Volver al blog

Soñar despierto en mitad de una conversación con TDAH

Tu amigo te cuenta algo importante. Tú asientes. Pero tu cerebro lleva 3 minutos en Japón. Con TDAH, soñar despierto en conversaciones es inevitable.

tdah

Tu amigo lleva 5 minutos contándote algo importante. Tú estás asintiendo. Pero hace 3 minutos que tu cerebro se fue a pensar en cómo sería vivir en Japón. Con TDAH tu cuerpo está en la conversación pero tu mente está en otro continente.

Y lo peor no es que te vayas. Lo peor es que vuelves. De golpe. Sin contexto. Y tu amigo te mira esperando una respuesta a algo que no has escuchado. Y tienes dos opciones: confesar que llevas un rato en Tokio mentalmente, o soltar un "totalmente, tío" y rezar para que no fuera una pregunta.

Si eliges la segunda opción con frecuencia, bienvenido al club.

¿Por qué tu mente se va a otro sitio en mitad de una conversación?

Porque tu cerebro no filtra. Esa es la respuesta corta.

La respuesta larga es que un cerebro neurotípico tiene un sistema de filtrado que decide qué es relevante y qué no en cada momento. Cuando alguien te habla, ese filtro dice "esto es importante, préstale atención" y bloquea todo lo demás. El ruido de fondo, el pensamiento random sobre Japón, la idea de que quizá deberías comprar un humidificador. Todo eso queda en segundo plano.

Tu cerebro con TDAH no hace eso. Tu cerebro trata toda la información con la misma prioridad. La voz de tu amigo, el ruido del bar, la textura de la mesa, el recuerdo de una serie que viste ayer, la pregunta de si los pulpos sueñan. Todo llega al mismo nivel. Y en algún momento, uno de esos estímulos gana la batalla y tu atención se va con él.

No es que no te importe lo que te están contando. Es que tu cerebro funciona como una radio que cambia de emisora sola. Tú quieres quedarte en la conversación, pero alguien gira el dial sin tu permiso. Es lo mismo que pasa con el zapping mental: tu cerebro salta de canal en canal y tú solo te enteras cuando ya has aterrizado en otro sitio.

El cuerpo sigue ahí. La mente, no.

Lo inquietante es lo bien que se te da disimular.

Has desarrollado todo un repertorio de respuestas automáticas para cuando no estás escuchando. El "ya ves" genérico. El "no me digas" con cara de sorpresa. El asentimiento lento con los ojos ligeramente entrecerrados, como si estuvieras procesando algo muy profundo cuando en realidad estás calculando cuántas pelotas de tenis caben en esta habitación.

Y funciona. Funciona tan bien que la mayoría de la gente no se da cuenta. Pero tú sí. Tú sabes que llevas 10 minutos en piloto automático y que si ahora mismo te preguntaran de qué va la conversación, no podrías decir ni el tema general.

Eso genera una culpa silenciosa. Porque la persona que tienes delante está compartiendo algo contigo, y tú estás mentalmente redecorando tu habitación. No es que no te importe. Es que tu cerebro no te deja quedarte aunque quieras.

¿Y cuando vuelves y no sabes dónde estás?

Ese momento es el peor. Vuelves a la conversación como alguien que entra en una película a mitad. No sabes quién es el bueno, quién es el malo, ni por qué la gente está llorando. Solo sabes que te has perdido algo importante y que ahora tienes que reconstruir el contexto con las tres palabras que has pillado al aterrizar.

"Entonces se lo dije a mi madre."

Vale. ¿Qué le dijo? ¿A qué madre? ¿Estamos hablando de trabajo o de la boda? No tienes ni idea. Pero no puedes preguntar porque llevas 5 minutos asintiendo como si lo supieras todo.

Y aquí es donde el TDAH se convierte en un problema social real. Porque no es que te pierdas una vez. Te pasa en cada conversación. En cada reunión. En cada cena. Y la gente empieza a pensar que no les escuchas, que no te importan, que eres un borde. Cuando la realidad es que luchas por quedarte en cada conversación como un náufrago agarrado a un trozo de madera.

La conexión con interrumpir

Y luego está la otra cara de la moneda. A veces tu cerebro no se va de la conversación. A veces se queda, pero se engancha a una palabra que alguien ha dicho y genera una idea que necesitas soltar AHORA porque si no la dices en los próximos 3 segundos tu cerebro la borrará para siempre.

Así que interrumpes. Sin querer, sin maldad, sin darte cuenta. Y la otra persona se queda a medias. Porque tu cerebro tiene dos modos: no estar en la conversación o estar demasiado en ella. No hay punto medio. Es interrumpir sin querer o desconectar del todo. Y ninguna de las dos opciones te hace quedar bien.

Es el gran dilema del TDAH en las relaciones. Si tu mente se va, eres el que no escucha. Si tu mente se queda pero se activa demasiado, eres el que interrumpe. Y tú solo quieres tener una conversación normal donde tu cerebro colabore un poquito.

¿Se puede hacer algo o estamos condenados a vivir en Japón mentalmente?

Se puede. No se cura, pero se gestiona.

Lo primero es entender cómo funciona la atención con TDAH. Tu atención no es un grifo que abres y cierras. Es más como un gato. Va donde le da la gana, cuando le da la gana, y no responde a órdenes. Pero puedes crear condiciones para que el gato se quede.

Si estás en un bar ruidoso con 4 conversaciones cruzadas y la tele puesta, tu cerebro no tiene ninguna posibilidad. Demasiados estímulos compitiendo. Pero si estás en un sitio tranquilo, cara a cara, con contacto visual, las probabilidades de que tu mente se quede suben considerablemente.

También ayuda ser honesto. Decir "oye, se me ha ido la olla, ¿puedes repetir lo último?" es mucho mejor que fingir que estabas escuchando. Al principio da vergüenza. Pero la gente que te quiere prefiere que seas sincero a que asientas como un muñeco durante media hora.

Y lo más importante: dejar de machacarte. Soñar despierto no es un defecto de carácter. No es falta de interés. No es egoísmo. Es un cerebro que procesa la información de manera diferente. Punto. Y si alguien no puede entender eso, el problema no es tu atención. Es su empatía.

---

Si cada conversación se convierte en un viaje mental a otro continente y vuelves sin saber de qué iba el tema, quizá no es falta de interés. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cabeza decide irse de viaje sin consultarte.

Relacionado

Sigue leyendo