Y los fallos de sistema se arreglan con otros sistemas, no con más atención o más memoria.

La foto del armario tarda treinta segundos. Los tres botes de orégano cuestan seis euros. Las matemáticas son sencillas.

Si tu despensa parece el almacén de un supermercado pero no recuerdas haber comprado la mitad de lo que hay, quizá no es solo manía de acumular. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos y gratis.

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