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Series con TDAH: empezar 7 y no terminar ninguna

Tu lista de Netflix es un cementerio. Empiezas 7 series, devoras la primera temporada y luego desaparecen. El patrón TDAH de novedad-abandono explicado.

tdah

Mi lista de "Seguir viendo" en Netflix tiene 11 series. 11. Y no he terminado ninguna.

No porque sean malas. De hecho, algunas las recomendaría ahora mismo. Pero las recomendaría hasta la cuarta temporada, que es donde me quedé. Porque en algún punto entre la cuarta y la quinta, mi cerebro decidió que eso ya no era nuevo y se marchó a buscar otra cosa.

La serie sigue ahí. Esperándome. Y yo ya no me acuerdo de qué pasaba.

¿Por qué no puedo terminar una serie?

No es que te aburras. No exactamente.

El problema es el patrón. Y una vez que lo ves, es difícil dejar de verlo en todo.

Primera temporada: hiperfoco total. La devoras en un fin de semana. Llegas tarde a dormir. Dices "un episodio más" cuatro veces seguidas. Tu cerebro está encendido, la historia es nueva, los personajes son desconocidos, hay misterio por resolver. Es dopamina pura.

Segunda temporada: sigues bien. Conoces a los personajes, hay nuevas tramas, todavía hay gancho.

Tercera temporada: empiezas a mirar el móvil entre escenas. No pasa nada importante, tranqui, solo compruebas las notificaciones mientras el protagonista hace algo que ya sabes cómo va a terminar.

Cuarta temporada: ves dos episodios, luego no la tocas en tres semanas. Cuando vuelves, no recuerdas qué estaba pasando. Y volver a empezar da pereza. Así que no vuelves.

Nueva serie en la barra de recomendados. Todo vuelve a brillar.

Spoiler: tampoco la terminarás.

Es el mismo ciclo que con los proyectos que empiezas y no terminas, los hobbies, los cursos, los libros. Novedad, hiperfoco, meseta, abandono. Tu cerebro no es inconstante. Es adicto a la dopamina del inicio, y cuando esa dopamina se agota, se va a buscar más a otro sitio.

El problema de no recordar qué pasaba

Hay algo peor que no terminar una serie.

Es querer retomar una serie que dejaste a medias y no acordarte de nada. Nada. Ni el nombre del personaje secundario que era importantísimo. Ni el giro del final de temporada que en su momento flipaste. Ni por qué ese señor le odia tanto al otro señor.

Tienes dos opciones: reempezar desde el principio, o buscar un resumen en YouTube de todo lo que pasó.

Spoiler: no harás ninguna de las dos. Cerrarás la app y pondrás otra cosa.

Y hay algo específico del TDAH que hace esto peor. La concentración fragmentada no solo afecta a cómo ves la serie mientras la estás viendo. Afecta a cuánto retienes. Si mientras veías esa escena clave tu cerebro estaba pensando en otra cosa, esa escena clave no se guardó bien. O no se guardó del todo.

Así que cuando vuelves después de un mes, el hueco no es solo "no recuerdo el argumento". Es que, en algunos episodios, nunca estuviste del todo presente para recordarlos.

El cementerio de series

Si pudiera poner en un papel todas las series que tengo pendientes desde hace más de un año, saldría algo preocupante.

Una serie de ciencia ficción que todo el mundo considera una obra maestra. Llegué a la temporada 3. La tengo pausada en el segundo episodio. El progreso de ese episodio dice "38 minutos". Lleva en 38 minutos desde septiembre del año pasado.

Una serie de crimen que empecé porque alguien me la recomendó en una conversación. Me la tragué entera en cuatro días. Luego salió la segunda temporada y la empecé el día del estreno. Llegué al tercer episodio. No la he tocado desde entonces.

Un anime que todo el mundo dice que hay que ver. Dieciséis episodios vistos de un tirón en una tarde. Los dieciséis siguientes llevan esperando seis meses.

No es que no las quiera ver. De hecho, si me preguntas ahora mismo, te diría que tengo ganas de retomar todas. El problema es que esa sensación de "tengo ganas" no se convierte en acción porque entre tener ganas y sentarme a verlas está la meseta. Y la meseta ya no tiene el brillo del inicio.

Ver series con TDAH tiene sus propios trucos absurdos

Hay cosas que hago para poder seguir una serie que no le explicaría a nadie porque sonarían raras.

Subtítulos siempre. Aunque la serie sea en español. Igual que pasa al perder el hilo de una película, leer me ancla a la pantalla. Si tengo que leer, tengo que prestar atención. Sin subtítulos, mi cerebro se va a pasear y cuando vuelve no sé ni en qué país está la acción.

Rebobinar la misma escena tres veces. No porque no la haya entendido a la primera. Sino porque la primera vez estaba pensando en otra cosa, la segunda también, y a la tercera por fin he estado presente.

Series cortas por encima de todo. Ocho episodios son más manejables que cinco temporadas. Si hay final en el episodio ocho, hay posibilidades reales de que llegue. Si hay cuarenta y dos episodios de una hora, estadísticamente estoy muerto.

Y a veces, ver series en la pantalla mientras hago algo con las manos. Doblar ropa, comer, ordenar algo. El cerebro necesita dos estímulos para no buscar un tercero por su cuenta. Solo con la serie en la pantalla, alguna parte de mi cabeza siempre se va a otro sitio. Con algo físico que hacer, se queda.

No es lo ideal. Pero es lo que funciona.

No eres superficial. Es tu cerebro buscando dopamina.

Lo más fácil es pensar que eres así de inconstante. Que no tienes profundidad. Que si de verdad te gustara algo, lo terminarías.

Pero no es verdad.

Tus gustos son tan intensos que cuando algo te engancha, te lo tragas entero sin respirar. El problema no es la intensidad. Es que la intensidad depende de la novedad. Y la novedad tiene fecha de caducidad.

No es superficialidad. Es neurología.

Tu cerebro libera dopamina cuando encuentra algo nuevo, emocionante, con potencial de recompensa. Ese proceso no lo controlas tú. Ocurre solo. Y cuando la novedad desaparece, la dopamina baja, y tu cerebro empieza a buscar el próximo estímulo. Sin consultarte. Sin pedirte permiso.

Así que el cementerio de series no es evidencia de que eres frívolo o vago. Es evidencia de que tienes un cerebro que funciona con dopamina de novedad, que se enciende con todo lo que es nuevo y se apaga cuando deja de serlo.

Lo que sí puedes hacer es entenderlo. Saber que cuando empiezas la quinta serie en un mes, no es que tengas un problema de personalidad. Es un patrón. Y conocer el patrón es el primer paso para dejar de machacarte por él.

Si llevas años con la lista de series llena y ninguna terminada, puede que haya algo más que falta de voluntad. Hice un test de TDAH con 43 preguntas basadas en escalas clínicas. 10 minutos para entender cómo funciona tu atención de verdad.

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