Volver al blog

Compararte con los demás cuando tienes TDAH

Tu compañero entrega a tiempo, tú llevas 3 días mirando el informe. Compararte con neurotípicos es comparar peces con pájaros. El TDAH cambia las reglas del juego.

tdah

Tu compañero ha entregado el informe. Tú llevas tres días mirándolo desde la carpeta de descargas.

No lo has abierto ni una vez. Está ahí, con el nombre que le pusiste el lunes con toda la intención del mundo, y no lo has tocado. Y él ya lo entregó. Con tiempo. Sin drama. Probablemente sin acordarse de que existía hasta que su cerebro le dijo "ah, sí, el informe" y lo hizo.

Tú lo llevas tres días pensando. Sin hacerlo.

Y entonces viene la comparación.

¿Por qué me comparo con todo el mundo?

Porque tu cerebro busca referencias para saber si está funcionando bien. Y las referencias que tienes a mano son las personas que te rodean. Tu compañero, que entrega a tiempo. Tu amiga, que tiene la casa impecable. Tu primo, que ha montado dos negocios y hace deporte los miércoles. La gente en LinkedIn, que al parecer se levanta a las 5 de la mañana, medita, lee un libro entero y factura seis cifras antes de desayunar.

El problema no es que te compares. El problema es con quién.

Porque te estás comparando con personas que tienen un sistema operativo diferente al tuyo. Y comparar sistemas operativos distintos no te da información útil. Te da frustración.

Es como comparar la velocidad de un pez con la de un pájaro. El pájaro no es mejor que el pez. Es que vuelan en medios distintos, con estructuras distintas, con reglas distintas. Si metes al pájaro en el agua, se hunde. Si sacas al pez del agua, se asfixia. Ninguno es un fracaso. Los dos son exactamente lo que tienen que ser en el entorno correcto.

Tú llevas años intentando nadar como vuela un pájaro. Y cada vez que no lo consigues, lo interpretas como un fallo tuyo.

No lo es.

La trampa del "debería poder"

Esta es la más peligrosa. La que hace más daño de lejos.

"Si él puede, yo también debería poder."

La lógica parece sólida. Misma edad. Mismo trabajo. Mismo acceso a herramientas. Mismas horas en el día. Entonces si él lo hace y tú no, el problema eres tú. Tu actitud. Tu esfuerzo. Tu voluntad.

Pero esa lógica ignora una variable que lo cambia todo: el hardware.

Tu compañero tiene un cerebro que regula la dopamina de una forma. El tuyo la regula de otra. Él puede empezar tareas aburridas porque su cerebro encuentra suficiente recompensa en el simple hecho de completarlas. El tuyo necesita urgencia, novedad, presión, o un interés genuino para activarse. No es que él tenga más fuerza de voluntad. Es que su sistema de arranque funciona con otro combustible.

Eso es el TDAH. No es flojera. No es mala actitud. Es una arquitectura diferente que nadie te explicó hasta hace relativamente poco, si es que alguien te lo ha explicado ya.

Y el resultado de no saberlo es que pasas años aplicando soluciones diseñadas para otro tipo de cerebro. "Ponte horarios." "Haz listas." "Prioriza." Cosas que a él le funcionan como un reloj y a ti se te caen al suelo a los tres días sin que entiendas por qué.

Mientras tanto, la comparación sigue. Y cada comparación confirma el mismo mensaje: que tú eres el problema. Que si te esforzaras más, podrías. Que si quisieras de verdad, lo harías. Es el mismo mecanismo que hay detrás de lo que pasa cuando te hablan del potencial desaprovechado: alguien ve lo que podrías hacer, ve que no lo estás haciendo, y la explicación fácil es que no quieres lo suficiente.

Pero no es eso.

La ropa del lunes y la silla del viernes

Si tienes TDAH, sabes exactamente de qué voy.

La silla. Esa silla específica, en ese rincón concreto de tu habitación, que ha acumulado más ropa que el armario. La ropa del lunes está encima de la del martes, que está encima de la del miércoles. Es un sistema. No es desorden. Es un archivo cronológico.

