Volver al blog

TDAH inatento, hiperactivo o combinado: por qué el tuyo no se parece al de nadie

Los 3 tipos de TDAH explicados sin manual clínico. Cómo se siente cada uno un martes cualquiera.

tdah

Buscas "tipos de TDAH" en Google y te salen tres cajitas. Inatento. Hiperactivo. Combinado. Con sus criterios diagnósticos, sus bullet points y sus porcentajes. Y cierras la pestaña exactamente igual que la abriste: sin saber cuál eres tú.

Porque un listado de síntomas no te dice cómo se siente tu martes.

Voy a intentar explicarte los tres tipos sin sonar a Wikipedia ni a psicólogo de TikTok. Desde dentro. Desde cómo se viven, no desde cómo se diagnostican.

El inatento: el que parece que está pero no está

El TDAH inatento es el más invisible de los tres. Y por eso el que más tarda en diagnosticarse.

Desde fuera pareces tranquilo. No molestas en clase. No te levantas del sitio. No interrumpes. De hecho, si alguien te mira, dirá que estás prestando atención.

Pero por dentro llevas 20 minutos pensando en por qué los semáforos tienen ese orden específico de colores, si en algún país será al revés, y cómo afectaría eso al tráfico.

El inatento no es el niño que rompe cosas. Es el niño que está en la luna. Y como no molesta, nadie se preocupa.

Un martes para un inatento es algo así: te sientas a trabajar a las 10. A las 10:15 estás mirando el móvil sin recordar por qué lo cogiste. A las 10:30 vuelves al portátil. Abres un documento. Lees la primera línea tres veces. A las 11 llevas cuatro pestañas abiertas que no tienen nada que ver entre sí y cero líneas escritas.

No es que no quieras trabajar. Es que tu cerebro no engancha. Es como intentar arrancar un coche girando la llave y que el motor haga ese sonido triste de "casi pero no".

La gente te dice "es que eres muy despistado". No. No soy despistado. Mi atención funciona perfectamente. Solo que no elige dónde ir. Eso es otra cosa.

El hiperactivo: el que no puede parar (pero no siempre como crees)

Cuando piensas en TDAH hiperactivo, piensas en el niño que no para quieto en clase.

Y sí, a veces es eso. Pero en un adulto la hiperactividad no siempre es física. A veces es mental. A veces es esa sensación de tener un motor encendido dentro del pecho que no se apaga nunca.

Un martes para un hiperactivo: te levantas con energía. Demasiada energía para las 7 de la mañana. Empiezas tres cosas antes de desayunar. Hablas rápido. Piensas más rápido. Tu pareja te dice "¿puedes parar un segundo?" y tú no entiendes la pregunta porque parar no es una opción, es un concepto abstracto.

La hiperactividad en adultos es hablar encima de la gente sin darte cuenta. Es empezar proyectos a lo bestia y abandonarlos a las dos semanas. Es no poder estar sentado en una reunión sin mover la pierna, el boli, la silla, lo que sea.

Pero también es creatividad desatada. Ideas a las 3 de la madrugada. Conexiones que nadie ve. Energía que, cuando va en la dirección correcta, es imparable.

El problema es que casi nunca va en la dirección correcta.

El combinado: bienvenido al caos

El combinado es el más confuso porque tienes los dos. Pero no a la vez. No todo el tiempo.

Hay días que eres puro inatento. Sentado delante del portátil sin poder arrancar, exactamente como describía antes. Tu cerebro en modo ahorro de energía. Mirando la pantalla como quien mira una pared.

Y hay días que eres puro hiperactivo. Con 14 ideas, 7 pestañas, 3 proyectos empezados y una conversación interna que no se calla ni debajo del agua.

Lo peor del combinado es que nunca sabes cuál te va a tocar. Es el interruptor del que hablé en otro post. Unos días funciona, otros no, y otros funciona demasiado.

Y eso genera algo que la gente de fuera no entiende: inconsistencia. Un día produces como una máquina y al siguiente no puedes ni contestar un email. Y la gente te mira y piensa "si ayer pudiste, hoy también puedes". Pero no funciona así. Nunca ha funcionado así.

¿Cómo sé qué tipo de TDAH tengo?

Respuesta honesta: no lo sabes con un artículo de blog. Ni con un vídeo de YouTube. Ni con un test online (aunque algunos ayudan bastante a orientarte).

Lo que sí puedes hacer es observar patrones.

¿Tu problema principal es que no arrancas? ¿Que pierdes cosas, olvidas citas, te cuesta seguir conversaciones largas? Probablemente inatento.

¿Tu problema es que no paras? ¿Que interrumpes, que tu cabeza va a mil, que empiezas todo y terminas poco? Probablemente hiperactivo.

¿Tu problema es que un día es una cosa y al siguiente es la otra, y nunca sabes qué versión de ti va a aparecer? Combinado. Bienvenido al club.

Pero ojo: esto no es un diagnóstico. Es una brújula. El diagnóstico lo hace un profesional. Lo que yo te puedo decir es que reconocerte en uno de estos tres perfiles es el primer paso para dejar de pensar que eres vago, desorganizado o que "no te esfuerzas lo suficiente".

No es esfuerzo. Es neurología. Y hay síntomas que ni siquiera parecen TDAH hasta que alguien te los explica.

Lo que importa de verdad

Da igual si eres inatento, hiperactivo o combinado. Lo que importa es que entiendas cómo funciona tu cerebro para dejar de pelearte con él.

Porque el TDAH no se cura con fuerza de voluntad. No se arregla con una app de productividad. No desaparece si "te lo propones de verdad".

Se gestiona. Se entiende. Se aprende a convivir con él.

Y el primer paso es saber qué tipo de caballo salvaje tienes en la cabeza. Porque solo cuando sabes cómo se mueve, puedes empezar a no caerte cada vez que galopa.

---

Si quieres ir un paso más allá de reconocerte, construí un test de TDAH que diferencia entre los tres perfiles. No es un diagnóstico, pero es un buen punto de partida para entender qué pasa ahí arriba.

Hacer el test de TDAH

Relacionado

Sigue leyendo