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¿Qué es realmente el TDAH? Lo que nadie te explica bien

El TDAH no es lo que te contaron en el cole. No es ser hiperactivo ni distraerte con una mosca. Es algo más profundo y nadie te lo explica bien.

tdah

Si buscas "qué es el TDAH" en Google, te van a salir 40 millones de resultados. La mayoría te van a decir lo mismo: trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Y la mayoría se van a quedar cortos. Muy cortos.

Porque esa definición suena a la contraportada de un libro que nadie ha leído. Es técnicamente correcta. Pero no te dice absolutamente nada de lo que se siente por dentro.

Es como explicar el amor diciendo "sentimiento de afecto intenso hacia otra persona". Sí, vale. Pero eso no te prepara para las 2 de la mañana cuando no puedes dejar de pensar en alguien que te ha dejado en visto.

El TDAH necesita una explicación mejor. Y no la que encontrarás en Wikipedia.

¿Entonces qué es el TDAH de verdad?

El TDAH es, en el fondo, un cerebro que no regula bien la dopamina.

Punto.

No es ser hiperactivo. No es ser vago. No es "no poder concentrarte". Es un cerebro cuyo sistema de recompensa funciona con otras reglas. Tu cerebro necesita dopamina para funcionar, como todos. Pero el tuyo la produce de forma irregular, la transporta mal, o la recapta demasiado rápido.

¿Resultado? Tu cerebro no decide qué es importante basándose en la lógica. Decide basándose en qué le da dopamina. En qué es urgente, nuevo, interesante o amenazante. Lo demás, por muy importante que sea, se queda en la cola. Esperando. Indefinidamente.

Por eso puedes tirarte 6 horas jugando a un videojuego sin pestañear pero no puedes abrir un email que llevas posponiendo tres semanas. No es que no te importe el email. Es que tu cerebro no encuentra la gasolina para arrancarse con él.

Eso es lo que nadie te cuenta sobre la dopamina y la disciplina. No es fuerza de voluntad. Es química.

No es una cosa de niños

Cuando yo era pequeño, el TDAH era "el niño que no para quieto en clase". El que tira los lápices. El que interrumpe. El que no se entera de nada.

Y eso era todo. Esa era la imagen. Si no eras ese niño, no tenías TDAH.

Pero resulta que el TDAH no desaparece cuando cumples 18 años. No es como el acné. No se te pasa. Creces, y crece contigo. Solo que cambia de forma.

En los adultos, la hiperactividad muchas veces se convierte en inquietud interna. No estás corriendo por la clase, pero tu cabeza no para. Es como tener 30 pestañas abiertas en el navegador, todas cargando a la vez, y no poder cerrar ninguna. Por fuera pareces tranquilo. Por dentro es un concierto de Metallica sin auriculares.

Y la falta de atención no es "distraerte con una mosca". Es empezar a leer un párrafo, llegar al final, y darte cuenta de que no tienes ni idea de lo que decía. Es que alguien te esté hablando y tú estés asintiendo mientras tu cerebro se ha ido a pensar en si la nevera hace un ruido raro.

Es sutil. Es invisible. Y precisamente por eso, los síntomas del TDAH en adultos no parecen TDAH. Parecen dejadez. Parecen falta de interés. Parecen "es que eres así".

¿Cuántos tipos de TDAH hay?

Hay tres presentaciones. No son tipos fijos, pueden cambiar con el tiempo, pero sirven para entender por dónde te pilla.

La primera es la presentación inatenta. Es la de "estoy aquí pero mi cerebro se ha ido". Se te olvidan cosas constantemente. Pierdes objetos. No terminas lo que empiezas. La gente piensa que eres un despistado crónico. Tú piensas que eres un desastre.

La segunda es la presentación hiperactiva-impulsiva. Es la del niño que no para quieto, pero en adulto. Hablas mucho, actúas sin pensar, te cuesta esperar tu turno. Dices cosas y luego piensas "¿por qué he dicho eso?". Compras cosas sin pensarlo. Cambias de plan cada tres horas.

Y la tercera es la combinada. Las dos a la vez. La más común, por cierto.

Muchas personas, sobre todo mujeres, tienen la presentación inatenta y nunca se enteran. Porque no encajan con la imagen del "niño movido" y nadie les dice nada. Se pasan media vida pensando que son vagas o torpes cuando en realidad su cerebro funciona con otro sistema operativo.

Si quieres entender esto mejor, escribí un post entero sobre las diferencias entre TDAH inatento, hiperactivo y combinado que lo desgrana a fondo.

¿Entonces solo es atención e hiperactividad?

No. Y aquí es donde la definición oficial se queda en pañales.

El TDAH afecta a la regulación emocional. Y esto no lo dice casi nadie. Te enfadas más rápido de lo que deberías. Te frustras con una intensidad que no tiene sentido para la situación. Te hundes por un comentario que a cualquier otra persona le resbalaría. Y luego te recuperas igual de rápido, como si nada hubiera pasado, dejando a la gente de tu alrededor pensando "pero qué le pasa a este".

Afecta a la percepción del tiempo. Para un cerebro con TDAH, solo existen dos momentos: ahora y no ahora. Por eso dejas todo para el último momento. No porque seas irresponsable, sino porque "dentro de tres semanas" y "dentro de tres meses" se sienten exactamente igual de lejos: en el futuro. Un futuro abstracto que no se convierte en real hasta que se convierte en urgente.

Afecta a la memoria de trabajo. Esa memoria que te permite retener información mientras la usas. Ir al supermercado con tres cosas en la cabeza y volver con cinco bolsas pero sin ninguna de las tres cosas que ibas a comprar. Eso no es estupidez. Es una memoria de trabajo que funciona como una pizarra pequeña donde las cosas se borran solas cada dos minutos.

Afecta al sueño, a la motivación, a la autoestima. Afecta a prácticamente todo. Porque la dopamina no es una cosa de nicho. La dopamina toca todos los sistemas de tu cerebro.

Lo que nadie te dice: el TDAH no es un defecto

Aquí me voy a poner serio un momento.

El TDAH no es un fallo de fábrica. Es una variación neurológica. Tu cerebro está cableado de una forma diferente. No peor. Diferente. Pero vivimos en un mundo diseñado para cerebros neurotípicos, con horarios fijos, tareas lineales, y la expectativa de que todo el mundo pueda hacer lo mismo de la misma forma.

Y cuando no puedes, te dicen que es culpa tuya.

Que te esfuerces más. Que pongas de tu parte. Que seas más organizado. Como si no lo hubieras intentado. Como si no te hubieras pasado años intentando ser como los demás y sin entender por qué no lo conseguías.

El TDAH no se cura. No es una gripe. No se pasa. Pero se puede gestionar. Con información, con estrategia, con apoyo, y a veces con medicación. Y el primer paso para gestionarlo es entender qué es de verdad. No la versión de Wikipedia. No la versión del cuñado que dice "eso antes no existía". La versión real.

La que te dice que tu cerebro funciona diferente. Que no es culpa tuya. Y que hay formas de trabajar con él en lugar de contra él.

Que ya vale de pelearse con uno mismo.

Si has llegado hasta aquí y algo te ha resonado, quizá es el momento de dejar de darle vueltas. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas reales. No es un diagnóstico. Es un punto de partida. 10 minutos para entender un poco mejor cómo funciona tu cerebro.

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