Delegar con TDAH: por qué hacerlo todo tú es una trampa
Con TDAH queremos control total sobre todo. El problema: somos los peores controlando nuestro propio cerebro. La paradoja de delegar que nadie te cuenta.
Llevaba semanas diciéndome que iba a contratar a alguien que me ayudara con ciertas tareas del negocio.
Cosas administrativas. Responder emails. Coordinar cosas que no requieren que esté yo específicamente.
Y cada vez que me sentaba a pensar en cómo delegar eso, me bloqueaba. Empezaba a hacer la lista de tareas que podría darle a otra persona y acababa haciéndolas yo. Porque mientras explicaba qué había que hacer, ya lo había hecho. Porque era más fácil. Porque si no lo hacía yo, iba a salir mal.
Hasta que me di cuenta de algo incómodo: el problema no era que no quisiera delegar. Era que tenía miedo de soltar el control. Y la ironía es que yo, con TDAH, soy probablemente la persona menos indicada del planeta para tener control sobre nada.
¿Por qué el cerebro con TDAH quiere controlarlo todo?
Porque el caos interno es brutal.
Cuando tu cabeza es un escáner que no para, cuando tienes 40 pensamientos simultáneos, cuando no sabes si vas a poder concentrarte mañana o si vas a perder tres horas mirando el techo, necesitas que al menos lo externo sea predecible.
El control sobre las tareas, los proyectos, las decisiones es una forma de compensar el descontrol interno. Si yo lo hago todo, al menos sé cómo está todo. Si dependo de otra persona, hay una variable que no puedo controlar. Y eso al cerebro con TDAH le parece terrorífico.
El problema es que ese razonamiento tiene un defecto enorme: asume que tú, haciéndolo todo, tienes realmente el control. Y no lo tienes.
Lo que tienes es la ilusión del control mezclada con perfeccionismo de TDAH, que es la combinación más cara que existe en tiempo, energía y salud mental.
La trampa del "si no lo hago yo, sale mal"
Esto es lo que me decía a mí mismo.
Y tiene algo de verdad. Cuando delegas mal, las cosas salen mal. Pero delegas mal porque no has explicado bien lo que quieres. Porque no tienes un sistema. Porque cada vez que alguien te pregunta algo, improvisas la respuesta.
No porque delegar sea imposible. Sino porque nunca te has parado a hacer el trabajo previo de pensar en cómo delegar.
Y ese trabajo previo es el que el cerebro con TDAH evita como la peste.
Crear un sistema, documentar un proceso, explicar cómo quieres que se haga algo: eso requiere planificación abstracta, mantener la atención en algo que no tiene urgencia inmediata, y tolerar que al principio salga peor de lo que lo harías tú. Tres cosas que el TDAH convierte en un deporte de alto riesgo.
Así que volvemos a hacerlo nosotros. Y llamamos a eso "eficiencia".
No es eficiencia. Es la barrera invisible de empezar aplicada a delegar. El coste de arrancar el proceso parece tan alto que preferimos asumir la carga nosotros.
Lo que nadie te dice sobre el control total
Que tiene un precio que no ves hasta que ya es demasiado tarde.
Cuando lo haces todo tú, hay un coste de oportunidad brutal. Todo el tiempo que pasas en tareas que podrían hacer otros es tiempo que no estás usando en lo que solo puedes hacer tú.
Pero eso lo sabes ya. El problema más gordo es otro.
El problema es que cuando lo haces todo tú, creas un sistema donde todo depende de que estés operativo. Y con TDAH, no siempre estás operativo. Hay días en los que la parálisis de las 47 tareas pendientes se apodera de todo y no puedes hacer nada. Y si en ese momento todo el negocio, todos los proyectos, todas las decisiones dependen de ti, se para.
No es sostenible. Y en el fondo lo sabes.
Pero el cerebro con TDAH prefiere el dolor conocido al miedo de lo desconocido. Y el dolor conocido es hacerlo todo tú hasta que el cuerpo dice basta.
Por qué delegar es más difícil con TDAH
No es solo el miedo al control.
Es que delegar requiere habilidades que el TDAH machaca específicamente.
Comunicación clara y consistente: tienes que explicar exactamente qué quieres, cómo lo quieres, y qué estándares esperas. Con un cerebro que va a 300 por hora, esa comunicación suele ser incompleta, cambiante, o directamente caótica.
Paciencia con la curva de aprendizaje: la persona que empieza a ayudarte va a cometer errores. Y esos errores van a activar todo tu instinto de "lo hago yo". Aguantar eso sin intervenir requiere una tolerancia a la frustración que el TDAH no favorece precisamente.
Sistemas y documentación: para que alguien pueda hacer algo sin ti, necesitas haberlo documentado de alguna forma. Y crear documentación es una de las tareas más aburridas que existen. Lo que para un cerebro neurotípico es tedioso, para un cerebro con TDAH es prácticamente imposible sin una estructura encima.
Seguimiento sin microgestión: tienes que supervisar sin hacerlo tú. Ni desaparecer y rezar para que salga bien, ni meterte en cada paso. El punto medio que requiere atención regulada. No exactamente el fuerte de nadie con TDAH.
Cómo empecé a delegar sin volverme loco
Con el método más tonto del mundo: empecé por algo pequeño y sin importancia.
No intenté delegar lo más importante. Intenté delegar algo donde si salía mal, el daño era mínimo. Algo que me molestaba hacer pero que no era crítico.
Y cuando salió bien, o cuando salió más o menos bien, actualicé mentalmente mi probabilidad de que delegar era posible.
Después documenté ese proceso. Mal, muy básico, en notas sueltas. Pero algo es algo. Tenía una referencia de cómo querría que se hiciera.
Lo otro que me ayudó fue aceptar que el objetivo no es hacerlo perfecto. El objetivo es que otra persona pueda hacerlo lo suficientemente bien para que yo no tenga que estar ahí. Y "lo suficientemente bien" rara vez es "exactamente como lo haría yo". Aceptar esa brecha fue un trabajo de meses, no de semanas.
El perfeccionismo en el trabajo con TDAH es una trampa específica porque se disfraza de estándares altos. No son estándares altos. Es miedo a que algo salga sin tu control y resulte estar bien igualmente. Porque si resulta que sale bien, eso implica que llevas años haciendo cosas que no necesitabas hacer tú.
Y eso duele.
La paradoja que nadie te cuenta
Cuando delegas bien, recuperas control.
No el control de "yo lo hago todo y sé cómo está cada cosa". Sino el control de "tengo sistemas que funcionan aunque yo no esté al 100%".
Que para un cerebro con TDAH es mucho más valioso. Porque los días al 100% no son tan frecuentes como quisiéramos. Y un sistema que solo funciona cuando estás en modo dios es un sistema que no funciona.
Delegar no es perder el control. Es construir resiliencia para los días en que tu cerebro no aparece a trabajar.
Y si hay algo que el TDAH enseña, es que esos días existen. Y que más vale tenerlos en cuenta.
Si reconoces estos patrones y alguna vez te has preguntado si detrás de todo esto hay algo más, hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender cómo funciona tu cerebro de verdad.
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