TDAH en la infancia vs en adultos: por qué parece que cambia
El TDAH no desaparece al crecer. Cambia de forma. De niño eras el que no paraba quieto. De adulto eres el que no puede parar su cerebro.
De pequeño era el niño que no paraba quieto. El que se levantaba en clase, hablaba sin parar y perdía los lápices como si se evaporaran.
De adulto soy el tipo que no puede parar su cerebro. El que tiene 32 pestañas abiertas a las once de la noche, olvida las citas y no consigue empezar una tarea que lleva tres semanas en la lista.
Mismo TDAH. Diferente envoltorio.
Y eso confunde a todo el mundo. Empezando por ti.
¿Qué pasa con el TDAH cuando creces?
Lo que pasa es que el TDAH no desaparece. Se transforma. Como un Pokémon, pero en vez de evolucionar a algo más fuerte, evoluciona a algo más difícil de detectar.
Cuando eres niño, el TDAH es ruidoso. Es visible. Es el crío que no para, que interrumpe, que se cae de la silla, que pierde el estuche cada semana. Los profesores lo ven. Los padres lo ven. Todo el mundo lo ve.
Cuando eres adulto, el TDAH se mete hacia dentro. Ya no te levantas de la silla en una reunión. Pero tu cabeza lleva media hora en otro sitio. Ya no pierdes el estuche. Pero pierdes facturas, citas, deadlines y la noción del tiempo cada martes a las cuatro de la tarde.
La hiperactividad física se convierte en hiperactividad mental. El niño que corría por el pasillo es ahora el adulto que no puede apagar el cerebro a las 2 de la madrugada. Los síntomas no se van. Se camuflan.
Y como se camuflan, mucha gente piensa que el TDAH es cosa de niños. Que se pasa. Que maduras y ya está.
No se pasa.
De niño te lo detectan. De adulto te lo cuestionan.
Cuando eres niño y tienes TDAH, hay una estructura que te sostiene. Padres que te organizan la mochila. Profesores que te dicen qué hacer y cuándo. Horarios fijos. Campanas que te avisan de que toca cambiar de actividad. Un sistema entero diseñado para que funciones aunque tu cerebro no coopere.
Luego cumples 18 y todo eso desaparece.
De repente tienes que organizarte tú. Nadie te dice a qué hora levantarte, ni cuándo hacer la colada, ni que llevas dos semanas sin pagar una factura. Y tu cerebro, que siempre funcionó con la estructura de otros, se queda solo. Sin red. Sin campanas.
Y ahí es donde empieza el caos real.
Porque de niño el TDAH era "es muy movido, ya madurará". De adulto el TDAH es "es que eres un desastre" o "te falta disciplina" o "si quisieras de verdad, podrías". Y tú te lo crees. Porque nadie te ha dicho que lo que tienes es una condición neurológica real, no un problema de actitud.
¿Por qué la hiperactividad "desaparece"?
No desaparece. Cambia de canal.
De niño, la hiperactividad es física. Corres, saltas, te mueves sin parar. Es imposible de ignorar. Tu cuerpo necesita moverse y lo hace, te digan lo que te digan.
De adulto, aprendes a quedarte quieto. Años de "siéntate", "estate quieto", "deja de moverte" hacen efecto. Tu cuerpo se queda en la silla. Pero tu mente sale corriendo igualmente.
La hiperactividad se muda a tu cabeza. Y en vez de correr por el patio, corres por dentro. Pensamientos que no paran. Ideas que se solapan. Conversaciones mentales que te agotan sin haber dicho una palabra en voz alta. La pierna que se mueve sola debajo de la mesa. El bolígrafo que no dejas de girar. La inquietud que no sabes explicar pero que está ahí siempre.
Es la misma energía de cuando tenías 8 años. Solo que ahora es invisible. Y lo invisible no se diagnostica fácil.
