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TDAH a los 20: cuando nadie se toma en serio lo que te pasa

Tienes 20 años y no puedes con la uni, las relaciones ni contigo mismo. Pero todos dicen que ya madurarás. ¿Y si no es eso?

tdah

Tienes 20 años. Se supone que estás en la mejor época de tu vida. Pero no puedes con la universidad, no puedes con las relaciones, y cuando intentas explicarlo, la respuesta siempre es la misma: "es que eres joven, ya madurarás".

Y tú asientes. Porque suena lógico. Porque a lo mejor tienen razón. Porque todos los de tu edad salen de fiesta y al día siguiente van a clase, y tú no puedes ni ducharte antes de las 12 del mediodía.

Así que te callas. Y sigues intentándolo. Y sigues fallando. Y cada vez que fallas, la voz se hace un poco más fuerte: "si todos pueden y tú no, el problema eres tú".

La universidad como campo de minas

La universidad es el primer sitio donde el TDAH se quita la máscara del todo.

En el colegio tenías estructura. Horarios fijos, padres encima, profesores que te conocían. En el instituto ibas tirando, entre copiar apuntes y estudiar la noche antes. No era bonito, pero funcionaba. Más o menos.

Pero la uni es otro planeta. De repente nadie te dice qué hacer. Nadie controla si vas a clase. Nadie se da cuenta si llevas tres semanas sin abrir un libro. Tienes que organizarte tú solo, gestionar tu tiempo tú solo, motivarte tú solo.

Y tu cerebro, que lleva 20 años funcionando con parches y compensaciones que ni sabías que tenías, de repente se queda sin red de seguridad.

Primer parcial: no te ha dado tiempo. Segundo parcial: te quedaste en blanco porque estudiaste todo la noche anterior y tu cerebro estaba frito. Trabajo en grupo: lo hiciste entero tú a las 4 de la mañana porque se te olvidó que existía hasta el día antes.

Y cuando le dices a alguien "es que no puedo concentrarme", la respuesta es "bienvenido a la uni, nos pasa a todos".

Pero no. No os pasa a todos igual.

¿Por qué a los 20 nadie se toma en serio que puedas tener TDAH?

Porque a los 20 todo se explica con otra cosa.

No te concentras. "Es que sales mucho." No duermes. "Es la edad." Pierdes cosas. "Eres un desastre, pero ya espabilarás." Abandonas una carrera. "No era la tuya, prueba con otra."

Hay una explicación cómoda para cada síntoma. Y la sociedad prefiere esas explicaciones porque son temporales. Implican que se va a pasar. Que es una fase. Que con el tiempo te convertirás en un adulto funcional que paga sus facturas a tiempo y recuerda las citas del dentista.

El problema es que no se pasa.

Porque no es una fase. Es tu cerebro. Y tu cerebro no cambia de firmware cuando cumples 25.

Si tienes TDAH a los 20, lo vas a tener a los 30. Y a los 40. La diferencia es que a los 30 ya llevas una década de fracasos acumulados sin explicación, y eso tiene un precio que se paga con ansiedad, con autoestima destrozada y con esa sensación permanente de que eres un vago cuando en realidad no lo eres.

La trampa de "eres joven, ya madurarás"

Esta frase es una trampa perfecta porque suena razonable.

Claro que a los 20 estás madurando. Claro que a los 20 cometes errores. Claro que a los 20 no tienes la vida resuelta. Todo eso es verdad.

Pero hay una diferencia entre los errores normales de tener 20 años y un patrón que se repite en todas las áreas de tu vida sin que puedas pararlo.

Una cosa es que se te olvide una cita. Otra cosa es que se te olvide todo. Siempre. Desde que tienes memoria. Que pierdas las llaves, el móvil, los apuntes, la noción del tiempo, la conversación a mitad de frase.

Una cosa es procrastinar un examen. Otra cosa es ser físicamente incapaz de sentarte a estudiar aunque te vaya la vida en ello, aunque te dé ataques de ansiedad, aunque te odies por no poder hacerlo.

Eso no es ser joven. Eso es un cerebro que busca novedad porque lo conocido no le da suficiente combustible para funcionar.

Lo que nadie te dice a los 20

Que puedes pedir ayuda. Que existe una explicación. Que no eres vago, ni tonto, ni inmaduro.

Que hay una razón por la que puedes pasarte 6 horas seguidas haciendo algo que te interesa y no puedes dedicar 20 minutos a algo que no. Y esa razón no es falta de voluntad. Es neurología.

Que si vas a un profesional que sabe de TDAH en adultos (no cualquier profesional, uno que sepa de esto), puede que te digan algo que cambie completamente cómo te entiendes a ti mismo.

No digo que sea fácil. A los 20 ir al psiquiatra suena a "estoy loco". Tus amigos no van al psiquiatra. Tus padres probablemente piensan que con echarle ganas se arregla. Y tú mismo dudas, porque a lo mejor sí que es solo que tienes que esforzarte más.

Pero llevas 20 años esforzándote más. Y no funciona.

A lo mejor no necesitas más esfuerzo. A lo mejor necesitas entender por qué tu esfuerzo no se traduce en resultados.

Esto no es un diagnóstico

Ni pretende serlo. Un post de blog no puede decirte lo que tienes. Pero puede hacer algo igual de importante: darte permiso para tomarte en serio lo que sientes.

Porque si estás leyendo esto a los 20, o a los 22, o a los 19, y te sientes identificado con todo lo que acabo de escribir, eso ya es información. No es un diagnóstico, pero es una pista. Y las pistas se siguen.

No esperes a los 30 para descubrirlo. No esperes a acumular una década de "ya maduraré" que nunca llega. No esperes a que el daño sea más difícil de reparar.

Tu cerebro no es defectuoso. Pero funciona diferente. Y cuanto antes lo sepas, antes dejas de pelearte contigo mismo por una guerra que no puedes ganar con fuerza de voluntad.

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