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¿Tenía Isaac Newton TDAH? El genio que olvidaba comer

Newton olvidaba comer, no dormía y se aislaba durante semanas cuando algo le obsesionaba. El cerebro que descubrió la gravedad tiene un patrón sospechoso.

tdahfamosos

Isaac Newton murió virgen.

No porque no tuviera oportunidades. Sino porque desde los veinte años prefería quedarse encerrado en su habitación con un problema de matemáticas antes que salir y hablar con alguien.

Hay algo en ese dato que me resulta enormemente familiar. No la parte de las matemáticas, que se me dan regular. Sino la parte de desaparecer del mundo cuando algo te engancha de verdad.

Newton descubrió la ley de la gravedad, inventó el cálculo diferencial e integral, formuló las leyes del movimiento, y de paso desarrolló la teoría de la luz y el color. Todo eso antes de los 26 años. Y casi sin salir de casa.

Cuando lees los testimonios de la gente que lo conocía, hay frases que se repiten. Que olvidaba comer. Que se quedaba de pie durante horas mirando al vacío. Que invitaba a alguien a cenar, se le olvidaba que lo había invitado, y cuando aparecía el invitado lo encontraba metido en sus papeles sin haber preparado nada. Que se iba a dormir a las tres de la mañana y aparecía a las seis con más energía que nadie.

Un patrón que hoy llamaríamos sospechoso.

¿Qué rasgos de Newton apuntan al TDAH?

El más llamativo, sin duda, es el hiperfoco.

Newton era capaz de pasarse semanas enteras trabajando en un solo problema. Sin parar. Sin comer bien. Sin dormir las horas que debería. Cuando estaba dentro de un problema, el mundo exterior dejaba de existir. Sus contemporáneos lo describían como si entrara en trance: podía estar en mitad de un paseo y quedarse quieto de golpe, porque se le había ocurrido algo, y entonces volvía corriendo a su estudio sin haber dicho ni una palabra.

Eso no es disciplina. Eso es hiperfoco. Que es lo contrario de la disciplina: no eliges en qué te concentras, el cerebro elige por ti. Y cuando elige, no te suelta.

Luego está la dificultad con las tareas mundanas. Newton olvidaba comer con regularidad. Sus estudiantes de Cambridge contaban que a veces se sentaba a comer, se ponía a pensar en algo, y se levantaba sin haber tocado el plato. No por ascetismo ni por filosofía. Simplemente porque el cerebro no había registrado que el cuerpo tenía hambre.

También hay registros de que era desorganizado en todo lo que no fuera su trabajo. Tenía papeles por todas partes. Perdía objetos. Dejaba proyectos a medias cuando algo más interesante aparecía. Cuando no estaba dentro de un problema que le apasionaba, le costaba horrores funcionar en cosas básicas.

Y el temperamento. Newton tenía explosiones de furia bastante documentadas. Discutía con ferocidad sobre sus descubrimientos. Se peleó durante años con Leibniz sobre quién había inventado el cálculo, en una disputa que fue más personal que científica. Tenía una sensibilidad al rechazo y a la crítica que chocaba con la imagen del científico frío y racional que le queremos poner.

Ese combo, hiperfoco extremo, dificultad con lo mundano, desorganización selectiva y emocionalidad intensa, es uno de los patrones más reconocibles del TDAH de tipo predominantemente inatento.

Hasta aquí, el caso parece bastante sólido. Pero luego viene la parte de frenar.

¿Y qué argumenta en contra?

Primero, el contexto histórico de siempre.

Newton vivió en una época donde nadie esperaba que nadie se comportara de una manera concreta. No había oficinas. No había horarios de nueve a cinco. No había reuniones de seguimiento ni formularios que rellenar. El modelo de "genio aislado que trabaja a su ritmo" era literalmente la norma para cualquier académico del siglo XVII.

Lo que hoy llamaríamos síntomas, entonces simplemente era ser excéntrico. Y los genios tenían derecho a ser excéntricos. Nadie le diagnosticaba nada a nadie porque el concepto no existía.

Segundo, hay explicaciones alternativas que encajan igual de bien.

Newton era introvertido a niveles extremos. Eso ya explica el aislamiento social, el rechazo a las interrupciones, la preferencia por el trabajo solitario. No necesita ser TDAH para que alguien sea así.

El hiperfoco también puede explicarse como talento puro y duro. Cuando eres capaz de ver lo que nadie más ve, cuando los problemas que otros encuentran imposibles a ti te parecen fascinantes, es natural que te obsesiones. No porque tu cerebro no tenga freno, sino porque el problema es genuinamente apasionante para ti.

