Ser conductor profesional con TDAH: 8 horas al volante con un cerebro que no para
Camión, autobús o furgoneta. 8 horas de ruta y un cerebro que se aburre a los 20 minutos. Así es ser conductor profesional con TDAH.
Camión, furgoneta o autobús. 8 horas de ruta, monotonía y un cerebro que se aburre a los 20 minutos. Ser conductor profesional con TDAH es un reto que nadie entiende desde fuera.
Porque desde fuera parece fácil. "Solo tienes que conducir". Como si tu cerebro pudiera quedarse quieto mirando una recta de 200 kilómetros por la A-2 sin decidir que es buen momento para repasar toda tu vida.
Conozco a un par de personas que se ganan la vida al volante. Uno lleva furgonetas de reparto por Zaragoza, el otro hace ruta larga con camión. Los dos con TDAH. Los dos me han dicho lo mismo: "lo más peligroso no es el tráfico, es mi cabeza".
¿Se puede ser conductor profesional con TDAH?
Sí. Pero no como te lo venden en los manuales de autoescuela.
Porque el problema no es que no sepas conducir. El problema es que tu cerebro necesita estímulo constante para mantenerse conectado. Y conducir un camión durante 8 horas seguidas es lo contrario al estímulo. Es monotonía pura. La misma autopista, el mismo ruido del motor, los mismos guardarraíles.
Para un cerebro neurotípico, eso es rutina. Piloto automático. Para un cerebro con TDAH, eso es una invitación a desconectar.
Y no hablo de quedarte dormido. Hablo de algo peor: estar despierto pero no estar ahí. Tu cuerpo conduce, tus manos están en el volante, pero tu cabeza está en otra galaxia pensando en si deberías cambiarte de compañía, en la discusión que tuviste ayer, en lo que vas a cenar. Y de repente llevas 15 kilómetros sin recordar cómo has llegado.
Eso lo sabe cualquiera que haya hecho un viaje largo con TDAH. Pero cuando es tu trabajo, pasa todos los días.
¿Qué hace que la conducción profesional sea tan complicada con TDAH?
Varias cosas que se juntan como en un combo del infierno.
La monotonía mata la atención. Tu cerebro con TDAH funciona con dopamina. Sin estímulo nuevo, la dopamina cae en picado y tu atención se va con ella. Una ruta que ya has hecho 300 veces no produce dopamina nueva. Es como ver la misma película cada día durante un año.
Los horarios son brutales. Madrugar, rutas largas, noches fuera. El TDAH ya de por sí destroza el sueño. Si encima tu turno empieza a las 5 de la mañana, estás conduciendo con un cerebro que lleva medio despierto desde las 3.
La burocracia te come. Albaranes, partes de ruta, documentación. Todo eso requiere la parte del cerebro que peor funciona con TDAH: la función ejecutiva. Rellenar papeles, no olvidar entregas, llevar el control de horas. Es la pesadilla administrativa que nadie menciona.
Las distracciones son peligrosas. En una oficina, si te distraes pierdes 10 minutos de trabajo. En un camión a 90 km/h, si te distraes pierdes algo que no se recupera. Y tu cerebro lo sabe. Y eso genera ansiedad al volante que se retroalimenta.
¿Qué funciona de verdad?
No voy a decirte que "pongas música relajante" o que "hagas respiraciones antes de arrancar". Eso está muy bien para un post de bienestar corporativo, pero aquí hablamos de 8 horas de ruta real.
Lo que funciona es hackear la dopamina.
Podcasts y audiolibros. El truco más simple y más efectivo. Tu cerebro necesita un segundo canal de estímulo para mantener el primero activo. Parece contradictorio, pero funciona: darle algo más a tu cabeza hace que conduzca mejor, no peor. Muchos conductores con TDAH me han dicho que los podcasts les salvaron la profesión.
Partirse la ruta en tramos mentales. No pienses en "me quedan 6 horas". Piensa en "me quedan 45 minutos hasta la siguiente parada". El cerebro TDAH se bloquea con los plazos enormes. Trocéalo.
Paradas estratégicas. No esperes a estar agotado para parar. Para antes. 5 minutos de bajarte, estirarte, romper el patrón. Resetear. Tu cerebro lo necesita cada hora y media o dos horas como mucho. Úsalas aunque no tengas sueño.
La medicación, si la tienes. Esto es entre tú y tu psiquiatra, pero muchos conductores profesionales con TDAH toman medicación y conducen perfectamente. De hecho, los estudios dicen que la medicación estimulante mejora la conducción en personas con TDAH. Mejora los tiempos de reacción, reduce las distracciones, baja la tasa de accidentes. Pero esto es cosa de tu médico, no mía.
¿Y el carnet? ¿Te ponen pegas?
Esta es la pregunta que todo el mundo se hace y pocos hacen en voz alta.
En España, el TDAH aparece en el reglamento de conductores como condición que se evalúa. Pero no te impide sacarte el carnet profesional. Lo que tienen que valorar es si está controlado y si afecta a tu capacidad. Con un informe favorable de tu psiquiatra, puedes sacarte el carnet sin problema.
El miedo real no es el reglamento. El miedo real es que te pregunten en el reconocimiento médico y no sepas qué decir. O que te lo callen por miedo a que te lo denieguen. Que es lo que hace mucha gente.
Mi consejo: transparencia. Un TDAH tratado y controlado no es un riesgo. Un TDAH sin diagnosticar y sin tratar, sí.
Lo que nadie te dice
Ser conductor profesional con TDAH tiene una ventaja que nunca sale en los artículos. Y es que cuando la ruta se complica, cuando hay tráfico denso, cuando llueve, cuando tienes que maniobrar en un polígono con calles imposibles... tu cerebro se enciende.
Porque eso sí es estímulo.
El peligro del TDAH al volante no está en las situaciones difíciles. Está en las fáciles. En la recta infinita, en el domingo a las 3 de la tarde sin tráfico, en la ruta que podrías hacer con los ojos cerrados.
Ahí es donde tu cerebro se va. Y ahí es donde necesitas las estrategias.
No eres peor conductor por tener TDAH. Eres un conductor que necesita entender cómo funciona su cerebro para usarlo a favor en vez de pelearse con él cada kilómetro.
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