Mi cerebro a las 9AM es un Windows XP arrancando

Tengo TDAH y soy noctámbulo. Mi cerebro a las 9 de la mañana es un Windows XP arrancando. No acepta instrucciones hasta las 5 de la tarde.

Ayer tuve una videollamada a las 9 de la mañana. Mi novia me puso 3 alarmas. Me desperté con la tercera.

Las otras dos sonaron. Las oí, las odié y las ignoré como quien ignora los términos y condiciones de una app. Ahí estaban, haciendo su trabajo, y yo ahí estaba, saboteando el suyo. No es que no quisiera despertarme. Es que mi cuerpo y mi cerebro habían firmado un pacto nocturno que no incluía madrugar.

Me levanté, me miré al espejo y tomé la única decisión ejecutiva que mi cerebro podía procesar a esa hora: la cámara hoy no se enciende. Hay un límite de cosas que puedes pedirle a un ser humano antes de las diez de la mañana, y una de ellas es que no se presente en vídeo.

Entré a la call. "Un segundo, que tengo un problema técnico."

El problema técnico era mi cara. Literalmente. No es que el micro fallara o que el WiFi de Wroclaw decidiera tomarse un descanso. Es que mi expresión facial a esa hora no transmite profesionalidad. Transmite supervivencia.

El cliente me dijo "tío, pareces enfermo." No estaba enfermo.

Eran las 9 de la mañana. Para mí, eso es el equivalente biológico de pedirle a alguien que corra una maratón después de tres horas de sueño. Puedes hacerlo. Pero nadie va a disfrutarlo. Y menos el que te está mirando.

Tengo TDAH y soy noctámbulo. Mi cerebro a las 9AM es un Windows XP arrancando.

La barra de carga va por el 12%. Puedes hacer clic donde quieras.

Puedes hacer doble clic. Puedes darle al botón de inicio diecisiete veces seguidas. No va a pasar nada. El sistema está cargando y no acepta instrucciones.

Y mira, no es por falta de ganas. Te lo juro. No es pereza, no es que me acueste tarde viendo vídeos de gatos a las 4AM. Bueno, a veces sí, pero ese no es el punto. El punto es que el interruptor no funciona a esas horas.

No puedo encenderlo. No es que no quiera. Es que no responde.

A las 5 de la tarde ya estoy que me como el mundo. Las ideas fluyen, las respuestas salen solas, todo tiene sentido.

A las 3 de la madrugada soy un genio. En serio. Mis mejores ideas, mis mejores textos, mis mejores decisiones han salido a las 3AM, solo en mi cueva, con Faraday dormido encima de mi teclado y Lily ignorándome desde el sofá. Pero a las 9 de la mañana soy un zombi con camisa. Y eso en un día bueno.

Llevamos años escuchando que madrugar es de gente productiva. Que las 5AM son la hora mágica. Que los exitosos se levantan con el sol y hacen yoga mientras tú sigues babeando la almohada. Y yo me lo he creído durante mucho tiempo.

He puesto alarmas a las 6. A las 7. A las 8. He probado apps, relojes que vibran, luces que simulan el amanecer. He hecho de todo excepto aceptar una cosa bastante obvia.

A lo mejor lo productivo no es madrugar. A lo mejor lo productivo es saber a qué hora funciona tu cerebro de verdad. Y trabajar con eso, no contra eso.

Yo rindo a las 3AM. Tú a lo mejor rindes a las 7 de la mañana. Y los dos tenemos razón. La diferencia está en dejar de intentar ser el tipo de persona productiva que te han vendido y empezar a ser el tipo de persona productiva que ya eres.

Porque si algo he aprendido con el TDAH es que luchar contra tu propio cableado es la forma más eficiente de no hacer absolutamente nada.

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Mi psicóloga me enseñó un truco que ojalá me hubieran contado hace años. Te lo dejo gratis aquí.

Nada de esto sustituye a un psicólogo o psiquiatra. Si sospechas que tienes TDAH, pide cita.

El truco de la psicóloga

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