Lo que Walt Disney nos enseña sobre fracasar con TDAH
Disney fue despedido por falta de imaginación. Su estudio quebró. Le llamaron loco. Y siguió. Hay algo en ese patrón que los cerebros TDAH conocemos bien.
En 1923, Walt Disney tenía 21 años y acababa de ver cómo su primer estudio quebraba.
Laugh-O-Gram Studios. Su primera gran apuesta. Animación, personajes, sueños. Y lo cerró sin dinero, sin clientes y sin nada más que una maleta y un billete de tren a Hollywood.
Cualquiera se habría ido a casa. O buscado un trabajo de verdad. O escuchado a los que llevaban meses diciéndole que lo suyo no tenía futuro.
Disney cogió el billete de tren.
¿Por qué Disney fracasó tanto?
La lista es larga. Y merece la pena leerla entera porque suena absurda.
Despedido a los 19 años de su primer trabajo en un periódico por "falta de imaginación y ausencia de ideas originales". Sí, eso pone en la carta de despido. Falta de imaginación. A Walt Disney.
Primer estudio: quebrado. Segundo intento: casi lo hunde también un contrato mal negociado con un distribuidor que le robó los derechos de Oswald el Conejo Afortunado. Su personaje, su idea, sus animadores, su presupuesto. Todo. De un plumazo contractual.
Después vino Mickey Mouse. Y con Mickey vinieron los cortometrajes que todo el mundo amó. Y entonces Disney dijo "quiero hacer una película entera de animación, 80 minutos, con princesa, bruja y enanos". Y la industria lo llamó "la locura de Disney". Literalmente. Con ese nombre. Le dijeron que iba a arruinarse, que nadie aguantaría 80 minutos viendo dibujos, que era una idea idiota.
Blancanieves recaudó 8 millones de dólares en 1937. Que entonces era una pasta de la hostia.
Y cuando ya parecía que todo iba bien, en la inauguración de Disneyland el 17 de julio de 1955, el asfalto se derritió por el calor, las fuentes no funcionaban, las montañas rusas se averiaron y había el doble de visitantes de los previstos porque alguien había falsificado las entradas. Un caos monumental en directo, retransmitido por televisión para millones de personas.
El año siguiente, Disneyland era el parque de atracciones más visitado del mundo.
¿Qué tiene que ver esto con el TDAH?
Aquí está la parte que me parece más interesante.
El cerebro TDAH tiene una relación rara con el fracaso. En teoría, somos los que peor lo gestionamos. La dysregulation emocional, el golpe al ego, la hipersensibilidad al rechazo, el hundimiento cuando algo no sale. Todo eso es real y lo conocemos bien.
Pero hay otra cara.
El mismo cerebro que se hunde cuando fracasa también tiene una característica extraña: no sabe quedarse quieto. No puede. La impulsividad que te mete en líos es la misma que te saca de ellos. El déficit de atención que te hace abandonar proyectos también te hace empezar otros antes de que el fracaso anterior haya tenido tiempo de pudrirse.
La resiliencia TDAH no funciona como la resiliencia convencional. No es que te levantes porque tienes disciplina o mentalidad de crecimiento o cualquiera de esas frases que venden en tazas de desayuno. Es que literalmente no puedes quedarte sentado demasiado tiempo sin hacer nada.
Disney no tenía un sistema de gestión del fracaso. Tenía un cerebro que ya estaba pensando en el siguiente proyecto antes de que el actual hubiera terminado de derrumbarse.
Si has leído sobre Walt Disney y el TDAH sabes de lo que hablo: el mismo patrón de hiperfoco que lo hacía obsesionarse con una idea hasta hacerla realidad también le hacía saltar a la siguiente sin mirar atrás cuando la anterior fallaba.
No es fortaleza mental. Es arquitectura neurológica.
El fracaso como paso intermedio, no como destino
Hay algo que Disney decía que me parece la definición más honesta del pensamiento TDAH sobre el fracaso: "No hay ninguna magia en nuestro negocio mágico. Todo empezó con un ratón".
Ese ratón apareció después de que le robaran su conejo.
Y el conejo apareció después de que su estudio quebrara.
Y el estudio quebró después de que lo echaran del periódico.
Cada fracaso no era el final. Era la condición que hacía posible el siguiente intento. No porque Disney tuviera una visión filosófica profunda del fracaso. Sino porque no había alternativa. Rendirse no estaba en el menú.
Eso es algo que muchos emprendedores con TDAH famosos tienen en común: no es que sean más valientes que los demás. Es que la alternativa de parar les resulta más insoportable que seguir intentándolo.
El fracaso duele igual. Pero la quietud duele más.
¿Y qué pasa cuando sí te quedas paralizado?
Seré honesto: no siempre funciona así.
Hay fracasos que sí te dejan clavado. El rechazo que se queda dando vueltas. El proyecto que abandona y te da vergüenza mencionar. El negocio que no funcionó y que cada vez que alguien pregunta "¿y tú a qué te dedicas?" tienes que hacer un esfuerzo para no mirar al suelo.
El TDAH puede darte el impulso de empezar de nuevo, pero también puede convertir ciertos fracasos en bucles de rumiación que duran semanas.
La diferencia entre un cerebro que rebota y uno que se queda atascado no siempre es la resiliencia. A veces es el contexto. Disney tenía socios, tenía su hermano Roy gestionando las finanzas y sacándole de los líos contractuales, tenía un entorno que absorbía parte del golpe.
Un cerebro TDAH que cambia de trabajo y de proyecto constantemente no siempre lo hace porque sea inconstante. A veces lo hace porque sabe que quedarse quieto en un sitio que no funciona es exactamente lo que no puede permitirse.
El movimiento constante no es siempre un síntoma. A veces es la estrategia.
Lo que Disney enseña de verdad
La lección no es "fracasa y te irá bien". Eso es positivismo barato.
La lección es que hay una diferencia entre fracasar y abandonar. Disney fracasó muchas veces. No abandonó ninguna.
Y no abandonó no porque tuviera una mentalidad de acero. Sino porque su cerebro funcionaba con una configuración donde el siguiente intento empezaba casi automáticamente. Antes de que el ego tuviera tiempo de convencerle de que era una mala idea.
Hay algo en eso que me resulta familiar.
No sé si a ti también.
Si reconoces ese patrón de "empiezo cosas antes de que las anteriores hayan muerto del todo", puede que tu cerebro funcione con reglas diferentes. Averiguarlo lleva diez minutos.
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