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¿Es TDAH o fatiga crónica? Cuando el agotamiento lo explica todo

Niebla mental, olvidos, agotamiento brutal. Los síntomas se solapan tanto que muchas personas no saben si es TDAH o fatiga crónica.

tdah

Agotamiento brutal, niebla mental, olvidos, falta de concentración.

Llevas meses así. Quizá años. Te levantas cansado, pasas el día arrastrándote, y cuando llega la noche no entiendes cómo has llegado hasta ahí sin hacer absolutamente nada productivo. Vas al médico y te dice "descansa más". Genial. Como si no lo hubieras intentado.

El problema es que esos síntomas podrían ser fatiga crónica. Podrían ser TDAH. Podrían ser los dos. Y tratarlos al revés no solo no funciona, sino que te hace sentir que el problema eres tú.

¿Por qué la fatiga crónica y el TDAH se parecen tanto?

Porque los dos sabotean exactamente lo mismo: tu capacidad de funcionar en el día a día.

Mira esta lista:

  • No puedes concentrarte.
  • La memoria te falla.
  • Empiezas cosas y no las terminas.
  • Sientes una niebla mental constante, como si pensaras a través de algodón.
  • Estás irritable por todo.
  • Lo básico no es básico: ducharte, cocinar, hacer la compra, todo pesa como si fuera un trabajo a jornada completa.

¿Fatiga crónica o TDAH?

Cualquiera de los dos. Los dos. Depende del día. Depende de quién te evalúe.

Es como intentar distinguir dos coches averiados en la autopista. Los dos están parados. Los dos tienen las luces de emergencia puestas. Pero uno no tiene gasolina y al otro se le ha fundido el motor. Desde fuera, el resultado es idéntico. Desde dentro, el problema es completamente distinto.

¿Cómo saber si es TDAH o fatiga crónica?

La diferencia está en el origen del agotamiento.

La fatiga crónica es un problema energético. Tu cuerpo no produce la energía que necesita. No importa cuánto duermas, cuánto descanses, cuántas vacaciones te tomes. El tanque nunca se llena. Tu cerebro quiere funcionar, pero el cuerpo dice que no. Es como un coche con el depósito pinchado: echas gasolina y se sigue vaciando.

El TDAH es un problema de regulación. Tu cerebro tiene energía, pero no sabe administrarla. Puedes pasarte seis horas hiperfocalizado en algo que te fascina y luego no tener fuerzas ni para abrir un email. No es que no tengas gasolina. Es que tu cerebro se la gasta toda en lo que le da la gana, cuando le da la gana, sin consultarte.

La persona con fatiga crónica quiere hacer cosas pero no puede. Físicamente no puede.

La persona con TDAH puede hacer cosas, pero solo las que su cerebro elige. Y el cerebro elige fatal.

La persona con fatiga crónica se arrastra todo el día, sin picos, sin variación. Cansancio plano, constante, como una línea recta.

La persona con TDAH tiene días en los que parece que puede con todo y días en los que no se acuerda ni de beber agua. Es una montaña rusa energética que no sigue ninguna lógica.

¿Y si tienes los dos?

Sí, se puede. Y no es raro.

El TDAH sin diagnosticar genera un desgaste brutal. Años compensando, años de esfuerzo extra para hacer lo mismo que los demás, años de dormir mal porque tu cerebro no se apaga. Ese nivel de estrés crónico puede detonar fatiga crónica real. No teórica. Real.

Tu cuerpo no está diseñado para vivir en modo emergencia permanente.

Y lo que pasa entonces es un bucle del infierno. El TDAH te agota. El agotamiento empeora tus síntomas de TDAH. Y cada vez necesitas más energía para compensar un cerebro que cada vez tiene menos recursos.

Es como un teléfono con una app que consume batería en segundo plano. El teléfono se queda sin batería a las 3 de la tarde. Pero no es que la batería sea mala. Es que hay algo funcionando sin parar que nadie ha cerrado.

¿Por qué importa saber cuál es cuál?

Porque el tratamiento va en direcciones opuestas.

La fatiga crónica se trata con gestión de energía. Aprender a administrar lo poco que tienes. Descanso real, no "descanso de sofá con el móvil". Ritmos, rutinas, y aceptar que tu techo energético es más bajo que el de la mayoría.

El TDAH se trata con estructura, estrategia, a veces medicación. No necesitas más descanso. Necesitas un cerebro que sepa dónde poner la energía que ya tiene. La solución no es parar. Es canalizar.

Si tienes TDAH y te tratan solo la fatiga, te van a decir que descanses más. Y vas a descansar. Y vas a seguir igual. Porque el problema no es el cansancio. El problema es que tu cerebro quema energía como si tuviera las luces, la calefacción y el horno encendidos las 24 horas del día.

Y al revés también pasa. Si tienes fatiga crónica y alguien te dice "es TDAH, ponte estimulantes", puedes acabar peor. Un estimulante en un cuerpo que ya está fundido es como meterle turbo a un motor que echa humo.

Por eso importa. No por la etiqueta. Sino porque entender qué le pasa a tu cuerpo y a tu cerebro es lo que te permite dejar de intentar soluciones que no funcionan.

¿Cómo se diferencia en el día a día?

Hay una pregunta que a mí me aclara mucho:

Cuando encuentras algo que te apasiona de verdad, algo que te engancha, ¿puedes hacerlo durante horas sin sentir cansancio?

Si la respuesta es sí, si cuando algo te motiva eres capaz de tirar durante horas como si el agotamiento no existiera, eso apunta más a TDAH. Porque la energía estaba ahí. Solo que tu cerebro la libera cuando le interesa, no cuando tú necesitas.

Si la respuesta es no, si incluso las cosas que te encantan te dejan agotado después de un rato, eso apunta más a fatiga crónica. El interés está, pero el cuerpo no acompaña.

No es un diagnóstico. Es una pista. Pero es la clase de pista que muchos profesionales no te preguntan porque no saben que TDAH y fatiga crónica pueden convivir en el mismo cuerpo.

Esto no es un diagnóstico

Lo repito porque importa: un post de blog no sustituye a un profesional. No te autodiagnostiques con esto. Pero si llevas meses, o años, arrastrando un cansancio que no se explica con "duerme más y come mejor", quizá merezca la pena explorar si hay algo más debajo.

Muchas personas pasan años tratando el agotamiento como si fuera pereza, estrés o falta de voluntad. Y resulta que debajo había un cerebro que funcionaba diferente desde siempre.

Tu cuerpo no miente. Si te dice que algo no va, algo no va. Escúchalo.

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