El efecto "ya que estoy" con TDAH: hacer todo menos lo importante
Tenías que hacer la declaración. Pero ya que estabas, reorganizaste la casa entera. Tu cerebro TDAH tiene un sistema de prioridades roto.
Tenías que hacer la declaración de la renta. Pero ya que estabas en el ordenador, organizaste las fotos del móvil. Y ya que estabas con las fotos, limpiaste el escritorio. Y ya que estabas limpiando, reorganizaste la estantería. Son las 8 de la noche y la declaración sigue sin hacer.
Pero oye, la estantería está impecable.
Cómo funciona el efecto "ya que estoy"
Es un bucle que empieza con buenas intenciones. Te sientas a hacer lo importante. Pero lo importante es aburrido, o difícil, o los dos. Y justo al lado hay una tarea más pequeña, más fácil, más inmediata. Tu cerebro detecta esa tarea como una victoria rápida y te dice: "venga, esto lo haces en cinco minutos y luego vamos a lo gordo".
Mentira.
Porque después de esa tarea pequeña aparece otra. Y después otra. Y tu cerebro va saltando de victoria rápida en victoria rápida como un mono de rama en rama, sintiéndose productivo, sintiéndose eficiente, sintiéndose ocupado. Y todo eso mientras la tarea importante sigue ahí, intacta, mirándote desde la esquina de la pantalla como un reproche silencioso.
Lo peor es que no te sientes mal mientras lo haces. Te sientes bien. Estás haciendo cosas. Estás tachando tareas de la lista. El problema es que son las tareas equivocadas. Pero eso no lo descubres hasta las 8 de la noche, cuando miras lo que has hecho y te das cuenta de que has estado corriendo todo el día sin moverte del sitio.
¿Por qué tu cerebro prefiere hacer cualquier cosa antes que lo importante?
Porque lo importante casi nunca viene con recompensa inmediata.
Tu cerebro con TDAH funciona con dopamina. Y la dopamina no aparece cuando algo es importante. Aparece cuando algo es nuevo, urgente, o tiene un resultado visible al momento. Hacer la declaración de la renta no tiene nada de eso. Es larga, es tediosa, y la recompensa (no tener problemas con Hacienda dentro de tres meses) es tan abstracta que tu cerebro la registra como ciencia ficción.
Pero organizar las fotos del móvil sí tiene recompensa inmediata. Ves el antes y el después. Sientes que has ordenado algo. Tu cerebro recibe su chute de "bien hecho" y pide más. Así que buscas la siguiente tarea fácil. Y la siguiente. Y la siguiente.
Es el mismo mecanismo que hace que puedas tirarte seis horas delante de un email sin escribir una sola línea. Tu cerebro no evita el trabajo. Evita el trabajo que no le da dopamina. Y lo sustituye por trabajo que sí se la da, aunque sea irrelevante.
La productividad falsa
Esto es lo más traicionero del efecto "ya que estoy": parece productividad. Y la gente de fuera lo ve como productividad. "Qué ordenado tienes el escritorio." "Vaya, has reorganizado toda la estantería." Desde fuera parece que has tenido un día productivo.
Desde dentro sabes que no.
Desde dentro sabes que has estado todo el día haciendo de todo para no hacer lo único que importaba. Y eso genera una mezcla rara entre orgullo y culpa. Orgullo porque sí, has hecho cosas. Culpa porque sabes que las has hecho para evitar la que de verdad tocaba.
Es como cuando tienes 47 tareas pendientes y no puedes empezar ninguna. Solo que aquí es peor, porque sí empiezas. Empiezas muchas. Solo que ninguna es la correcta.
El "ya que estoy" tiene un hermano: el hiperfoco en lo irrelevante
A veces el efecto "ya que estoy" no te lleva de tarea en tarea. A veces te lleva a una sola tarea que no era la importante y te engancha durante horas.
Empiezas a limpiar el escritorio y de repente son las 6 de la tarde y has reorganizado todo el despacho. Has cambiado los muebles de sitio. Has instalado un soporte nuevo para el monitor. Has pasado la aspiradora debajo de la mesa. Y lo has hecho todo con una concentración que ojalá pudieras aplicar a la declaración de la renta.
Pero no puedes. Porque el hiperfoco no elige. El hiperfoco aparece cuando le da la gana, se engancha a lo que le da la gana, y te suelta cuando se aburre. Tú no controlas en qué te hiperenfocas. Solo puedes observar, desde dentro, cómo tu cerebro decide que reorganizar el cajón de los cables es ahora mismo la tarea más importante del universo.
Cómo reducir el daño (porque eliminarlo es ciencia ficción)
No voy a venderte que hay un truco mágico para que tu cerebro deje de hacer esto. No lo hay. Pero hay formas de pillar al "ya que estoy" antes de que te secuestre el día entero.
Haz lo importante primero. Antes de abrir el correo. Antes de mirar el móvil. Antes de sentarte a "preparar el espacio de trabajo" (que es el disfraz favorito del "ya que estoy"). Los primeros 30 minutos del día son los únicos donde tu cerebro todavía no ha encontrado algo más interesante que hacer.
Pon un temporizador. 25 minutos. Solo 25 minutos en la tarea importante. Tu cerebro puede con 25 minutos de casi cualquier cosa. El truco es que después de esos 25 minutos, muchas veces ya estás dentro y no quieres parar. Y si quieres parar, al menos has hecho 25 minutos de lo que importa antes de reorganizar la estantería.
Apunta la tarea trampa. Cuando notes que estás a punto de saltar al "ya que estoy", apúntalo. "Quería organizar las fotos." No lo hagas. Solo apúntalo. Le estás diciendo a tu cerebro: "te he oído, pero ahora no". A veces con eso basta para que se calle.
Acepta que vas a caer. Vas a caer. Hay días que el "ya que estoy" va a ganar. Lo importante es que no gane todos los días. Si de cinco días laborables, tres haces lo importante primero, ya estás ganando. La perfección no es el objetivo. El objetivo es que la declaración de la renta no se quede para el último día.
Lo que nadie te dice sobre la procrastinación productiva
Que es la forma más elegante de no hacer nada importante. Porque tienes la coartada perfecta. "No he estado tirado en el sofá. He estado limpiando, organizando, ordenando." Y es verdad. Pero también es verdad que la declaración sigue sin hacer.
Tu cerebro no es vago. Tu cerebro es un buscador de dopamina con muy mal criterio para elegir dónde buscarla. Y el efecto "ya que estoy" es su estrategia favorita: mantenerte ocupado para que no notes que estás evitando lo que importa.
La próxima vez que te pilles reorganizando la estantería cuando deberías estar haciendo otra cosa, no te machaques. Solo pregúntate: "¿Qué estoy evitando?". La respuesta a esa pregunta es lo que deberías estar haciendo.
Y sí, la estantería puede esperar.
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Si tu día a día es una sucesión infinita de "ya que estoy" que nunca te lleva a lo que de verdad importa, quizá el problema no es de organización. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender por qué tu cerebro prioriza limpiar el cajón de los cables antes que hacer la declaración de la renta.
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