Y las explosiones emocionales son compatibles con muchas cosas. Con el trastorno obsesivo-compulsivo, que algunos historiadores también le han atribuido. Con rasgos del espectro autista, que otros investigadores plantean. Con simplemente ser una persona con muy poca tolerancia a la mediocridad ajena.

Hay que ser honesto aquí: los científicos con TDAH tienen patrones comunes, pero eso no significa que todo científico con rasgos atípicos tenga TDAH.

El año que cambió la historia de la ciencia

Hay un periodo específico en la vida de Newton que es especialmente relevante para esta discusión.

Entre 1665 y 1666, una epidemia de peste bubónica cerró la Universidad de Cambridge. Newton volvió a casa de su madre en Woolsthorpe, sin nada que hacer ni nadie con quien hablar.

En esos dos años, con 22 y 23 años, desarrolló las bases del cálculo, formuló la teoría de la gravedad, descubrió que la luz blanca es una composición de todos los colores, y estableció las bases de lo que serían sus leyes del movimiento.

Dos años. Solo. Sin interrupciones.

Cuando lees eso con los ojos de alguien que sabe lo que es el TDAH, la lectura cambia un poco. Porque eso no suena a un genio que aprovecha el tiempo libre. Suena a un cerebro que finalmente tenía las condiciones perfectas para funcionar como necesitaba funcionar. Sin estímulos distractores. Sin obligaciones sociales. Sin la presión de aparecer y comportarse de cierta manera.

El problema con Newton no era que no pudiera trabajar. Era que solo podía trabajar en las condiciones exactas que su cerebro necesitaba.

Eso lo conozco bien. Y no lo digo por presumir de parecerme a Newton, que no, que yo no he inventado el cálculo. Lo digo porque ese patrón de "solo funciono bien si el entorno es el correcto" es muy reconocible en el TDAH.

¿Se puede diagnosticar a alguien que murió en 1727?

No. Y eso hay que dejarlo claro.

El diagnóstico retroactivo de personajes históricos es un territorio muy resbaladizo. Primero porque no tenemos acceso directo a cómo funcionaba su cerebro. Segundo porque los criterios diagnósticos del TDAH se diseñaron para contextos contemporáneos, no para el siglo XVII. Tercero porque estamos leyendo registros escritos por personas que tampoco sabían lo que buscaban.

Lo que sí podemos decir es que Newton tenía un perfil cognitivo muy peculiar. Un cerebro que funcionaba de una manera que no encajaba con lo que se esperaba de una persona normal de su época, ni de ninguna época.

Como pasa con Einstein y sus malas notas: lo interesante no es confirmar el diagnóstico, sino identificar el patrón y entender qué dice de cómo funcionan ciertos cerebros.

Newton tenía ventajas brutales: una capacidad de concentración en el trabajo que le importaba que no tienen el 99% de los seres humanos. Pero también tenía puntos ciegos igual de brutales: una incapacidad para funcionar en el mundo cotidiano que lo hacía casi un fantasma social.

El patrón, esas ventajas y esas limitaciones conviviendo en el mismo cerebro, es uno de los sellos del TDAH. Aunque no sea suficiente para diagnosticar a nadie.

Entonces, ¿qué nos lleva Newton?

Que el cerebro más brillante de su siglo, posiblemente de los últimos cuatro siglos, era incapaz de recordar que tenía que comer.

Que alguien capaz de formular las leyes que gobiernan el universo no era capaz de organizar una cena con sus amigos.

Que el hiperfoco que le permitió pasarse semanas enteras resolviendo los misterios de la física era el mismo mecanismo que lo desconectaba de todo lo demás.

No es que Newton fuera raro. Es que su cerebro tenía un modo de funcionar muy específico, y cuando encontraba las condiciones adecuadas, hacía cosas que nadie más podía hacer.

Lo fascinante no es si Newton tenía TDAH o no. Lo fascinante es que ese cerebro tan difícil de manejar, tan incómodo de convivir con él, cambió literalmente la forma en que entendemos el mundo.

Y que probablemente lo hizo precisamente porque funcionaba así. No a pesar de ello.

La obsesión que le hacía olvidar comer era la misma que lo llevó a descubrir la gravedad.

¿Sientes que tu cabeza también va a su propio ritmo? Lo primero es entender cómo funciona.

Hacer el test de TDAH

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