Teletrabajo vs oficina con TDAH: cuál es mejor (spoiler: los dos tienen trampa)
Ni la oficina ni el teletrabajo son ideales con TDAH. Los dos tienen trampa. La clave es diseñar tu entorno antes de que tu cerebro lo haga por ti.
Mi oficina está a 5 metros de mi cama y a 3 de la nevera.
Llevo años teletrabajando y todavía hay días que me pilla la 1 de la tarde en pijama sin haber hecho nada productivo. Ni un email. Ni una línea de código. Nada. Solo he abierto la nevera cuatro veces, he reorganizado el escritorio dos veces, y he visto medio documental sobre tiburones que no tenía ninguna intención de ver.
Y lo mejor es que elegí teletrabajar. Voluntariamente. Convencido de que era lo mejor para mí.
"Ruben, tío, tú trabajas desde casa, qué suerte, qué libertad."
Sí. Libertad para no hacer absolutamente nada sin que nadie me vea.
¿La oficina era mejor?
No te voy a mentir. Cuando trabajaba en oficina, al menos producía algo antes de las 12.
Porque había gente. Y cuando hay gente, tu cerebro se comporta. No porque te estén vigilando, sino porque hay algo que se llama body doubling y que es la hostia para los cerebros con TDAH. Básicamente, si hay alguien al lado tuyo trabajando, tu cerebro entiende que toca trabajar. Es como un contagio de productividad. No necesitas que te controlen. Solo necesitas la presencia de otro ser humano haciendo lo suyo para que tu cerebro diga "ah, vale, estamos en modo curro."
En la oficina también había horarios. Te levantabas, te vestías, ibas a un sitio, te sentabas, y el entorno te decía: esto es trabajo. Tu cerebro no tenía que decidir cuándo empezar porque el entorno ya lo había decidido por él.
Y eso, para un cerebro que tiene 47 tareas pendientes y no puede empezar ninguna, es oro. Estructura externa. Alguien te dice qué hacer, cuándo hacerlo, y dónde hacerlo. Y tu cerebro, que es malísimo decidiendo esas tres cosas por sí solo, respira aliviado.
Pero.
Siempre hay un pero.
¿Sabes lo que también tiene la oficina?
Ruido. Interrupciones. Compañeros que te tocan el hombro cada 15 minutos. Reuniones de una hora que podrían haber sido un email. El tío de al lado que come con la boca abierta. Fluorescentes que parpadean. El aire acondicionado a 16 grados o a 30, nunca a una temperatura humana.
Para un cerebro con TDAH, una oficina open space es como meter a un perro nervioso en una tienda de cristal. Todo brilla, todo suena, todo distrae.
Llevas 20 minutos intentando entrar en la zona. Veinte minutos de batalla contra tu propia cabeza para concentrarte en una sola cosa. Y justo cuando empiezas a fluir, alguien dice "perdona, una preguntita rápida."
Se acabó.
No es una preguntita rápida. Es un misil que le ha dado de lleno a tu concentración. Y ahora necesitas otros 20 minutos para volver a donde estabas. Si es que vuelves.
Y no me hables de las reuniones donde tu cerebro se apaga a los 7 minutos. Porque después de tres reuniones seguidas tu cabeza ha gastado toda la energía del día en fingir que prestaba atención, y cuando por fin te sientas a trabajar de verdad, ya no queda nada. Tu cerebro a las 9AM es un Windows XP arrancando, pero a las 3 de la tarde después de tres reuniones es un Windows XP que ya se ha colgado.
Así que la oficina te da estructura pero te quita concentración. Un intercambio bastante chungo.
¿Y el teletrabajo?
El teletrabajo te da silencio. Libertad. Cero desplazamientos. Cero interrupciones de compañeros. Puedes ponerte cascos, trabajar en calzoncillos, y nadie te va a juzgar.
Suena perfecto.
Hasta que te das cuenta de que sin estructura externa, tu cerebro hace lo que le da la gana.
Y lo que le da la gana no suele ser trabajar.
Yo trabajo desde casa y hay días que me levanto con toda la energía del mundo. Me siento, abro el portátil, y pienso "hoy es el día, hoy reviento." Y una hora después estoy viendo un vídeo de un tío que restaura máquinas recreativas de los 90 y no tengo ni idea de cómo he llegado ahí.