Por eso mucha gente llega a adulta sin diagnóstico. Porque el TDAH en adultos no parece TDAH. Parece ansiedad. Parece estrés. Parece "es que soy así". Parece cualquier cosa menos lo que realmente es.
La inatención: de "se distrae en clase" a "no puede con su vida"
De niño, la inatención es "no atiende en clase". Mira por la ventana. Se pierde en su mundo. No copia los deberes de la pizarra.
De adulto, la inatención es otra historia.
Es olvidarte de pagar el alquiler. Es llegar tarde a todo aunque salgas con tiempo. Es empezar quince proyectos y no terminar ninguno. Es leer un email tres veces y no enterarte de qué dice. Es que tu pareja te hable durante cinco minutos y tú no hayas escuchado ni la primera frase.
Lo que de niño era "se distrae" se convierte en algo que afecta a tu trabajo, tus relaciones, tu autoestima y tu cuenta bancaria. Y encima nadie lo relaciona con TDAH. Porque ya no eres un niño. Ya no hay un profesor que diga "este niño no atiende". Ahora solo eres un adulto que "no se organiza".
La inatención infantil tiene excusa social. La inatención adulta no. Y eso hace que te culpes a ti mismo en vez de buscar respuestas.
¿Cambian los tipos de TDAH al crecer?
Los tres subtipos de TDAH siguen siendo los mismos: inatento, hiperactivo-impulsivo y combinado. Lo que cambia es cómo se manifiestan.
Un niño hiperactivo-impulsivo es el que no para quieto y suelta lo primero que le pasa por la cabeza. Un adulto hiperactivo-impulsivo es el que interrumpe en reuniones, toma decisiones sin pensar, gasta dinero por impulso y cambia de trabajo cada año buscando algo que le estimule.
Un niño inatento es el que mira las nubes por la ventana y se le olvida el estuche. Un adulto inatento es el que pierde oportunidades laborales porque no contestó un email a tiempo, llega tarde a cada cita, y tiene la casa llena de proyectos a medias.
Los subtipos no cambian. Lo que cambia son las consecuencias. De niño, suspender un examen. De adulto, perder un trabajo. El TDAH sube la apuesta a medida que la vida se complica.
Lo que no cambia nunca
Hay cosas que se mantienen iguales desde los 7 años hasta los 40.
La dificultad para regular emociones. Esa reacción desproporcionada cuando algo sale mal. Ese llanto que aparece de la nada o ese enfado que va de 0 a 100 en medio segundo. De niño te decían "qué exagerado". De adulto simplemente creen que eres intenso.
La mala relación con el tiempo. De niño no entiendes por qué llegas tarde al cole si te acabas de levantar. De adulto no entiendes por qué llegas tarde al médico si llevas una hora preparándote. El tiempo funciona diferente en un cerebro con TDAH. Siempre ha funcionado diferente. Solo que ahora las consecuencias son mayores.
La sensación de que los demás pueden y tú no. Eso no cambia. Cambian las palabras que le pones. De niño piensas "soy tonto". De adulto piensas "soy vago". Pero el sentimiento es el mismo: algo falla en mí y no sé qué es.
Hasta que alguien te dice que no falla nada. Que tu cerebro funciona diferente. Y que eso tiene nombre.
No es que el TDAH cambie. Es que tu vida cambia.
El TDAH de los 8 años es el mismo que el de los 35. Lo que cambia es el contexto.
De niño tienes una estructura externa que te sostiene. De adulto no. De niño las consecuencias de un olvido son pequeñas. De adulto te pueden costar el trabajo. De niño alguien compensa por ti. De adulto estás solo.
El TDAH no madura. No se cura. No se pasa con la edad. Lo que pasa es que de niño tenías quien te atara los cordones. De adulto tienes que atártelos tú. Y con un cerebro que procesa el mundo de otra manera, eso es mucho más difícil de lo que parece.
Pero difícil no es imposible. Solo necesitas entender qué está pasando y dejar de pensar que el problema eres tú.
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