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Fin de semana con TDAH: dos días libres y no haces nada de lo que querías

Viernes planeas 20 cosas. Domingo no has hecho ninguna. El fin de semana con TDAH es una trampa de tiempo libre que nadie te explica.

tdah

Viernes a las 7 de la tarde. Cierras el portátil y piensas: "Este finde voy a ordenar la casa, ir al gym, quedar con Pablo, leer ese libro, y hacer la compra."

Domingo a las 9 de la noche. Has visto 4 temporadas de una serie y no te has duchado.

No es que no quisieras hacer esas cosas. Las querías de verdad. Lo sentías. El viernes por la noche tenías una convicción casi religiosa de que este fin de semana iba a ser diferente. Que ibas a levantarte pronto el sábado, desayunar bien, y empezar con la lista. Como un adulto funcional. Como alguien que hace cosas los fines de semana y luego las cuenta el lunes en la oficina.

Pero el sábado llegó. Y con él, la nada.

¿Por qué el fin de semana se convierte en un agujero negro?

Porque el fin de semana no tiene estructura. Y tu cerebro necesita estructura como un pez necesita agua.

De lunes a viernes, aunque no te guste tu trabajo, tienes horarios. Tienes reuniones. Tienes alguien que te espera, un entregable, una hora límite. Tu cerebro tiene algo contra lo que reaccionar. No funciona por motivación. Funciona por presión externa. Por urgencia. Por "si no hago esto ahora, la lío".

El sábado a las 10 de la mañana no hay presión. No hay urgencia. No hay nadie esperando. Y tu cerebro, sin esa presión, se apaga. No del todo. Sigue funcionando, pero en modo ahorro de energía. Como un móvil al 3%. Técnicamente enciende, pero no le pidas que abra nada pesado.

Y lo que pasa es que abres el sofá, pones la tele, y ahí te quedas. No porque seas vago. Sino porque empezar cualquier cosa sin urgencia es la barrera invisible del TDAH. Tu cerebro no arranca sin combustible. Y el combustible, en un fin de semana sin planes cerrados, no aparece.

La lista mental del viernes es una estafa

Eso es lo que nadie te dice.

La lista que te haces el viernes por la noche no es una lista real. Es una fantasía. Es tu cerebro dopaminérgico disfrutando del placer de planificar sin tener que ejecutar nada. El viernes a las 7 imaginar que vas a ir al gym te da la misma chispa que ir. Tu cerebro no distingue entre planificar algo y hacerlo. Le da la misma subida.

Así que planificas 15 cosas. Te sientes productivo solo con pensarlas. Y el sábado, cuando toca hacerlas de verdad, la dopamina ya se gastó en la planificación. No queda nada para la ejecución.

Es como comerte el postre antes de la cena. Cuando llega el plato principal, ya no tienes hambre.

Y encima te culpas. Porque si el viernes podías imaginarlo todo tan claro, ¿por qué el sábado no puedes hacer ni una sola de esas cosas? La respuesta es que tu cerebro ya cobró por adelantado. La emoción de planificar era el premio. Lo demás ya no le interesa.

El domingo por la noche y la culpa

Lo peor no es no haber hecho nada. Lo peor es el domingo a las 8 de la noche.

Ese momento en el que miras atrás y repasas el fin de semana. En el que la lista del viernes sigue ahí, intacta, riéndose de ti. En el que piensas: "He tenido dos días enteros. Dos días completos. 48 horas. Y no he hecho absolutamente nada."

Y no es que hayas descansado. Esa es la trampa. No has hecho nada productivo, pero tampoco has descansado de verdad. Has estado en un limbo raro entre querer hacer cosas y no poder empezar ninguna. En ese estado de parálisis donde tienes tantas cosas pendientes que no haces ninguna. Y eso agota más que trabajar.

Porque tu cabeza no ha parado. Ha estado todo el fin de semana recordándote lo que no estás haciendo. "Tendrías que ir al gym." "Tendrías que llamar a tu madre." "Tendrías que limpiar el baño." Un hilo constante de autoexigencia que no se traduce en acción pero sí en agotamiento.

Llegas al lunes más cansado que el viernes. Y cuando alguien te pregunta "¿qué tal el finde?" dices "bien, tranquilo" y por dentro piensas: "He fracasado en tener tiempo libre."

¿Se puede tener un fin de semana con TDAH que no sea un desastre?

Sí. Pero no como crees.

La solución no es ser más disciplinado. No es ponerte más alarmas. No es prometerte con más fuerza que este finde sí que sí. La solución es dejar de tratar el fin de semana como si fuera un día laborable sin jefe.

Primero: reduce la lista a una cosa. Una. No cinco. No diez. Una cosa que si la haces, el domingo por la noche puedas decir "hice algo". Lavar la ropa. Salir a caminar 20 minutos. Hacer la compra. Una cosa concreta, pequeña, y realista. El resto es bonus, no obligación.

Segundo: pon un ancla. Una actividad con hora fija que te obligue a arrancar. Quedar con alguien a las 11. Ir a una clase a las 10. Cualquier cosa que tenga un horario externo, que no dependa de tu motivación. Tu cerebro necesita un pistoletazo de salida. Sin él, el día se desliza como arena entre los dedos hasta que son las 6 de la tarde y no te has vestido.

Tercero: normaliza que no vas a hacer todo. Dos días libres no son 48 horas productivas. Son dos días donde parte del tiempo va a ser descanso real, parte va a ser transición, y parte va a ser caos. Aceptar eso duele, pero es mejor que la espiral de culpa del domingo noche.

No eres vago. Tu cerebro tiene días con y días sin.

Lo que te pasa los fines de semana no es un fallo moral. Es tu cerebro sin estructura, sin urgencia y sin presión externa, flotando en un mar de opciones sin poder elegir ninguna. Es uno de los tres tipos de días con TDAH. Y es más común de lo que crees.

Porque el TDAH no solo afecta a tu trabajo. Afecta a tu tiempo libre. Afecta a tu capacidad de disfrutar un sábado. Afecta a cómo te sientes contigo mismo un domingo por la noche cuando miras atrás y ves un fin de semana vacío donde debería haber habido vida.

No es pereza. Es un cerebro que funciona con gasolina que no siempre aparece. Y los fines de semana, sin las estructuras que te empujan de lunes a viernes, esa gasolina desaparece.

La buena noticia es que no hace falta que todos los fines de semana sean productivos para que tu vida funcione. A veces, ver cuatro temporadas de una serie sin ducharte es exactamente lo que tu cerebro necesitaba. El problema no es que pase. El problema es la culpa que viene después.

Suelta la culpa. Pon una sola cosa en la lista. Y si un finde no haces nada, no pasa nada.

El lunes llega igual.

Si tus fines de semana se evaporan y siempre pensaste que era falta de voluntad, quizá no es eso. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro se apaga justo cuando se supone que tienes que disfrutar.

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