Buscar piso de alquiler con TDAH: 200 anuncios y ninguna llamada
47 pestañas de Idealista, 200 favoritos y 0 llamadas. Buscar piso con TDAH es un infierno ejecutivo que nadie te explica.
Llevas tres semanas con Idealista abierto en 47 pestañas.
No has llamado a ninguna. Has guardado 200 pisos en favoritos. Has perdido 15 porque cuando por fin ibas a contestar, el anuncio ya no existía. Llevas una semana "a punto de llamar" a uno que te gustaba mucho. Ya lo han alquilado.
Y lo peor no es eso. Lo peor es que sabes perfectamente lo que tienes que hacer. Coger el teléfono, marcar un número, decir "hola, llamo por el piso de tal calle". Treinta segundos. Y no puedes.
No es pereza. No es que no quieras mudarte. Es que tu cerebro ha convertido "buscar piso" en una operación de tal magnitud que cada paso se siente como escalar el Everest con chanclas.
¿Por qué me cuesta tanto buscar piso si tengo TDAH?
Porque buscar piso no es una tarea. Es cien tareas disfrazadas de una.
Piénsalo. "Buscar piso" suena a una cosa simple. Pero en realidad es: definir zona, definir presupuesto, filtrar anuncios, comparar fotos, leer descripciones, calcular gastos, llamar, hablar con desconocidos, coordinar visitas, recordar las visitas, ir a las visitas, comparar opciones, decidir, negociar, firmar, organizar la mudanza.
Para un cerebro que funciona bien con tareas secuenciales, es un proceso largo pero manejable. Para un cerebro con TDAH, es como intentar montar un mueble de IKEA sin instrucciones, sin todas las piezas, y con alguien cambiándote el destornillador cada cinco minutos.
Tu cerebro necesita dopamina para arrancar. Y la búsqueda de piso no da dopamina. Da incertidumbre, burocracia y llamadas telefónicas a desconocidos. Que es básicamente el combo perfecto para que tu cerebro diga "mejor abro YouTube un momentito".
La trampa de la investigación infinita
Hay una fase que los cerebros con TDAH conocemos muy bien: la fase de investigar.
Abres Idealista. Miras pisos. Guardas favoritos. Comparas barrios. Lees reseñas de zonas. Miras Google Maps en Street View. Calculas tiempos de transporte. Abres una hoja de cálculo para comparar opciones. La hoja de cálculo tiene colores.
Y te sientes productivo. Porque estás "buscando piso".
Pero no estás buscando piso. Estás navegando. Estás en modo exploración. Tu cerebro está recibiendo micro-dosis de novedad con cada anuncio nuevo, y eso es suficiente para sentir que avanzas sin avanzar nada.
El problema llega cuando toca pasar de mirar a actuar. Llamar. Esa transición es un muro. Porque llamar implica interacción real, compromiso, respuestas inmediatas que no puedes planificar, y la posibilidad de que te rechacen o de que el piso ya no esté disponible.
Y ahí tu cerebro se bloquea. No por miedo. Por falta de combustible. Es la misma razón por la que puedes pasarte tres horas organizando los favoritos y no cinco minutos marcando un número de teléfono.
Las llamadas telefónicas son el jefe final
Esto merece un punto aparte porque es un clásico.
A mucha gente con TDAH las llamadas de teléfono le generan algo que va más allá de la pereza. Es como si el cerebro pusiera una barrera invisible entre tú y el botón de llamar. Ves el número. Sabes que tienes que marcarlo. Y simplemente... no lo haces. Lo dejas para luego. Luego es mañana. Mañana es la semana que viene. La semana que viene el piso ya no existe.
Y cuando por fin llamas, resulta que la llamada dura 40 segundos y no era para tanto. Pero tu cerebro no procesa eso antes. Solo procesa el muro.
Esto conecta directamente con todo lo administrativo que se acumula con TDAH. Las llamadas para el piso son del mismo tipo que las llamadas al banco, al seguro, a la compañía de luz. Tu cerebro las mete todas en el mismo saco de "cosas horribles que requieren ser adulto" y las pospone en bloque.
El caos de la documentación
Supongamos que superas la fase de las llamadas. Que visitas pisos. Que encuentras uno que te gusta. Que el propietario te dice "genial, mándame la documentación".
Y entonces empieza otro infierno.
Nóminas de los últimos tres meses. Contrato de trabajo. Declaración de la renta. DNI. Referencias del anterior casero. Fianza. Aval bancario.
Para alguien con TDAH, los papeles y la burocracia son territorio hostil. No es que no tengas los documentos. Es que están en cinco sitios distintos, en formatos distintos, y encontrarlos requiere un tipo de organización que tu cerebro no genera de forma natural.
Y hay deadline. Porque el propietario tiene a otras diez personas interesadas. Y si no mandas los papeles hoy, mañana ya se lo ha quedado otro.
La presión del deadline debería ayudar, ¿no? A veces sí. A veces el TDAH activa el modo urgencia y en dos horas tienes todo listo. Pero otras veces el modo urgencia no arranca, y te quedas mirando el email del propietario sabiendo que tienes que contestar y sin poder hacerlo.
Y luego viene la mudanza
Si buscas piso y lo encuentras, enhorabuena. Ahora toca la mudanza, que es otro festival con TDAH. Pero eso ya es otra historia.
¿Qué puedes hacer para no perder la cabeza buscando piso?
No te voy a dar una lista de "10 tips para buscar piso con TDAH". Pero sí hay cosas que funcionan:
Reduce las opciones. No mires todo Idealista. Pon filtros agresivos: zona concreta, precio máximo real, no el que te gustaría. Que te salgan 20 pisos, no 200. Tu cerebro con 200 opciones se paraliza. Con 20, puede elegir.
Separa investigar de actuar. Un día miras pisos. Otro día llamas. No intentes hacer las dos cosas a la vez porque tu cerebro se quedará en la parte que da dopamina (mirar) y evitará la que no (llamar).
Haz las llamadas en bloque. Cinco llamadas seguidas. Cronométrate. Ponlo como un reto: "voy a llamar a cinco pisos en 15 minutos". Convertirlo en algo con presión y límite temporal le da a tu cerebro el empujón que necesita.
Prepara los papeles antes de necesitarlos. Hoy, ahora, antes de que te lo pidan. Crea una carpeta en Google Drive con todo escaneado. Nóminas, contrato, DNI, renta. Cuando te los pidan, solo tienes que compartir un enlace. Cinco minutos ahora te ahorran un colapso después.
Y sobre todo: no te culpes por lo que ya has perdido. Los 15 pisos que se fueron no se fueron porque seas un desastre. Se fueron porque tu cerebro funciona diferente y nadie te enseñó a buscar piso teniendo en cuenta eso.
No eres el problema, el proceso sí lo es
Buscar piso es un proceso diseñado para cerebros que hacen las cosas en orden, a tiempo, y sin necesitar tres días de impulso emocional para hacer una llamada de teléfono.
Ese no es tu cerebro. Y no tiene nada de malo. Pero saberlo cambia cómo te enfrentas a ello.
No necesitas más fuerza de voluntad. Necesitas un sistema que funcione con tu cabeza, no contra ella.
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