Neurodivergencia: qué significa y por qué importa entenderlo
Neurodivergencia no es una moda de internet. Es la palabra que explica por qué tu cerebro funciona diferente y por qué eso no es un defecto.
La primera vez que escuché la palabra "neurodivergente" pensé que era algo que se había inventado alguien en Twitter.
Sonaba a etiqueta moderna, a cosa de nicho, a palabra que la gente se cuelga en la bio para parecer interesante. Como cuando todo el mundo era "empático" o "introvertido" durante una temporada.
Luego descubrí que me definía mejor que cualquier otra etiqueta que me hubieran puesto en la vida.
Mejor que "despistado". Mejor que "vago". Mejor que "es muy listo pero no se aplica", que fue la frase que más escuché en el colegio, en el instituto, en la universidad, y probablemente en alguna reunión de trabajo sin que yo estuviera delante.
Neurodivergente. Una sola palabra que explica por qué tu cerebro no funciona como el manual dice que debería funcionar. Sin excusas. Sin drama. Sin pedir perdón.
¿Qué significa neurodivergencia de verdad?
La versión corta: neurodivergencia es un término paraguas que describe cerebros que funcionan de manera diferente a lo que se considera "típico" o "estándar".
Incluye el TDAH, el autismo, la dislexia, la discalculia, el síndrome de Tourette, la alta sensibilidad y un montón de variaciones más. No es una enfermedad. No es un trastorno único. Es una forma de decir: tu cerebro está cableado de otra manera.
La palabra la acuñó Judy Singer, una socióloga australiana, en los años 90. No salió de TikTok ni de un hilo de Twitter. Salió de la investigación y de la necesidad de tener un marco que no tratara toda diferencia neurológica como algo roto que hay que arreglar.
Y eso es lo importante. Neurodivergencia no significa "cerebro defectuoso". Significa "cerebro diferente". Que a veces es una ventaja, a veces es un infierno, y la mayoría de los días es las dos cosas a la vez.
¿Y qué es ser neurotípico entonces?
Lo contrario. Neurotípico es el cerebro que sigue el patrón estándar. El que funciona como el sistema espera. El que puede sentarse a estudiar dos horas sin que su mente salte a pensar en qué cenarán esta noche, en aquella conversación incómoda de 2014, y en si los pulpos sueñan.
No es mejor ni peor. Es el que encaja en el molde sin esfuerzo extra.
El problema es que todo está diseñado para ese cerebro. Las escuelas, los trabajos, los horarios, las reuniones de dos horas, los formularios, los plazos. Todo asume que tu cerebro funciona de una manera concreta. Y cuando no lo hace, la culpa cae sobre ti, no sobre el sistema.
"Es que no te esfuerzas lo suficiente."
Claro. Como si esforzarte el triple y llegar al mismo sitio no fuera suficiente esfuerzo.
¿Por qué importa tener una palabra para esto?
Porque sin palabra no hay concepto. Y sin concepto, solo queda la culpa.
Antes de saber que existía la neurodivergencia, yo era simplemente "así". Despistado. Inconsistente. El que empezaba cien cosas y no terminaba ninguna. El que se olvidaba de las citas, perdía las llaves, y no podía mantener una rutina más de tres semanas seguidas.
Y la explicación que te dan cuando no tienes el marco es demoledora: "Es que no quieres lo suficiente". "Es que eres desorganizado." "Es que tienes que poner más de tu parte."
Cuando descubres que tu cerebro tiene un funcionamiento diferente que afecta a cómo procesas la dopamina, la atención y la motivación, todo cambia. No porque te cure. No porque de repente seas otra persona. Sino porque dejas de pelear contra ti mismo pensando que el problema eres tú.
El problema nunca fuiste tú. El problema es un sistema diseñado para un tipo de cerebro que no es el tuyo.
Neurodivergencia no es excusa. Es contexto.
Esto hay que dejarlo claro porque siempre salta alguien.
"Ahora todo el mundo tiene algo." "Es la moda de las etiquetas." "En mi época no existía eso y funcionábamos."
En tu época la gente con TDAH era "el gamberro de clase". La gente con dislexia era "el tonto". La gente con autismo era "el raro". Funcionaban. A base de compensar, de sufrir en silencio, y de creerse que eran defectuosos.
Que ahora tengamos palabras para nombrar las cosas no significa que nos las estemos inventando. Significa que por fin podemos dejar de culparnos por algo que no elegimos.
Neurodivergencia no es decir "no puedo hacer nada porque mi cerebro es diferente". Es decir "mi cerebro funciona diferente, así que necesito estrategias diferentes para llegar al mismo sitio". Eso es todo.
Y si te parece que eso es una excusa, prueba a vivir un mes con un cerebro que no puede filtrar estímulos, que necesita urgencia para activarse, y que olvida lo que le dijeron hace cinco minutos mientras recuerda con todo detalle una conversación de hace ocho años. A ver si entonces te sigue pareciendo una moda.
¿Y si soy neurodivergente y no lo sé?
Más común de lo que crees.
Hay gente que llega a los 30, 40, 50 años sin saber que su cerebro funciona diferente. Que ha pasado toda su vida compensando, construyendo sistemas para parecer normal, quemándose por dentro para mantener una fachada funcional.
El TDAH en adultos es el caso más claro. Porque el TDAH no desaparece con la edad. Lo que desaparece es la hiperactividad visible. Te quedas con la versión silenciosa: la cabeza que no para, la dificultad para priorizar, el agotamiento de tener que gestionar manualmente cosas que otros hacen en automático.
Y como no parece TDAH, nadie te lo dice. Tú simplemente piensas que eres así. Que eres un desastre. Que te falta disciplina. Que los demás pueden y tú no.
Hasta que un día lees algo, o alguien te lo menciona, o te cruzas con un test online a las 2 de la madrugada, y algo hace clic.
No necesitas una etiqueta para ser válido. Pero a veces ayuda.
No voy a decirte que necesitas ponerte la etiqueta de neurodivergente en la frente. No la necesitas. Puedes vivir tu vida sin ella y que todo vaya bien.
Pero si llevas años sintiéndote fuera de sitio, si siempre has tenido la sensación de que todo el mundo entiende unas reglas que a ti nadie te explicó, si el mundo parece diseñado para otra persona y tú estás intentando encajar a la fuerza, tener un nombre para eso es un alivio.
No un alivio que te cure. Un alivio que te permite dejar de buscar qué está mal contigo y empezar a buscar qué necesitas para funcionar.
Hay gente que siente orgullo al identificarse como neurodivergente. Otros simplemente lo usan como herramienta para entenderse mejor. Da igual cómo te relaciones con la palabra. Lo importante es que la entiendas. Que sepas que existe. Que cuando alguien te diga "soy neurodivergente" no pienses que es una moda, sino que es una persona diciéndote que su cerebro funciona diferente y que no le da vergüenza decirlo.
Eso es neurodivergencia. Nada más y nada menos.
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