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Ser DJ o músico con TDAH: hiperfoco en el escenario, caos fuera de él

En el escenario eres un dios del ritmo. Fuera de él no encuentras las llaves. Así funciona el cerebro de un músico con TDAH.

tdah

En el escenario eres un dios. El ritmo, las luces, la energía. Todo encaja. Luego bajas y no encuentras las llaves del coche.

Llevo años escuchando variaciones de esto. Un chaval que pincha techno los sábados y no es capaz de contestar un email un martes. Una guitarrista que improvisa solos de diez minutos sin partitura pero necesita tres alarmas para llegar al ensayo. Un batería que entra en un estado de flujo brutal durante el directo y luego se pasa cuatro días en el sofá sin poder abrir la funda del instrumento.

Desde fuera parece contradictorio. Si puedes concentrarte tres horas en un set sin pestañear, ¿cómo es posible que no puedas hacer una factura de veinte minutos?

Y ahí está la trampa. Porque eso no es concentración normal. Eso es hiperfoco. Y el hiperfoco no elige.

¿Por qué la música y el TDAH se llevan tan bien en el escenario?

Porque el escenario es dopamina pura en formato intravenoso.

Piénsalo. Tienes estímulo constante: el sonido, las luces, la reacción del público, la adrenalina de que algo puede salir mal en cualquier momento. Tu cerebro, que se aburre comprando en el supermercado, está en el escenario recibiendo exactamente lo que necesita. Novedad. Intensidad. Feedback inmediato.

Es el combo perfecto para un cerebro con TDAH.

No tienes que forzar la concentración. La concentración te llega sola. Porque no es disciplina. Es dopamina haciendo su trabajo por una vez sin que tengas que suplicarle.

Y la música en sí tiene algo especial. Es sensorial, es emocional, es física. No estás sentado en una silla rellenando celdas de un Excel. Estás sintiendo. Cada nota, cada transición, cada momento en que el bajo pega y el público lo nota. Eso activa zonas de tu cerebro que la vida cotidiana ni roza.

Por eso un DJ con TDAH puede hacer un set de cuatro horas sin pestañear y luego olvidarse de comer durante todo el día siguiente.

No es que seas vago fuera del escenario. Es que fuera del escenario el mundo no te da lo que tu cerebro necesita para funcionar. Tu cerebro va buscando novedad constantemente, y el escenario se la da en cantidades industriales. La oficina de casa, no tanto.

¿Y qué pasa cuando bajas?

Pasa lo que pasa siempre con el hiperfoco. El bajón.

Después de horas con el cerebro a tope, el contraste con la vida normal es brutal. Todo parece aburrido. Todo parece lento. Tu cerebro acaba de experimentar un subidón de estimulación y ahora le pides que se siente a organizar facturas, contestar WhatsApps y buscar un vuelo barato para el próximo bolo.

Y no puede.

No es que no quiera. Es que el contraste de dopamina es tan grande que tu cerebro se queda en modo ahorro de energía. Como un teléfono que se pone en modo avión porque le queda un 3% de batería.

Conozco músicos que después de un concierto se pasan dos días sin poder hacer nada productivo. Literalmente nada. Y se machacan por ello, porque piensan "si ayer pude hacer eso durante tres horas, ¿por qué hoy no puedo hacer una llamada de cinco minutos?".

Porque no funciona así. Tu cerebro no tiene un interruptor de encendido y apagado. Tiene un sistema de recompensa que funciona a ráfagas, y tú no controlas cuándo dispara y cuándo no.

¿Por qué nadie habla de esto en el mundo de la música?

Porque el estereotipo del músico caótico se normaliza.

"Es artista, es normal que sea un desastre." "Los creativos son así." "Es parte del pack."

Y esa narrativa es cómoda. Porque te evita hacerte la pregunta incómoda: ¿y si no es que seas caótico por ser artista, sino que la música te funcionó porque tu cerebro necesitaba exactamente eso?

Muchos músicos y DJs con TDAH no saben que lo tienen. Han encontrado en la música el único sitio donde su cerebro funciona bien, y asumen que el resto de su vida es así porque "son creativos" o "no sirven para lo normal".

Y no. No es eso.

Es un cerebro que necesita cierto nivel de estimulación para funcionar. Y la música se lo da. Y hacer la declaración de la renta, no.

Es lo mismo que pasa en hostelería, por cierto. Muchos camareros con TDAH funcionan increíblemente bien en el caos de un servicio de viernes noche. Misma lógica: estímulo constante, urgencia real, feedback inmediato. Y luego llegan a casa y no pueden ni poner la lavadora.

¿Qué puedes hacer con esto?

No te voy a dar una lista de "5 trucos para músicos con TDAH" porque eso no existe. Pero sí hay cosas que ayudan cuando entiendes cómo funciona tu cerebro.

Primero: deja de culparte por el bajón post-escenario. No eres vago. Estás en déficit de dopamina después de un subidón. Es fisiología, no pereza.

Segundo: no intentes ser productivo justo después de un bolo o un ensayo intenso. Tu cerebro necesita bajar. Planifica los días de después como días ligeros, no como días de ponerte al día con todo el admin que llevas arrastrando.

Tercero: usa la música como herramienta, no solo como trabajo. Si necesitas hacer tareas aburridas, hazlas con música. No como fondo. Como estímulo activo. Ponerte unos cascos con algo que te active puede ser la diferencia entre hacer la factura en veinte minutos y pasarte tres horas mirando el techo.

Y cuarto: entiende que no eres dos personas distintas. No eres "el profesional increíble en el escenario" y "el desastre fuera". Eres la misma persona con un cerebro que responde de forma diferente a distintos niveles de estimulación. Cuando lo entiendes, dejas de pelearte contigo mismo.

Esto no va de etiquetas

No te estoy diciendo que si eres DJ y pierdes las llaves tienes TDAH. No funciona así.

Lo que digo es que si llevas toda la vida funcionando a dos velocidades, si en el escenario eres una máquina y fuera de él sientes que todo se te cae encima, quizá merezca la pena preguntarte por qué. No para ponerte una etiqueta. Para entender cómo funciona tu cabeza y dejar de pensar que estás roto.

Porque no estás roto. Tienes un cerebro que funciona distinto. Y la música no es tu escapatoria. Es la prueba de que, cuando el contexto es el adecuado, puedes hacer cosas que la mayoría no puede.

Solo falta encontrar cómo crear ese contexto fuera del escenario también.

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