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La decepción crónica contigo mismo cuando tienes TDAH

Sabes lo que puedes hacer. Sabes lo que deberías hacer. Y cada día confirmas que no lo has hecho. El goteo que destruye la autoestima.

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Sabes lo que puedes hacer. Sabes lo que deberías hacer. Y cada día confirmas que no lo has hecho.

No es un fracaso gordo. No es suspender un examen ni perder un trabajo. Es algo peor. Es el goteo. La gota constante de "otra vez no lo he hecho". Otra vez he dejado el gimnasio para mañana. Otra vez he abierto el portátil con un plan clarísimo y he acabado viendo vídeos de gente restaurando muebles viejos. Otra vez me he acostado pensando "mañana sí".

Mañana nunca llega.

Y lo que queda es una sensación que no sabes ni nombrar. No es tristeza exactamente. No es enfado. Es decepción. Contigo. Una decepción tan constante que ya ni la notas. Es como el ruido de fondo de un frigorífico: siempre está ahí, pero llevas tanto tiempo oyéndolo que crees que es silencio.

¿Por qué siempre estoy decepcionado conmigo mismo con TDAH?

Porque tu cerebro te enseña lo que es posible y luego te lo quita.

Eso es lo cruel del TDAH. No es que no puedas. Es que puedes, pero solo a veces. El martes a las once de la noche escribiste tres páginas en cuarenta minutos y te sentiste invencible. El miércoles por la mañana, con café, con tiempo, con todo a favor, no pudiste escribir ni el asunto de un email.

Y tú lo viste. Viste al tío del martes. Sabes que existe. Sabes que eres tú. Pero el miércoles te dice que quizá no. Quizá el martes fue suerte. Quizá el miércoles eres tú de verdad.

Ese ir y venir destroza la autoestima de una forma muy específica. No es que pienses "no valgo". Es que piensas "podría valer, pero no me da la gana". Y eso es peor. Porque te responsabilizas de algo que no controlas.

Es como tener un coche que a veces arranca y a veces no. Si nunca arrancara, lo llevarías al mecánico. Pero como a veces funciona perfecto, piensas que el problema eres tú. Que no le das bien a la llave. Que no tienes paciencia.

No. El motor es así. Y no es culpa tuya.

El archivo mental de promesas rotas

Cada "mañana lo hago" que no cumples se queda guardado. Tu cerebro no olvida. No perdona. Lleva un Excel invisible de todas las veces que prometiste algo y no lo hiciste.

Iba a llamar al dentista. No lo hice. Iba a contestar ese mensaje. No lo hice. Iba a empezar la dieta, el proyecto, la rutina, el libro, el idioma. No lo hice.

Y cada línea nueva de ese Excel no llega sola. Llega con un "ya lo sabía" que pesa más que la propia tarea. Porque a estas alturas no te decepciona no haber ido al gimnasio. Te decepciona que ya sabías que no ibas a ir y aun así te lo prometiste.

Eso genera algo que los psicólogos llaman indefensión aprendida. Pero que en lenguaje normal es: dejar de intentarlo porque total da igual.

¿Para qué voy a planificar si luego no cumplo? ¿Para qué voy a ilusionarme con un proyecto si lo voy a dejar a la mitad? ¿Para qué voy a hacer promesas si mi historial dice que no las cumplo?

Y así el TDAH no solo te quita productividad. Te quita las ganas de intentar cosas. Te convence de que eres alguien que falla. No alguien que tiene un cerebro diferente. Alguien que falla. Punto.

La comparación con tu versión imaginaria

Hay otro mecanismo que te destroza sin que te des cuenta: la comparación.

No con los demás. Eso ya duele, pero al menos puedes decirte "cada uno tiene su ritmo" y tirarte el rollo de la autocompasión un rato. Lo que de verdad te rompe es compararte con la versión de ti que podrías ser.

La versión que se levanta a las siete. Que cumple lo que dice. Que no pierde las llaves. Que no necesita tres alarmas para una cita. Esa versión vive en tu cabeza y te mira desde arriba con cara de "¿en serio, tío?".

Y la distancia entre tú y esa versión es donde vive la decepción.

El duelo por la vida que podrías haber tenido

¿Cómo dejas de decepcionarte contigo mismo?

No te voy a vender humo. No hay un truco que elimine esto de un día para otro. Pero hay una idea que a mí me cambió la perspectiva:

Deja de juzgarte por lo que prometes y empieza a juzgarte por lo que haces con el cerebro que tienes.

Suena sencillo y es dificilísimo. Porque llevas años operando con las reglas de un cerebro neurotípico que no tienes. Planificas como si tu cerebro fuera lineal. Te exiges como si tu energía fuera constante. Y luego te castigas cuando el resultado no cuadra.

Es como enfadarte con un pez por no subir árboles. El pez no sube árboles. Nada. Y probablemente nada bastante bien si dejas de pedirle que escale.

Lo que funciona no es más disciplina. No es más fuerza de voluntad. No es pegarte más duro. Es entender cómo funciona tu cerebro y diseñar tu vida alrededor de eso. La desregulación emocional del TDAH no se arregla con más esfuerzo. Se arregla con más conocimiento.

Menos "debería" y más "¿qué puedo hacer con lo que tengo hoy?".

Algunos días tendrás mucho. Otros días tendrás poco. Y los dos están bien. Lo que no está bien es machacarte el día que tienes poco porque ayer tuviste mucho.

No eres una persona que decepciona

Eres una persona con un cerebro que no funciona con regularidad. Que enciende y apaga sin previo aviso. Que un día te da superpoderes y al siguiente te esconde las llaves (literal y metafóricamente).

La decepción que sientes no viene de que seas poco. Viene de que esperas ser alguien que tu cerebro no te permite ser todos los días. Y esa expectativa la pusiste tú. O te la pusieron. Pero no la necesitas.

Lo que necesitas es ajustar el termostato. Bajarte de esa versión idealizada y empezar a trabajar con la versión real. La que a veces puede y a veces no. La que necesita sistemas, no motivación. La que funciona mejor con estructura externa que con promesas internas.

Esa versión no es peor. Es la que hay. Y tiene mucho más potencial del que le das crédito.

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