¿Es TDAH o te faltan vitaminas? Cuando la fatiga tiene otra explicación
Cansancio, niebla mental, olvidos. Puede ser TDAH. O puede ser hierro bajo, vitamina D o B12. Antes de asumir, mira tus análisis.
Cansancio, olvidos, niebla mental. Podría ser TDAH. O podría ser que llevas meses con el hierro por los suelos. Antes de asumir que es tu cerebro, mira tus análisis.
Porque no todo lo que parece TDAH lo es.
Yo lo descubrí por accidente. Estaba en una de esas rachas en las que todo cuesta más. Levantarme, pensar, acordarme de lo que iba a hacer cuando me levantaba del sofá. Lo normal en mi cabeza, ¿no? Llevo toda la vida así. TDAH, dispersión, el paquete completo.
Pero mi médica me mandó unos análisis rutinarios. Y resulta que tenía la vitamina D por los suelos. Como quien dice, por debajo del subsuelo. Y el hierro, justito. Ni anemia, pero rozando.
Le pregunté: "¿Esto puede afectar a la concentración?"
Me miró como si le hubiera preguntado si el agua moja.
¿Qué tienen en común el TDAH y las deficiencias de vitaminas?
Más de lo que crees. Y ese es el problema.
Mira esta lista de síntomas:
- Fatiga constante, aunque duermas.
- Niebla mental. Piensas con retraso, como si tu cerebro fuera a 56k.
- Olvidos frecuentes.
- Dificultad para concentrarte en tareas que antes hacías sin problema.
- Irritabilidad sin motivo claro.
- Desmotivación general.
¿TDAH? Podría ser. ¿Déficit de hierro? También. ¿Vitamina B12 baja? También. ¿Vitamina D en números rojos? También.
Los síntomas se pisan unos a otros como vecinos en un piso compartido. Y si ya tienes TDAH diagnosticado, es facilísimo atribuirlo todo al TDAH. "Es mi cerebro, es lo que hay." Y te comes un problema que tiene solución en una farmacia por 5 euros.
¿Cómo saber si es TDAH o falta de vitaminas?
La clave está en el patrón temporal.
El TDAH es de siempre. Llevas toda la vida olvidando cosas, distrayéndote, necesitando el estímulo de última hora para funcionar. No empezó un martes de noviembre. Siempre ha estado ahí, aunque no lo supieras.
Una deficiencia de vitaminas aparece. Hay un antes y un después. Quizá no lo notaste de golpe, pero si rebobinas, puedes señalar una época en la que empezaste a estar más cansado, más espeso, más lento. Un cambio de dieta, una temporada sin ver el sol, más estrés del habitual.
Si llevas toda la vida disperso, probablemente es tu TDAH. Si llevas tres meses sintiéndote como si alguien te hubiera bajado la velocidad del procesador, merece la pena mirar qué pasa por dentro.
Pregúntate: ¿esto es nuevo, o es lo de siempre amplificado?
Porque esa es la otra opción que nadie te cuenta. Puedes tener TDAH Y un déficit de vitaminas al mismo tiempo. Y el déficit amplifica todo lo malo del TDAH. Tu cerebro ya iba justo de dopamina, y ahora encima le quitas hierro. Es como quitarle las ruedas a un coche que ya iba con el motor gripado. No es que no arranque. Es que ahora directamente no se mueve.
Las vitaminas y minerales que más afectan al cerebro
No voy a convertir esto en una clase de bioquímica. Pero hay cuatro que aparecen una y otra vez cuando hablamos de fatiga cognitiva:
Hierro. Sin hierro suficiente, tu sangre transporta menos oxígeno. Menos oxígeno al cerebro significa menos capacidad de pensar. Y no hace falta tener anemia. Puedes tener la ferritina baja sin estar anémico y ya notar niebla mental, cansancio, problemas de memoria. Es lo que le pasa a mucha gente, especialmente mujeres.
Vitamina D. La vitamina del sol. Si vives en una oficina, tele trabajas desde un sótano, o simplemente es invierno, tus niveles probablemente están bajos. Y la vitamina D no solo va de huesos. Afecta al estado de ánimo, a la energía, a la función cognitiva. Hay estudios que la relacionan directamente con la severidad de los síntomas de TDAH.
Vitamina B12. Esencial para el sistema nervioso. Si eres vegetariano o vegano y no suplementas, tu B12 puede estar por los suelos sin que lo sepas. Los síntomas: fatiga, problemas de memoria, dificultad para pensar con claridad. Suena familiar, ¿verdad?
Magnesio. El gran olvidado. Participa en cientos de procesos del cuerpo, incluyendo la regulación del sueño y la producción de neurotransmisores. Y resulta que los estudios muestran que muchas personas con TDAH tienen niveles de magnesio más bajos de lo normal.
Ojo. No estoy diciendo que tomar magnesio cure el TDAH. Ni que la vitamina D sea la pastilla mágica. Lo que digo es que si tienes TDAH y además tienes estos niveles por los suelos, estás jugando en modo difícil sin necesidad.
¿Por qué nadie te manda estos análisis?
Buena pregunta.
Porque cuando vas al médico diciendo "estoy cansado, no me concentro, se me olvida todo", lo primero que suelen decir es "estrés" o "ansiedad". Si ya tienes diagnóstico de TDAH, directamente lo atribuyen a eso. Y se acabó la conversación.
Rara vez alguien dice: "Vamos a mirar tus niveles de hierro, vitamina D, B12 y magnesio antes de asumir nada."
Y es una pena. Porque un análisis de sangre cuesta poco, duele poco, y puede darte una respuesta que llevabas meses buscando. A veces la fatiga crónica que arrastras no es solo tu cerebro. A veces tu cuerpo está pidiendo algo muy concreto y tú estás echándole la culpa al TDAH.
Si ya de por sí el burnout con TDAH es un infierno, imagina sumarle una deficiencia nutricional que nadie ha mirado.
Qué hacer con esta información
No te autodiagnostiques un déficit de vitaminas. No te automediques. No compres 47 suplementos en Amazon después de leer esto.
Lo que sí puedes hacer:
Pide un análisis de sangre completo. Dile a tu médico que quieres mirar ferritina (no solo hemoglobina), vitamina D, B12 y magnesio. Si tu médico pone pegas, insiste. Es tu derecho. Es una analítica básica que puede descartarte problemas en 48 horas.
Revisa qué comes. No hace falta que te conviertas en nutricionista. Pero si tu dieta es café, ultraprocesados y algo de pasta, tu cuerpo no tiene con qué funcionar. Y tu cerebro es el primero que lo nota.
No dejes de lado los chequeos médicos pendientes. Sé que con TDAH las citas se posponen hasta el infinito. Pero esta es de las que merece la pena hacer.
Y sobre todo: no asumas que todo es TDAH. El TDAH existe, es real, y afecta a tu vida. Pero no todo lo que falla en tu cabeza es TDAH. A veces es tu cuerpo diciéndote que le falta algo. Y eso tiene arreglo.
Tu cerebro ya tiene suficientes retos propios. No le sumes los que se pueden solucionar con un análisis de sangre y un bote de vitaminas del Mercadona.
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