Lo que Tiger Woods nos enseña sobre caer y levantarse con TDAH

En 2017 Tiger Woods tocó fondo. En 2019 ganó el Masters. La historia de un cerebro TDAH que convierte cada caída en combustible para volver.

En 2017, la policía encontró a Tiger Woods dormido al volante. En 2019, ganó el Masters de Augusta. La distancia entre esos dos momentos es la historia de un cerebro que no sabe rendirse.

Y no lo digo en plan motivacional barato de LinkedIn. Lo digo porque hay algo en la forma en que Tiger ha gestionado sus caídas que suena demasiado familiar si tienes TDAH. Ese patrón de tocar fondo, desaparecer, y volver con una intensidad que nadie esperaba.

No una vez. Varias.

¿Quién es Tiger Woods más allá del golf?

Si solo conoces a Tiger por los titulares sensacionalistas, te falta contexto.

Eldrick Tont Woods nació en 1975 en California. Con dos años ya salía en televisión dando golpes que adultos no podían replicar. A los tres jugaba nueve hoyos. A los ocho ganó su primer torneo junior. Con veintiuno se convirtió en profesional y ganó el Masters de Augusta con un margen tan ridículo que el mundo del golf no sabía qué hacer con él.

Dominó el deporte durante más de una década de una forma que nadie había visto. Catorce Majors. Ochenta y dos victorias en el PGA Tour. Número uno del mundo durante 683 semanas en total.

Pero lo interesante no es eso. Lo interesante es lo que pasó después.

Las caídas que definieron a Tiger

En 2008, ganó el US Open jugando con una rodilla destrozada. Literalmente. Ligamento cruzado anterior roto y dos fracturas de estrés en la tibia. Ganó un playoff a 19 hoyos cojeando. Y después desapareció ocho meses.

En 2009, su vida personal estalló de forma pública y brutal. Escándalos, divorcio, patrocinadores que huían. Pasó de ser el deportista más admirado del planeta a ser portada de tabloides.

En 2014, 2015, 2016 y 2017, su espalda le traicionó una y otra vez. Cuatro cirugías. Hubo un momento en el que no podía atarse los zapatos. No estamos hablando de no poder jugar al golf. Estamos hablando de no poder sentarse en una silla sin dolor.

Y en mayo de 2017, la policía lo encontró dormido al volante en una carretera de Florida, desorientado por una mezcla de analgésicos recetados. La foto de su ficha policial dio la vuelta al mundo.

Ese fue el punto más bajo.

¿Puede un cerebro TDAH convertir la caída en combustible?

No hay diagnóstico oficial de TDAH de Tiger Woods. Vamos a dejarlo claro. Pero hay algo en su patrón de comportamiento que cualquiera que tenga TDAH reconoce al instante.

La capacidad de hiperfocalizarse en un objetivo hasta el punto de ignorar todo lo demás. El rendimiento explosivo seguido de caídas igual de explosivas. La dificultad para gestionar la vida fuera de esa burbuja de hiperfoco. La incapacidad de hacer las cosas "a medias". O todo o nada.

Y sobre todo: la resiliencia irracional.

Porque hay un tipo de resiliencia que no sale de la disciplina ni de la mentalidad positiva. Sale de un cerebro que no procesa el fracaso como el resto. Un cerebro que cuando toca fondo no piensa "bueno, ya está, se acabó". Piensa "vale, pero y si...".

Ese "y si..." es combustible puro.

Es lo mismo que hizo Robert Downey Jr. cuando su carrera estaba muerta. Todos lo daban por acabado. Él no. No porque fuera más fuerte mentalmente que otros actores. Sino porque su cerebro simplemente no aceptaba que esa fuera la versión final de la historia.

El regreso que nadie esperaba

En 2018, Tiger volvió al circuito. Sin expectativas. Los comentaristas deportivos hablaban de él como una figura nostálgica, alguien que salía a despedirse.

Y en abril de 2019, con 43 años, después de cuatro cirugías de espalda, después del escándalo público, después de la foto policial, después de años sin poder caminar sin dolor, ganó el Masters de Augusta.

Su quinto chaquetón verde.

La imagen de Tiger abrazando a su hijo detrás del green del 18 es una de las más potentes de la historia del deporte. Porque no es solo un tío ganando un torneo. Es alguien que ha pasado por un infierno que la mayoría no sobreviviría y ha vuelto al lugar exacto donde todo empezó.

A los que dicen que eso es pura disciplina les falta una pieza del puzzle. La disciplina te mantiene entrenando. Pero la disciplina sola no te hace volver cuando todo el mundo, incluido tu propio cuerpo, te dice que lo dejes.

Eso es otra cosa. Eso es un cerebro que no acepta el guion que le han escrito.

El patrón que se repite en personas con TDAH

Lo de Tiger no es único. Es un patrón.

Walt Disney fue rechazado, quebró y fue traicionado

¿Por qué?

Porque un cerebro con TDAH tiene una relación diferente con el fracaso. No es que no duela. Claro que duele. Es que el cerebro no lo archiva en la carpeta de "cosas que demuestran que no valgo". Lo archiva en la de "cosas que me cabrearon lo suficiente como para intentarlo de otra forma".

No es que sea más fuerte. Es que procesa la derrota de manera distinta. Donde otro cerebro ve un muro, el cerebro TDAH ve un desvío. No siempre el mejor desvío. A veces uno absurdo. Pero un desvío al fin y al cabo.

Y Tiger Woods es la personificación de eso. Cada vez que el mundo lo enterraba, él estaba en algún sitio pensando en cómo volver. No por disciplina. Por necesidad neurológica. Porque su cerebro no sabía hacer otra cosa.

Lo que Tiger nos enseña sin proponérselo

Que caer no es el problema. Que caer es inevitable si vives con la intensidad que un cerebro TDAH te impone. El problema es creer que la caída es el final de la historia.

No lo es.

La caída es el momento donde tu cerebro decide si acepta el guion o se escribe uno nuevo. Y los cerebros que no encajan en los guiones convencionales suelen ser muy buenos escribiendo los suyos propios.

Tiger no ganó el Masters de 2019 a pesar de todo lo que le había pasado. Lo ganó precisamente porque su cerebro procesó todo lo que le había pasado como razones para seguir, no para parar.

Eso no es motivación de poster. Es neurología en acción.

Si alguna vez te has levantado de algo que debería haberte hundido y no sabes muy bien cómo lo hiciste, puede que tu cerebro tenga más que decir de lo que crees. Descúbrelo.

Los rasgos que se describen aquí son observaciones basadas en información pública, no un diagnóstico.

Hacer el test de TDAH

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