Netflix está en la otra pestaña. Siempre. La nevera está a tres metros. Siempre. El sofá está ahí, mirándote, diciéndote "cinco minutitos." Y nadie va a venir a decirte "oye, llevas media hora en YouTube."
Nadie te ve. Esa es la trampa.
En la oficina, aunque tu cerebro quiera irse de paseo, la vergüenza social te mantiene en el sitio. En casa no hay vergüenza social. Puedes perder tres horas en una espiral de Wikipedia sobre la historia del velcro y nadie se va a enterar.
Y luego llegan las 7 de la tarde, no has hecho nada, y la culpa te aplasta. "Tenía todo el día, silencio, libertad, y no he sido capaz." Es la receta perfecta para sentirte un desastre.
¿Entonces cuál es mejor?
Ninguno.
Los dos tienen trampa. Y la respuesta no es "oficina" ni "teletrabajo." La respuesta es diseñar tu entorno antes de que tu cerebro lo diseñe por ti. Porque si le dejas elegir a él, va a elegir la nevera siempre.
Y esto aplica tanto si trabajas en casa como si trabajas en una oficina.
Si teletrabajas, necesitas crear la estructura que la oficina te daba gratis. Horario fijo de inicio. No negocias contigo mismo. A las 9 (o a las 10, o a las 11, me da igual la hora) te sientas y empiezas. Vestirte ayuda. Suena ridículo, pero ponerte ropa de calle le dice a tu cerebro "esto ya no es modo sofá." Yo los días que trabajo en pijama rindo la mitad. Sin excepción.
Body doubling virtual. Si no tienes a nadie al lado, ponlo en una pantalla. Hay gente que trabaja con un amigo por videollamada en silencio. Cada uno a lo suyo, pero conectados. Tu cerebro detecta la presencia y se comporta. También funcionan las cafeterías. Ruido de fondo, gente alrededor, y la silla incómoda que te impide relajarte demasiado.
Timer visible. Un reloj en la mesa, un Pomodoro, lo que sea. Pero que lo veas. El tiempo para un cerebro con TDAH no existe hasta que lo haces visible. Si no ves que han pasado 45 minutos, tu cerebro no se entera. Y cuando no se entera, las tres horas de espiral de Wikipedia pasan en lo que tú crees que han sido 20 minutos.
Zona de trabajo separada. Si puedes, que tu escritorio no mire al sofá. Ni a la tele. Ni a la cama. Mi escritorio mira a una pared. Una pared blanca y aburrida. A propósito. Porque si mi campo de visión tiene algo interesante, mi cerebro se va a ir ahí.
Si trabajas en oficina, necesitas crear los escudos que el teletrabajo te daba gratis. Cascos. Siempre. Aunque no estés escuchando nada. Son tu muralla contra las interrupciones. Bloques de "no molestar" en el calendario para que nadie te ponga reuniones cuando necesitas concentrarte. Y si tu empresa tiene una política de puertas abiertas y reuniones constantes, busca rincones. Salas vacías. La cafetería a horas muertas. Cualquier sitio donde puedas tener 45 minutos sin que nadie te toque el hombro.
La trampa de creer que el problema es el sitio
Esto es lo importante.
Mucha gente con TDAH cambia de oficina a teletrabajo pensando que el problema era el ruido. Y cuando llega a casa descubre que el problema no era el ruido. Era su cerebro.
Y gente que teletrabaja se va a un coworking pensando que el problema era la falta de disciplina. Y cuando llega al coworking descubre que sigue sin poder concentrarse porque ahora tiene las interrupciones de la oficina.
El problema no es dónde trabajas. El problema es que tu cerebro necesita condiciones específicas para funcionar, y esas condiciones las tienes que construir tú. En cualquier sitio.
No es el sitio. Es el diseño del sitio.
Y sí, es un rollo. Es un rollo tener que pensar en cosas que otra gente no tiene que pensar. Es un rollo necesitar un timer, unos cascos, una pared blanca, y un ritual de inicio para poder hacer lo que otros hacen automáticamente.
Pero así funciona.
Y una vez que lo aceptas y dejas de intentar que tu cerebro funcione como uno que no es, empiezas a rendir. De verdad. En casa, en oficina, o en una cafetería con WiFi malo.
Da igual el dónde si el cómo está bien montado.
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Esto es experiencia, no diagnóstico. Si crees que el TDAH explica cosas que llevas años sin entender, el siguiente paso es un profesional.
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