Tu amigo tiene la casa limpia. Siempre. No porque sea un obsesivo del orden, sino porque su cerebro genera suficiente motivación para recoger las cosas en el momento en que las deja. El tuyo no. El tuyo pospone ese impulso hasta que la acumulación se vuelve tan visible que no puedes ignorarla, o hasta que viene alguien a casa, o hasta que entra en hiperfoco de limpieza y lo deja todo perfecto en dos horas.

Lo que no hace es el punto medio. El mantenimiento tranquilo y constante.

Y ves las casas de los demás en redes sociales. Sus escritorios minimalistas. Sus salones de catálogo. Y piensas que algo va mal en ti. Que eres el único que vive así. Que si te aplicaras un poco más tendrías lo que tienen ellos.

Lo que no ves es que ellos no tienen que aplicarse. Les sale solo. A ti no te sale solo, y eso no te hace peor persona. Te hace una persona con TDAH en un mundo que asume que todos tienen el mismo piloto automático.

Sentirse diferente toda la vida

El manual que no te dieron

Hay gente que parece funcionar con un manual de instrucciones que a ti no te llegó.

Saben cuándo hay que hacer qué. Tienen rutinas que se sostienen solas. Llegan a tiempo, no pierden las llaves, responden los mensajes el mismo día, recuerdan los cumpleaños sin que el móvil les avise cinco veces. Viven una vida que desde fuera parece coordinada, tranquila, manejable.

Y tú ves eso y piensas que hay algo que ellos saben y que tú no has aprendido todavía. Un truco. Una app. Un hábito. Algo que si descubrieras lo cambiaría todo.

El problema es que el manual existe, sí. Pero está escrito para un cerebro específico. Y no es el tuyo.

Tú necesitas otro manual. Uno que no existe todavía en la mayoría de libros de productividad, que no te enseñan en el colegio, que no te explican en ningún trabajo. Un manual que reconozca que tu cerebro necesita condiciones distintas para funcionar bien: interés genuino, estructura externa, plazos reales, variedad, movimiento, autonomía sobre lo que haces y cuándo lo haces.

No es que seas más difícil de gestionar. Es que las herramientas genéricas no están diseñadas para ti. Y usar herramientas que no encajan y fallar no significa que seas un fracaso. Significa que estabas usando las herramientas equivocadas.

Compárate con tu yo de hace un año

Esta es la única comparación que tiene sentido.

No con tu compañero. No con tu amiga. No con la versión de ti mismo que imaginas que deberías ser. Con quien eras hace doce meses.

¿Entiendes mejor cómo funciona tu cerebro ahora que hace un año? ¿Tienes más vocabulario para lo que te pasa? ¿Has encontrado aunque sea una cosa, un sistema, un contexto, en el que funcionas mejor?

Eso es progreso real. Aunque no parezca suficiente comparado con lo que hacen los demás.

La culpa de no ser "normal" que arrastra mucha gente con TDAH viene exactamente de aquí: de usar la vara de medir equivocada. Sentir que hay algo mal en ti por no encajar en los estándares de los demás es uno de los patrones más comunes, y también uno de los más destructivos.

No estás compitiendo en la misma carrera que los demás. Estás en una carrera diferente, con un terreno diferente, con un cuerpo diferente. Comparar tus tiempos con los suyos no te dice nada útil. Solo te genera frustración.

Lo único que te dice algo útil es comparar tus tiempos de hoy con tus tiempos de ayer.

No eres un pájaro intentando nadar

Eso es lo que quiero que te quedes.

No eres un pájaro torpe que no sabe nadar. Eres un pez en un mundo diseñado para pájaros, intentando adaptarte a reglas que no tienen en cuenta cómo te mueves tú. Y llevas años en eso. Con las herramientas que tenías. Sin manual. Sin diagnóstico. Sin que nadie te explicara que el problema no era la falta de esfuerzo, sino la falta de contexto.

Compararte con los demás no te va a dar información útil. Solo te va a confirmar que funcionas diferente. Lo cual ya sabes.

Lo que no sabes todavía, quizá, es exactamente de qué tipo es esa diferencia. Si sospechas que tu cerebro lleva años jugando con reglas que no conocías, puede que valga la pena buscarlo.

Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. No es un diagnóstico, pero puede ser el primer paso para dejar de compararte con gente que tiene un sistema operativo distinto al tuyo. 10 minutos.

Relacionado

Sigue leyendo